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miércoles, agosto 13, 2014

Top of the Lake de Jane Campion

Tengo sentimientos encontrados hacia esta serie de seis (o siete, según la versión que se vea, aunque mismo metraje al fin y al cabo) capítulos dirigida por Jane Campion, protagonizada por Elisabeth Moss y grabada en un paraje impresionante de Nueva Zelanda.

Por un lado se puede merecer una Miñññ-Crítica.

Y por otro lado creo que la puedo valorar algo mejor. Voy a ello.

La primera, y por ahora única, temporada de esta serie tiene lugar en pueblo de Nueva Zelanda llamado Laketop. A él vuelve la inspectora Robin Griffin (Elisabeth Moss) para visitar a su moribunda madre, cuando se produce la desaparición de una niña de 12 años llamada Tui, que además está embarazada. Se desconoce la identidad del padre. Como Robin parece tener experiencia en casos con niños acaba implicada en la resolución del mismo a pesar de la firme oposición a sus métodos por parte de los policías locales. El resto del protagonistas son el jefe de la policía Al (único que apoya a Robin dentro de la policía), Matt Mitcham, padre de la niña desaparecida y primer fabricante y distribuidor de droga de la región, Johnno (otro hijo de Matt, pero de distinta madre), novio de la infancia de Robin y GJ, líder espiritual feminista de un grupo de mujeres que se instalan en las cercanías de Laketop para seguir una especie de terapia. A medida que avanza la serie iremos descubriendo los currículos personales de cada uno de los protagonistas mientras ellos buscan a la desaparecida Tui.

Top of the Lake de Jane Campion, la Miñññ crítica

‘Top of the Lake’ (supongo que entre otras cosas) intenta abordar el tema de la violencia, explorando la vida oculta de un pueblo de Nueva Zelanda al que una inspectora de la policía vuelve para investigar la desaparición de una niña embarazada tras haber pasado su infancia allí. Quizá el tema no es extraordinariamente nuevo pero desde luego hay hueco para interpretaciones y análisis. Por tanto, nada en contra del tema de la serie.

Ahora, esto ya es personal. Jane, Robin, Robin, Jane. Vamos a ver. Para empezar quién coño trabaja en la policía hablando con niños? Bueno, la peli acaba de empezar así que esa te la paso. Pero venga, ahora analicemos fríamente qué nos queréis contar en ‘Top of the Lake’, y como lo contáis. Robin, eres una tía melancólica, sensible y con un pasado oculto. Vale. Ya está claro. Ya lo he pillado. Que cómo me he dado cuenta? Porque soy un tipo perspicaz.


 

Perdonad, me han venido muchas imágenes a la cabeza, voy a lavarme los ojos con ácido sulfúrico.

martes, julio 12, 2011

V

Suena la cabecera y uno ya intuye dónde se mete… en los ochenta. Pero mejor aún: ¡en los ochenta con naves espaciales! Ese uuuuhhhh… de las naves de los visitantes marcó un antes y un después en los sonidos de los medios de transporte.



La premisa es conocida, y resulta prácticamente imposible reventar el argumento: Por fin unos extraterrestres llegan a la tierra en unos inmensos ovnis en son de paz, o al menos eso dicen estos seres antropomorfos, semejantes a nosotros, y que simplemente parecen humanos del mañana. Pero la realidad es mucho más dura, y la metáfora muy simple: bajo la piel, los visitantes esconden su verdadera apariencia. Son lagartos que comen cobayas, hámsters y lo que se tercie.

Unos pocos humanos descubren sus verdaderas intenciones, puesto que no vienen en son de paz, no. Vienen porque en su planeta no hay comida: vienen a comernos a nosotros. Esos pocos humanos (en su mayoría científicos), lo tienen difícil, ya que la inmensa mayoría de la población humana los recibe con los brazos abiertos. Lo que yo os decía: la masa es idiota. Así, estos pocos rebeldes forman la resistencia ante la invasión de estos seres que no cuentan toda la verdad… y ya tenemos argumento para una serie. Hasta aquí todo va bien.

Luego los visitantes deciden atacar a los incómodos rebeldes a base de enfrentarlos al resto de los humanos a grito de “¡son científicos! ¡Son malvados! ¡Quieren sus inventos sólo para ellos!” y la gente se lo cree. A partir de este punto en tu vida, da igual que seas biólogo, paleontólogo o MIR, como lleves bata blanca la has cagao, eres científico y vamos a por ti. Resultado: todos los rebeldes se van a la clandestinidad, y los científicos roban microscopios. Y todavía estoy entretenido.

Primero se editó una miniserie de dos capítulos y luego otra de tres llamada “La Batalla Final”, y aquí están los mejores momentos de la serie. Los rebeldes practican una guerra de guerrillas frente a los visitantes y a los humanos que se alían con ellos, mientras la estética pseudo-nazi de los lagartos lo invade todo: tienen uniformes guays, y eso siempre está bien. El bien lucha contra el mal por el bien de todos y a pesar de todos: la historia no es nueva y tampoco hace falta; la serie se ve bien a pesar de Donovan, el héroe con los pantalones más apretados de la escena del cine y que te deja inconsciente con una mera colleja, y Julie, la guapa heroína, que tiene una cara de monja arrebatadora. Ni cuando la besan parece motivada la chica.



Muy lejos, al otro extremo del libidómetro, está Diana (“Dayana”). Una de las malas más míticas de la tele cargada de laca hasta los dientes, esta mujer-lagarto, medio mantis, se pasa por la piedra a medio ejército visitante. Eso sí, todo el que yace con la jefa, acaba muriendo; mal negocio. Ella sola le pone gracia a la serie, pasando de ser científica, a militar, hasta que acaba por hacerse con todo el cotarro. Bien por ella. Además, nunca la matan y sus planes tienden a fracasar justo cuando está a punto de conseguirlo. Hasta me conmueve.

A la laca y a los paquetes hay que sumarle otro problema: la falta de ideas. Los guiones empiezan a languidecer, hasta el punto de que un intrigante cruce entre una humana y un visitante se convierte en “la niña de las estrellas”, una niña con poderes mágicos, que a las dos horas de aparecer ya es adulta; requisitos del guión y ventajas de ser medio-algo. Total, que entre las idas y venidas de los buenos, se equivocan y Dayana les secuestra a la niña. Esta, se pasa un capítulo entero diciendo “pritinama” o “pretinama” y cuando nos enteramos de lo que significa ya es demasiado tarde; la niña está diciemdo “paz”. Y esto empieza a oler mal.

Acaba la segunda miniserie con todos los visitantes muertos gracias a unas esporas que hemos descubierto que les matan, “el polvo rojo”, y para entonces los malos ya se han revelado como lo malos que son y no nos importa echarlos del planeta. Dayana, como no, sobrevive.



Ahora, cuando esto está terminando, coge la mala una nave chiquitita, vuela hasta la cara oculta de la luna, y allí ocho naves todo grandes nos esperan, dando lugar a una nueva temporada de 19 capítulos de cuarenta minutos, cada cual más soso. Ya sabemos qué son los visitantes, así que ejercen una represión sin ton ni son. La resistencia, por su parte, desbarata a plan por capítulo los planes de los extraterrestres con una facilidad pasmosa. Donovan reparte puñetazos mientras Dayana reparte miradas de rencor a propios y extraños, ¿el momento estelar? Cuando un actor cuyo personaje había muerto quince capítulos atrás, reaparece al grito de “soy Philip, el hermano gemelo de Martin, y he venido a vengar su muerte”. Fantástico, tiene un cierto aire shakespeariano.

Créditos finales, sabor agridulce y la sensación de que las miniseries bastaban para pasar un buen rato y quedarse grabadas en el imaginario popular, y sin embargo no puedo dejar de pensar en otra versión más nuestra

sábado, mayo 21, 2011

Aquellos hombres locos

Acabo de terminar de ver las cuatro temporadas grabadas hasta ahora de Mad Men, la serie creada por Matthew Weiner (guionista de Los Soprano) para la AMC. Dentro del boom de series de televisión de los últimos diez años, se la considera como una de esas series “serias” –es decir, un drama-, al lado de los mencionados Soprano o The Wire, y lejos de otras series de suspense como Perdidos, Fringe o Prison Break, o cómicas como Big Bang Theory, Cómo conocí a vuestra madre o Weeds. A trece capítulos por temporada, esto hace cerca de 40 horas de Mad Men, y puedo decir que no le sobra ni una.

El argumento, de primeras, no resulta especialmente atractivo: La serie transcurre en una agencia de publicidad de Madison Avenue en los años sesenta, época convulsa en los EEUU, con los abuelos contando batallas de La II Guerra Mundial, la Guerra Fría en directo en los televisores y los niños preparándose –aún sin saberlo- para ir a Vietnam. Esta época también vio el nacimiento de la sociedad de consumo, y qué mejor balcón para asomarse a estos años que una agencia de publicidad que gestiona míticas campañas de marketing. Algunas de las campañas son reales y otras se inspiran en ellas (aunque la agencia no lo es), pero curiosamente todas las empresas que acuden a la agencia de Sterling Cooper son empresas actuales… buen marketing para empezar, ¿no?



Hablando de anuncios, la propia serie es un gran anuncio de sí misma (y aquí empiezan los atractivos). Muebles bar en cada escena, locales oscuros con atmósferas de humo, barrios residenciales donde siempre hace sol y la ropa siempre está bien planchada. Una época dorada, el sueño americano en cada casa y la cocacola fría en la nevera. Todos los personajes fuman, ellos y ellas, todos son guapos y lo que es más difícil: elegantes. Todos queremos estar en Mad Men, y ese es uno de los ganchos de cualquier serie que se precie (quién no quería estar en el Oceanic 815 –y sobrevivir, claro está-, y quién no querría tener a Mónica y a Rachel como vecinas…). La serie hace buena la frase de “cualquier tiempo pasado fue mejor”. Si añoramos la época dorada del cine, ¿por qué no volver a ella? Bogart, Bacall, Hayworth, Stewart… los galanes del cine y las mujeres fatales nunca han estado de más, pero eso sí, los diálogos han de estar actualizados. Son diálogos de los 60 pero escritos en el s.XXI, y aquí tenemos otro punto a favor. Los diálogos son un lujo. Todos los frases tienen frases lapidarias, pensamientos arrolladores, pero manteniendo cada uno su propia voz. “Mad Men quotes” devuelve 4 millones de entradas en Google. Esta gente no escribe guiones de televisión, escriben literatura.

The reason you haven't felt it is because it doesn't exist. What you call love was invented by guys like me to sell nylons. You're born alone and you die alone and this world just drops a bunch of rules on top of you to make you forget those facts. But I never forget. I'm living like there's no tomorrow, because there isn't one.

La historia evoluciona sin prisa, y por ahora las ideas no se les han agotado. En ese sentido funciona como Cuéntame, cuya narración va cambiando porque los tiempos van cambiando (de telón de fondo tenemos a los Kennedy, Marylin, Vietnam, los hippies, Warhol…) Al principio de la serie, sólo somos capaces de ver gente que fuma y bebe todo el tiempo pero según se avanza, como si nos detuviéramos largo tiempo a mirar un bodegón, se adivinan las marcas del tiempo: El sueño americano está lleno de borrachos, úlceras, infartos y cáncer. También los tipos duros con traje y corbata se morían, y no sólo por disparos de mafiosos. Y también las rubias americana, felices en sus barrios residenciales, tenían que ir al psiquiatra porque la vida se les caía encima y no sabían que hacer con ella y tanto tequila las estaba mareando. Así que durante la primera temporada lo tenían fácil para hacer capítulos: bastaba con tirar de imaginario común. Hay un par de escenas de la primera temporada que casi la resumen: En la primera, una madre prepara los espaguetis de sus hijos. Mientras mueve la pasta para que la salsa de tomate se mezcle bien, usando cubiertos con las dos manos, sujeta el cigarrillo con la boca. Cae la ceniza y no hay mano que evite que caiga en la comida.

En la segunda, una familia está pasando una agradable tarde en un parque. Brilla el sol, cantan los pájaros, y ellos descansan su almuerzo, echados sobre un enorme mantel, mientras comentan lo bien que están, lo mucho que les sonríe la vida, y lo relajante que resulta pasar un día rodeados de naturaleza. Deciden irse, y los niños y el padre llevan las cosas al coche, la madre se queda atrás, mete toda la comida que ha sobrado en la cesta de mimbre y antes de irse sacude bien el mantel, dejando todos los restos de comida y envases vacíos en medio del parque. El coche pone rumbo casa y la cámara enfoca la puesta de sol.


Aunque hay una serie de personajes que permanecen durante las cuatro temporadas, y llegamos a conocer retazos de la vida de varios de ellos, la serie no es coral. El personaje principal es Don Draper y los demás son secundarios; la serie gira alrededor suyo, de su vida profesional y también de su vida personal. Es su historia aunque a veces para contárnosla se detenga en otras ajenas, que completan el relato. Basada ligeramente en un personaje real llamado Draper Daniels. Él llegó a ser el director creativo de la agencia de Leo Burnett, responsable entre otras campañas, de la mítica del Hombre Marlboro, pero esto es sólo un inútil apunte para iniciados. Don Draper ha conseguido convertirse en el nuevo ícono de la masculinidad, lo cual le da mucha publicidad a la serie, pero a la vez es un personaje muy complejo que da para varias temporadas, sin por ello dejar de ser coherente. Además a Don lo rodean toda clase de mujeres, Betty su exmujer, Peggy su protegida, sus diversas amantes o Joan, la explosiva jefa de secretarias, todo para ofrecernos un completo catálogo del sexo débil. La serie al final, como cualquier obra que se precie, nos habla de nosotros.

Don Draper (about teenagers): The truth is, they’re mourning for their childhood more than they’re anticipating their future, because they don’t know it yet, but they don’t want to die.

Pero sobre todo, la diferencia entre Mad Men y otras series como por ejemplo Perdidos, es que mientras la segunda vivía de la promesa de contar una buena historia en el siguiente capítulo, de esa promesa de la acción que está por llegar será la buena, Mad Men directamente la cuenta. No tiene prisa en narrar los acontecimiento pero tampoco se detiene en escenas banales (y si lo son, están llenas de detalles que hacen que merezcan la pena), no le concede importancia al final de cada episodio, en el sentido de que el punto álgido del argumento no llega al final y precisamente por eso tiene los mejores finales que he visto. La única música de fondo se escucha al cerrar cada uno, y acostumbran a ser canciones de la época que sirven de rúbrica emocional. Los guiones son sólidos, y aunque completos, no llegan a abrumar con excesivos personajes o demasiados acontecimientos, y así como en Perdidos siempre tenías ganas de ver el siguiente para ver si ocurría lo prometido o insinuado, con Mad Men uno quiere ver el siguiente capítulo simplemente para comprobar si es tan bueno como el anterior. Cuando hayáis visto un par de ellos, veréis a qué me refiero.

jueves, septiembre 23, 2010

Friends 2.0

- ¿Te acuerdas de lo bien que lo pasábamos hace unos años? Antes de tener casarnos y tener hijos y separarnos cada uno en su dirección. Me acuerdo a menudo de aquella época. Recuerdo a los amigos, las amigas, esos ligues ocasionales, las chicas que nos plantaron, las que no nos podíamos quitar de encima y no nos gustaban, esas anécdotas legendarias que forjan nuestra amistad y que basta con rememorarlas, aunque hayan pasado años, para volver a sentirnos como entonces, cuando éramos jóvenes y habíamos terminado los estudios y empezábamos a trabajar, en trabajos de verdad, y se nos abrían las puertas al mundo de los adultos y estábamos excitados aunque también temerosos. Éramos inmortales. Menos mal que siempre nos teníamos los unos a los otros, y nos veíamos (todos los días) en aquel mítico bar –por cierto, ¿qué habrá sido de aquel mítico bar?- y tomábamos cervezas o cafés o lo que fuera hasta que se hiciera tarde, y entonces nos íbamos a casa de uno (casi siempre la misma) para cenar unas pizzas o llamar a un chino y seguir con lo nuestro, que era hablar de la vida y contarnos nuestras experiencias y compartirlas y confrontarlas y vivir más experiencias juntos y divertirnos. Y luego estaba ella. Sobre todo estaba ella. Desde el primer día que la conocí y durante todos aquellos años mi vida orbitó a su alrededor. Ella hizo que mi historia mereciera la pena.
- ¡Qué tiempos aquellos! Oye, ¿sabes una cosa? Deberíamos contar nuestra historia, que todo el mundo la sepa. Deberíamos hacer una serie de televisión y forrarnos. La gente se troncharía con nuestras anécdotas.
- ¡Qué buena idea! Oye, ya tengo un nombre para la serie: Friends.
- Mmm… no está mal, ¿pero qué te parece esta otra? Como conocí a vuestra madre.

Y así se escribe esta historia.



Más o menos esa debió de ser la conversación que tuvieron los dos guionistas de la serie antes de empezar a poner por escrito capítulos y capítulos basados tanto en sus propias experiencias como en la serie predecesora: Friends. Muchas similitudes hay entre ambas, siendo la principal (al menos en la primera y segunda temporadas que están echando ahora en Neox, ya que en EEUU van ya por la sexta) la relación amorosa Ted - Robin, análoga a la Ross – Rachel de toda la vida. Que si él se enamora de ella a primera vista (y en el primer capítulo), que si ella no le corresponde al principio y se trae novios y él se pone de los nervios, hasta que llega un momento en que lo supera y se liga a otra, y entonces ella se da cuenta de que lo ama así que cataliza la ruptura de la relación, pero entonces él hace alguna capullada y no se juntan del todo hasta unos cuántos capítulos más tarde, y mientras tanto ambos tratan de ligar para dar celos al otro. Al final a uno le queda la sensación de que ligar en Nueva York es extremademente fácil, lo que dudo sea cierto, pero lo que se dice conseguir a la chica que quieres (y ella te corresponde) es más duro que el copón.

También han copiado algunas escenas, como por ejemplo aquella en la que uno de los personajes (Lilly ahora, Joey entonces) hace sus pinitos en el teatro, y los amigos la tienen que ir a ver a una sala muy pequeña y la obra es un desastre. Pues bien, hasta la sala era la misma. No se ha molestado ni en cambiar de escenario.

Eso sí, Cómo conocí a vuestra madre guarda una ventaja sustancial con respecto a Friends, y es que el reparto de roles está más ajustado. Para empezar han prescindido de Phoebe, que aunque era personaje gracioso no encajaba para nada con el resto del reparto (¿quién se creía que se podía llevar bien con aquel grupo de pijitos neoyorkinos?). Luego tienen más personajes verídicos, es decir, de esos con los que uno se puede identificar. Friends tenía tres personajes así: Ross (el panoli que quiere chica, con el que se identificaba cualquier tío incapaz de ligar a pesar de que Ross, en contra de sus quejas, ligaba bastante), Mónica (la chica responsable, que se preocupaba por todos sus amigos y era de alguna manera el eje central del grupo) y Rachel (la niña guapa que descubría el mundo adulto). Y por otro lado tenía tres personajes absurdos, con los que nadie se podía comparar pero que encajaban mejor en escenas cómicas: Chandler, Joey y la ya mencionada Phoebe.

En Como conocí a vuestra madre a estos tres personajes absurdos los han sustituido por uno: Barney. Lo mejor de la serie. Da igual que que nadie se pueda identificar con él, porque carga con casi la mitad de los chistes, los más divertidos. El que fuera Un médico precoz en sus años púberes (guiño al diario que escribía al terminar cada capítulo incluido), ahora es un fucker de tomo y lomo. Sus Suit up!, Awesome, Legendary, Waddaup! etc. justifian cada capítulo. El resto de personajes, son todos más o menos creíbles: Ted (el Ross de la serie), Robin (la Rachel) y Marshall y Lilly, esa pareja con la que todas las parejas que rondamos la treintena y habitamos en occidente nos podemos identificar.



Será por el paso de los años y la diferencia de perspectiva, o será porque tengo la misma edad que el prota y me ha dado por identificarme con ellos, pero si en algo esta serie gana a la anterior, es en que los personajes y las situaciones son más adultas, más cínicas si se quiere (aunque todo se ha vuelto demasiado cínico hoy en día, y hasta del cinismo se cansa uno). Por adultas me refiero a más ácidas, un poco más inteligentes (tampoco dramaticemos). En definitiva, Como conocí a vuestra madre adapta mejor esa estrategia del monólogo de la stand-up comedy que tan de moda se puso hace quince años de tratar de enganchar al público narrando anécdotas mundanas por las que todos hemos pasado, pero raramente confesamos o comentamos entre nosotros, por lo que esa exhibición pública de un hecho secretamente compartido por todos llama al desahogo, y el desahogo llama a la risa (y la risa llama al bien, mi joven padawan…).

El caso es que por ahora los guionistas del diálogo aquel del inicio consiguen crear historias divertidas de personajes creíbles en situaciones absurdas. Así empezó Friends, hasta que decayó y se convirtió en una serie de personajes absurdos en situaciones simplemente estúpidas, con lo que perdió esa gracia “inteligente” y pasó al chiste torpe y manido. Esperemos sigan entreteniéndome por las tardes con la primera fórmula por una buena temporada.

viernes, junio 04, 2010

Me he perdido

Han pasado seis años, 121 episodios bajados y muchas horas delante de la pantalla del ordenador. Han aprovechado al máximo las posibilidades de Internet, generando un fenómeno fan como hasta ahora no había ocurrido con ningún otro evento. En estos seis años hemos visto como las series de televisión, esta juntog a muchas otras, han ido desplazando a las películas de Hollywood, convirtiéndose en el producto número uno de la industria del entretenimiento americana. Los mejores guionistas, los mayores presupuestos, la cuna de nuevos actores y el lugar al que han vuelto muchos de los consagrados. Blogs y blogs sobre el tema, su propio wiki y todo el merchandising imaginable. ¿Y al final qué sabor queda? Pues como casi siempre, un tanto agridulce.

Nosotros empezamos a ver Perdidos con la tercera temporada ya terminada; nos vimos la primera que mi cuñado se había comprado en DVD en un par de semanas de verano, y ya nos enganchamos. Venga a descargar capítulos y venga a devorarlos al principio, y a consumirlos por inercia después. Había oído hablar de la serie por primera vez en Grenoble, ya que muchos de los erasmus estaban locos por ella, y se dedicaban a debatir durante horas sobre qué coño ocurría allí, en la isla dichosa. Por un lado me parecía absurdo que alguien se pudiera enganchar tanto a una serie de TV, y por otro intuía que si la veía me iba a ocurrir lo mismo, puesto que tenía ese estilo de ciencia ficción que tanto me entretiene. Acerté.

***SPOILERS***

En la primera temporada nos presentaron a los supervivientes de un avión que se estrella en una isla. Nadie viene a buscarlos y no saben dónde están, así que no les queda más remedio que acostumbrarse a convivir allí por una temporada. El gancho viene porque en la isla ocurren cosas misteriosas: se escuchan voces, salen osos polares corriendo de la nada y parece haber otros habitantes con oscuras intenciones. Además, continuos flashbacks nos descubren las vidas pasadas de los protagonistas, también oscuras y con secretos ocultos. Acaba la temporada con el descubrimiento de una escotilla, una entrada a un búnker o algo parecido, lo que para mí fue el mejor momento de la serie.


En la segunda temporada se intensifican los enfrentamientos con los otros habitantes de la isla, originalmente llamados los otros, y empezamos a saber de una organización llamada Iniciativa Dharma, la cual habitó la isla durante un tiempo indeterminado y con unos propósitos desconocidos. Parece ser que la isla tiene un campo magnético extraño, algo así como el triángulo de las Bermudas pero para mal. Continúan los flashbacks.

En la tercera, estalla la guerra entre los otros y los supervivientes, hasta que finalmente los supervivientes ganan, matan a casi todos (recurso que no me gusta de la serie, el de matar a todo personaje que sobre), y esperan a que un barco recién llegado los rescate.

En la cuarta, toca pelearse con los malvados que venían en el barco, que por supuesto eran malos pero de todas formas ignoramos sus intenciones. Acaban muriendo igualmente. Empezamos a intuir que algunos van a salir de la isla, gracias a unos flashforwards que nos describen su futura vida fuera de esta.

En la quinta temporada, los seis supervivientes que consiguen escapar de la isla intentan volver a la ella, sin saber muy bien por qué, mientras que los que se quedaron, se dedican a pegar saltos en el tiempo pero siempre sin salir de la isla; nos explican que sus saltos son como los de la aguja sobre un disco rayado… o algo por el estilo. Al final se reúnen todos otra vez en la isla y su nuevo objetivo es reventar una cabeza nuclear en el corazón de la isla, para ahorrarse lo de seguir saltando en el tiempo.

Ya en la última temporada, una vez que todos sobreviven al estallido de la bomba nuclear (salvo una que queda atrapada en unos hierros, pero por la bomba no hay problema), empezamos a ver unos flash-sideways, que nos cuentan una realidad paralela en la que el avión nunca se estrelló y por lo tanto sus vidas fueron muy distintas. En la isla se enfrentan a un espíritu sobrehumano, que habita el cuerpo de uno de sus compañeros muerto, y lo tienen que matar antes de que se escape de la isla. Obviamente, al final el malo muere.

Se remata la historia concluyendo que esta última vida paralela, estos flash-sideways, es algo así como el purgatorio, lugar en el que se reúnen todos una vez han muerto en la vida real, y se esperan los unos a los otros para subir al cielo todos juntos. De la mano oiga.

En el camino se han dejado a un par de docenas de personajes que en su momento parecían cruciales y simplemente murieron o desparecieron sin dar mayor explicación, además de la Iniciativa Dharma, que nos dejó de preocupar en algún momento de la quinta temporada, el origen de los primerizos habitantes de la isla incluidos un tal Jacob y su hermano (el malo de la última temporada), dos tipos con propiedades sobrehumanas, que hacen las veces de dioses griegos jugando con el devenir de los simples mortales para pasar el rato.

***Fin de los SPOILERS***

¿Y realmente importa que tantas tramas argumentales hayan quedado sin resolver? Pues sí, puesto que el gancho de la serie es precisamente ese, desvelar misterios y resolverlos. Al dejar de lado muchos de ellos, la obra queda simplemente inconclusa.

Al final Perdidos ha caído víctima de su propio formato. De no haber sido una serie de televisión, podría haber sido una trilogía de cine, una serie de novelas o una buena saga de cómics, no hubiese tenido que dejar todo para el último capítulo, y pudiese haber ido desvelando secretos de forma progresiva. Pero estaba destinada a ser una serie de televisión, y la FOX apostó fuerte por ella desde el principio (el episodio piloto fue la hora más cara de la historia de la televisión hasta su emisión). El principal problema es que capítulo a capítulo se consigue mantener al espectador en vilo, pero vista desde la distancia la trama es inconstante. Se nota que han sobreexplotado ese recurso de suspender la acción en el momento cumbre, pero tantas puertas abiertas sin ver que había al otro lado, tantas conversaciones terminadas con un “no te lo puedo contar”, nos han llevado al final de la serie y el espectador todavía se pregunta dónde coño está.


Por último, desde el principio tanto los personajes como los guiones se han dividido entre místicos y científicos. Algunos personajes creían que estaban ahí por la gracia de dios, y otros simplemente trataban de buscar comida y construir un bote para escapar. De la misma forma, en algunos capítulos se habla del destino y de criaturas con propiedades divinas, mientras que en otros descubrimos oscuros laboratorios abandonados. Finalmente se decantaron por lo fácil, lo que no necesita explicación, y el final nos obliga a realizar uno de esos autos de fe que nos dejan tan mal sabor de boca. Y si a mí no me gustan en la realidad, imaginaros qué pienso de ellos en la ficción.

viernes, septiembre 11, 2009

Flight of the conchords

Escuchaba el otro día una conversación entre dos compañeros de oficina, Sara y Sergio. Hablaban ellos sobre series de televisión, y todo comenzó cuando Sara preguntó:

-Qué, ¿ya te has visto la quinta de Lost?
-Uf que va. Todavía estoy liado con la tercera de Prison Break- respondió Sergio. Se oyeron un par de clics de ratón, y Sergio contraatacó:
-Es que además también estoy liado con Héroes. Esa no la había visto desde el principio, me enganché tarde, y ahora la estoy viendo desde primera temporada.
-¡Esa sí que está guay!- aclaró ella.
-Sí, no es tan buena como True Blood, pero ese toque de ciencia ficción me mola. Sin llegar a Galáctica, claro. Esa es muy friki.
-Ya. Ahora que hablas de series frikis, ¿estás viendo The Office? Buah, esa es la caña.
-Sí, sí, es verdad. Pero para series frikis, The IT crowd, ¿no?
-¿Y qué me dices de Big bang theory?
-¡Es verdad! Ja ja, ¡qué buena!-

Alcanzaron una tácita tregua, manifestada por otra tanda de clics hasta que Sebastián, que es de la primera planta y aunque estaba de paso se había asomado hace un rato, arremetió con fuerza:
-Pues yo estoy enganchado a tope a dos series. Ten feet under y A dos metros bajo tierra. Son la leche.
-Sí, sí, son buenas- dijo alguien.
-Pero, espera un momento, ¿no son la misma?
-Eh bueno, sí, pero es que... al final el doblaje es muy distinto... y no tienen nada que ver en inglés y en español… cambian muchos... matices. ¿No lo habéis probado?
-Ya, eso es cierto. Yo hay series que tengo que ver en versión original, paso de verlas en castellano porque las doblan fatal.- y yo juraría que esto lo dijo una cuarta voz, pero no puedo asegurarlo.
-¿Como cuáles?
-Pues muchas: The wire, The West Wing, Little Britain, CSI... la voz de Horatio no tiene nada que ver en inglés, por ejemplo. ¿Habéis escuchado Los Serrano en inglés? ¡Así sí que hacen gracia!
-Joer, sí que es verdad.

De nuevo silencio, Sebastián se retira y vuelven los clics.
-¿Y tú, qué series ves?- y nadie contesta. Como cesan también los clics, me siento inseguro ante el silencio, algo raro en la ofincia, y vuelvo la mirada; Sergio y Sara me observan, con lo que deduzco que la pregunta era para mí.
-¿Yo? Pues, no sé... OC- acierto a decir bajo tanta presión.
-Jajajaja
-Jajaja...
-Este asturiano es un cachondo, ¿OC? Eres un fenómeno tío- y cualquiera les quita a ellos la ilusión, y a mi el triunfo, así que desisto de darles 8 buenas razones para ver OC. A partir de ahí, fuese por que llegó la hora del bocadillo, o la del café, o la del cigarro, o la de marcharse, la conversación se perdió.

Volviendo a casa y repasando las notas mentales de todas las series que ni he visto ni veré pero quiero recordar sus nombres, llego a la conclusión de que el caso es que no fui sincero del todo, ya que hay, a parte de OC, otra serie a la que me he enganchado últimamente.



Flight of the conchords es una serie americana, pero protagonizada por dos neozelandeses. Presumen ellos de ser el cuarto dúo de folk más importante del país donde se grabó el Señor de los Anillos, lo que no es poco. ¿Y de qué va? Pues de dos amigos neozelandeses que se llaman igual que los actores, y tratan de ganarse la vida en los EEUU como músicos, al igual que los actores en la vida real. Además la serie, jugando con el género musical, mete canciones del grupo que los actores tienen en la vida real, que también se llama Flight of the conchords. Todo muy autobiográfico, más o menos.



Es una comedia de humor neozelandés, y es difícil definir el humor neozelandés.
Hacen cosas como reírse de los australianos, de su acento, de los canguros y de los koalas. También se quejan de que los australianos se ríen de ellos. También presumen de su acento y de su país; especialmente de... pues eso, del Señor de los Anillos, que es lo único que conocemos de Nueva Zelanda fuera del propio país aparte de los kiwis (las aves, no las frutas), pero todos sabemos que nadie puede presumir de los kiwis (las aves, no las frutas).
También nos cuentan sus peripecias en la vida diaria: cómo no ligan, cómo no tienen dinero, como no va gente a sus conciertos, como tratan de escapar de su única fan, una stalker en toda regla, o cómo tienen un manager que es incapaz de encarrilar su carrera. También cuentan cómo no ligan.



Supongo que la serie me gusta para empezar porque los capítulos duran sólo media hora, y sólo hay dos temporadas de doce episodios, con lo que se puede ver entera sin pasar dos meses absorbido por ella. Y también me gusta simplemente porque hace gracia, y porque si tuviera que imaginar una vida para el famoso grupo For the Gruppies, formado por tres miembros de este contubernio y que ni siquiera necesita componer canciones ni dar conciertos para ser un grupo de música, estoy seguro de que se parecería bastante a esta. O al menos eso intentaríamos.

Enjoy.

sábado, mayo 30, 2009

8 razones para ver OC

En honor al tito Avalon y su viaje a los EEUU

No todos los días un amigo se va al otro lado del Océano para trabajar. Aunque nunca se sabe, lo mismo ahora se pone de moda y la gente de este contubernio empieza a emigrar. De momento, despidámoslos cada uno a su tiempo. Sirva como despedida temporal del primero, un recordatorio de ocho razones por las que es bueno para él (y para todos) ver esta serie americana de televisión, ejemplo realista del American way of life, y aunque Orange County no queda precisamente cerca del destino de nuestro compañero, siempre está bien guardarle un sitio ahí, entre el ventrículo izquierdo y la salida de la aorta. Que me pierdo. Que entren las razones pues:


1- Verano. Es La chica de la serie. ¿Quién no querría tener una novia como Verano? Si es que no hay más que fijarse en el nombre. Verano. Pero no lo digáis sin ganas, mirando a la pantalla y con cara de aburridos. Levantad la cabeza, mirad por la ventana, hacia el Sol, hacia el horizonte, coged aire y susurrad "Verano". Tener una novia con nombre de estación es como ganar por goleada, como un triplete, como ganar todas las carreras del mundial sin despeinarte.

Poneos en situación. Vais caminando por la calle con Verano (Veeraaanoo...) de la mano cuando os encontráis a un amigo al que hace varios años que no veíais. "Qué tal Manolo!?" le decís, y el responde que aupa, que muy bien y que qué alegría verte. "¿Pues qué es de tu vida?" preguntáis y Manolo os contesta orgullos que le va bien, que viene del trabajo, que es abogado, que le pilláis yendo al garaje a por su Jaguar y que luego se va a buscar a su mujer, modelo de ropa interior. Da igual, a vosotros os da igual, porque sabéis que su tonta sonrisa se le borrará de la boca cuando digáis "pues yo estoy paseando con mi novia, te la presento. Se llama Verano (Veeraaanoo...)."



2- El prota o La victoria de los nerdies. Los nerds han evolucionado mucho en el mundo de las series te TV. Desde aquellos días de "Salvados por la Campana" en los que los nerds se vendaban las gafas con esparadrapo y se reían como ranas ha llovido mucho. Pero en OC... en OC las cosas han cambiado. ¡El prota es nerd! Ahí es nada. Es cierto que el nerd prota tiene un catamarán... pero no deja de ser un nerdie. Aupa pues.


3- Cómic. Nunca está de más reivindicar el cómic, y en OC van a tope. ¿Joe Sacco el ídolo del prota? ¿Menciones a Eisner? ¿Spiegelman? ¿Chris Ware? Que los nerds sean protas ya es una novedad, pero que su frikismo no se limite al estereotipo de rata de laboratorio, y los guionistas obliguen a millones de adolescentes púberes yankees, a enterarse de quién coño es joe sacco, chapó.



4- El otro prota. Si te preguntan cuál fue el pasado de Horatio, cómo fue su adolescencia, aquí tienes la respuesta. Es difícil de aceptar, pero la realidad es así de dura. Y si dudáis, observad la cara de cartón de ambos. Horatio, niño con problemas que dio tumbos de correccional en correccional, salvó su vida cuando fue rescatado por una entrañable familia de OC. Asumir que CSI Miami es un spin off de OC es duro, pero la vida de Horatio se forjó en las duras calles de Orange County.



5- La novia boyera de la otra prota. Olé. Que la prota se hiciera alcohólica y más tarde en la vida real la actriz también, tuvo su gracia. Que la prota se intente suicidar y que la actriz hiciera lo propio estuvo bien. Que la prota muriera en un capítulo, y que una hora antes de que se emitiera dicho capítulo, la actriz lo dijera en un programa en directo fue de sombrero. Pero que los guionistas decidieran convertirla en boyera y le pusieran este monumento al lado, eso fue un momento cumbre en la historia de la literatura, sólo comparable a los molinos del Quijote o a la pistola de Chéjov. Y en House la tienen infravalorada. Riau!



6- La banda sonora. A los "modernos" les ha jodido que un grupo bandera como Death Cab for Cutie se rebaje a salir en series para quinceañeros. ¿Rebajarse? Salir en OC seguro ha sido el paso más firme en su carrera y no sólo para ellos, sino para otros grupos como Dandy Warhols, The Killers, Beasty Boys, Super Furry Animals, Beulah, Futureheads, Reinder Section, Gorillaz, LCD Soundsystem, Of Montreal... no está mal.



7- Los feos no existen, se extinguieron en la última guerra. Es un hecho constatado científicamente tras ver cinco minutos de esta serie. ¿Que no es un argumento a favor? Puede ser, pero también puede que no.



8- Los guiones. Verdaderos problemas de la adolescencia se tratan aquí y no como en física o química. ¿Quién no ha tenido sus primeros síntomas de estrés al ver recortado el presupuesto de la fiesta de final de curso que tenía que organizar? ¿Quién no se ha hecho alcohólica a los quince años porque su madre salió en una película porno? ¿A quién no le han ofrecido un contrato multimillonario para publicar su primer tebeo, dibujado a los quince años? ¿Qué madre ama de casa, aficionada al alcohol, en plena de crisis de los cuarenta, no ha tratado de resolver sus problemas montando una revista con más de cuarenta reporteros en cartera? Y yo que creía que esto era una serie sólo para adolescentes.


Muchas preguntas me vienen a la cabeza viendo esta serie. ¿Será este el percal que se encontrará nuestro amigo en EEUU? ¿Habrá ponche en todas las fiestas? ¿Se marcharán los padres de las casas para que sus hijos puedan hacer fiestas y algún espontáneo se pueda suicidar en la piscina? ¿Todos los yankees tienen el cuello como Fernando Alonso? Espero que te lo pases bien, Avalon. Pero sobre todo, espero que vuelvas con respuestas... ¡Buen Viaje!

lunes, mayo 28, 2007

Álvaro, cacho de analista político

Cacho porque, si yo soy imparcial, Gabilondo es un tío moderado que se calla sus opiniones. Últimamente mi padre dice que ésto de la política es como el fútbol: unos son del Madrid, otros del Barça, y ni dios se mueve de su sitio. Visto lo visto habrá que darle la razón.
Me alegro de que en Asturias no ganara Ovidio, el ejemplo más claro de que a veces un severo caso de retraso mental y colpocefalia no evitarán tu triunfo en la vida. Espero que sus compañeros le sigan apoyando con igual fe ciega dentro de 4 años en su cuarto asalto a la presidencia. Reconozco que me temí lo peor cuando dijeron en la televisión "El recuento de Madrid va retrasado, llevan alrededor del 40%; ¿sabemos algo de Asturias?" y el comentarista, con cara de pánico, dijo "No... nada... no tenemos ningún dato de Asturias". Vaya un recuento meticuloso, seguro que todos los de las mesas pensaban que esto de la jornada electoral era irse a la sidrería a tajarse, comer bígaros y dar hostias en la mesa gritando "¡MECAGONDIOS!" y, cuando les vinieron a avisar, ya no estaban para contar a todo trapo.
En todo caso me reafirmo en que los gobiernos se desgastan muy poquito a poco y sólo suele haber cambios importantes cuando la cagan a lo grande, como el PSOE en sus tiempos gloriosos o el PP cuando no se creían haber ganado y se dedicaron a montar un circo romano con Cascos haciendo de Comodo y Marqués, supongo, de Espartaco. Vamos, que más que ganar un partido, suele perder el contrario. Por eso a todos nos encanta criticar a Areces y llamarle arrogante gordo cabrón comebocadillos. Al final sigue teniendo el asiento caliente. A ver que hacen los del partido de los profesores de las Ursulinas, que se ponían muy farrucos en campaña con el rollo "Trazamos una línea en la arena".
Aquí en Fachomanca seguimos teniendo al mismo alcalde, y también el mismo alcalde honorífico vitalicio, que para los que no lo sepan es el simpático señor del Parkinson, el "queuntri reliyion famili viva España" y los prisioneros de guerra constructores de valles de los caídos. Un poco más al sur votan en masa a Sara Mago y a Gallardón. Miedo me da que cualquiera de estos se empiche y aspire a más, que tan raro no sería siendo Marianico un poco... ehh... bueno, que no impone como Fraga, vamos. Gallardón tiene un aire de "soy facha pero paso por progre con mis buenas maneras y mis gafas sin montura", serán neuras mías pero fijo que tiene más peligro que otros a los que se les ve venir. Espe, por otro lado, es de la nobleza, tonta del bote y a la vez más lista que el hambre. A mi me huele a opusdiana, a dinero o a algo peor. Ya lo decía Herzog: "Aguirre, la colera de Dios". De todas maneras, después de la cagada de hace 4 años, los de la alcachofa se merecían esto y muuuuucho más. De dónde sacan a sus candidatos, ¿de las ofertas del Lidl?
Para mi gusto también hay justicia divina en Navarra. Anda que no se pusieron pesados con esto, a cuento de dios sabe qué. Era como esuchar la parte rallante de un disco de My Bloody Valentine, no sabes de donde sale, es levemente inquietante, machacón... y al final intrascendente, porque es sólo ruido. En fin, que si el desmembramiento de España finalmente va a empezar por Pamplona, parece que será porque a la gente de allí le dio por votar a partidos nacionalistas vascos. Fíjate, de entre todas las cosas la voluntad de los navarros...
Qué más, qué más... coño, en Castellon siguen votando al mismo elemento. Es la estrategia Oviedo, da igual que tu alcalde sea un alcohólico o que se haya forrado misteriosamente, yo lo voto porque me sale de los cojones y quien eres tú para decirme nada, hostia. Grande. Hace un tiempo le seguían la pista en esta página equilibrada, aunque mareaba tantísimo caso.
Bueno, esos son mis hechos destacados. ¿Alguien más se vio las 2 horas de resultados parciales haciendo apuestas y comiendo humus de garbanzos con churruscos de pan a modo de palomitas?
Por supuesto, la canción del día es del gran Jules Churches.