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domingo, julio 13, 2014

Nantes 10: Tu ne convoiteras pas la femme de ton prochain

Un hombre y su pareja se mudan a Nantes cuando la empresa para la que éste trabaja se lo propone. Al llegar, otra empresa, misteriosa, llamada Transparence, lo contacta y le empieza a proponer extrañas misiones que le ocupan su tiempo de trabajo y cada vez lo alejan más de la realidad. Al llegar a su hogar tras una larga ausencia comprueba que está vacío y dos notas le informan de que su pareja le ha abandonado y de su supuesto paradero, un lugar llamado Eroscenter.
Conseguí dar con la puerta del local tras haber dado unas cuantas vueltas por aquel polígono industrial desconocido para mí, en el que todas las calles parecían la misma calle y todos los edificios el mismo edificio. Llegué al mismo tiempo que una señora de unos cincuenta años, morena y ya con canas, vestida con un traje de chaqueta y falda gris y que parecía llegar tarde a su cita. Nos quedamos parados mirándonos el uno al otro bajo un neón enorme que anunciaba que efectivamente habíamos llegado al Eroscenter pero que yo no había visto ya que a estas horas del día todavía estaba apagado. La señora me preguntó divertida si iba a entrar y reaccioné a tiempo para abrir la puerta, sonreír y dejarla pasar. Ella me devolvió la sonrisa y entró a toda prisa.

Se accedía a través de un oscuro pasillo de cemento y se llegaba a un patio interior circular apenas iluminado por un haz de luz que venía de arriba. Al llegar al centro del patio y levantar la vista, pude comprobar que la luz era natural y provenía de una cristalera situada a unos quince metros por encima de mi cabeza. Toda la pared de aquel cilindro interior estaba cubierta por neones rojos y azules que enmarcaban las ventanas de los cinco pisos que daban al patio, pero desde donde estaba no alcanzaba a ver más allá de estas. Unos altavoces reproducían a todo volumen gemidos y gritos de hombres y mujeres, una especie de orgía que se metía en los oídos y me impedía pensar con claridad.

Salí de aquel atontamiento cuando algo se acercó a mí y me tocó la pierna. Miré abajo y descubrí a un enano que me miraba desde abajo. Tenía el torso desnudo y llevaba una bandeja sobre la que había una copa de champán llena. Me la ofreció sonriente y cuando me agaché a cogerla, quitó rápidamente la bandeja y la copa y dejó al descubierto su miembro duro y tieso y absurdamente grande para su tamaño. Aturdido y torpe, casi le agarré el pene, lo que pareció resultarle muy gracioso y se alejó corriendo como pudo, a pesar de aquella cosa descomunal que le colgaba. Sea como fuere, aquello me despertó y descubrí al otro lado del patio un mostrador en el que una joven me mirada divertida.

jueves, mayo 29, 2014

Golfo de Morbihan

Saliendo de Nantes y poniendo rumbo al noroeste, a unos 120km llegamos a la ciudad de Vannes, una de las principales del departamento de Morbihan, en la región celta francesa de la Bretaña. Es la principal ciudad de la zona del Golfo de Morbihan, orgullo de los bretones.

El plan de viaje es sencillo: tres días para conocer esta bahía prácticamente cerrada y salpicada de islas, cuya apertura al mar es de apenas 1km y sin embargo en coche distan más de 70km entre los dos puntos. Nos han prometido que aquí encontraríamos pueblos bonitos, pescado y marisco y unos paisajes increíbles. Nadie nos ha prometido que va a hacer buen tiempo, pero a estas alturas tampoco lo esperábamos.

sábado, abril 19, 2014

Le Festival du cinéma espagnol II, édition 2014

Hace ya más de un año que llegué a Nantes, así que empiezo a repetir los eventos del calendario (quién sabe si llegarán a convertirse en tradiciones). La primera cita que repite ha sido el Festival de Cine Español de Nantes, que este año ha cumplido su vigesimocuarta edición.

El festival contaba esta vez con varias retrospectivas: mujeres directoras, Javier Cámara, el cine vasco y Jess Franco, que junto a las secciones oficiales de cortos y películas, centradas en los últimos estrenos, superaban la cifra de cuarenta películas en cartel. Pero uno no tiene todo el tiempo del mundo, así que debo conformarme con haber visto cuatro de las siete películas de la sección oficial. Que son:

sábado, marzo 01, 2014

Nantes 9: Le métamonde numérique

Pasaban los días y mi ocupación a tiempo completo como agente de Transparence me tenía absorbido por completo. Viajando casi a diario, de hotel en hotel, sin saber de dónde salía ni adónde llegaba y sin que me importara lo más mínimo, las continuas misiones que me iban asignando eran todo lo que yo necesitaba. Mi antiguo trabajo, la excusa con la que me habían llevado a Nantes, ya había desaparecido de mis pensamientos tiempo atrás. Amigos, familia… Ya debían de haber pasado semanas sin que tuviera contacto con alguno de ellos sin que me preocupara. Incapaz de planificarme, las tareas que me encomendaban me llegaban cada día al desayuno –algunas lo hacían la noche anterior porque implicaban que madrugara- y me tenían ocupado el día completo. Si había tiempo libre, en seguida se encargaban de mandarme al aeropuerto y enviarme a otro sitio. Y como siempre me dormía en los vuelos, pronto desistí de saber en qué ciudad estaba. Allá donde fuera la gente hablaba inglés, mejor o peor y con diferentes acentos, pero las periferias de los aeropuertos internacionales son territorios neutrales independientes del país. Hotel City se extendía más allá de lo que mi vista e imaginación podían alcanzar. Buenas noches señor, buenas noches. Tenemos su habitación preparada, ¿desea que le subamos la cena? No dude en pedirnos lo que sea. Y por supuesto, su empresa corre con los gastos. Gracias, hasta mañana. Hasta mañana señor, que descanse.

Mi estatus dentro de Transparence seguía evolucionando. A las misiones de campo que me habían encomendado desde el principio, ir a distintos sitios y tomar fotos, trazar mapas, hacer medidas y de vez en cuando hablar con gente del lugar, había que añadir un nuevo tipo.

domingo, febrero 09, 2014

Nantes 8: Hotel City

La azafata me despertó cuando el avión ya había tomado tierra, se diría que ni siquiera habíamos volado. Sin embargo yo volví de un sitio muy lejano cuando ella comenzó a hablarme en susurros. Abandoné una penumbra lejana a medida que empezaba a procesar sus palabras:

- Sr. Cocodrilo, ya hemos llegado, puede levantarse. No se olvide de desabrocharse el cinturón antes de salir.

Así que me desperecé, turbado por un sueño difuso… una avioneta, una explosión, una playa y un rayo verde… Y me uní al resto de pasajeros que hacían cola para salir. Una vez fuera del avión me di cuenta que era de noche. ¿Cuánto tiempo había pasado en el avión? Si yo había llegado al aeropuerto a las 9 de la mañana, ¿hasta dónde habíamos volado para que ya fuera de noche? Mientras caminábamos hasta el edificio más cercano de aquel aeródromo desconocido para mí, sin carteles que indicaran dónde estábamos, una nueva azafata salió a esperarnos.

- Transparence les da la bienvenida. Esperemos que hayan tenido un viaje agradable. Tienen trabajo por delante y Transparence desea de ustedes que den su 100%. De todas formas, ahora les llevaremos a cada uno a su hotel para que puedan reposar. Allí recibirán nuevas instrucciones.

Cinco taxis nos esperaban a la salida de aquel aeródromo, uno para cada uno de nosotros, así que diligentemente y sin mediar palabra alguna, cada uno se metió en uno distinto. Una luna opaca me impidió hablar con el conductor. Una vez en el hotel, me dijeron que el restaurante estaba cerrado pero que me podía comer algo en el bar, que no cerraba. Les pedí que me subieran un sándwich (sólo tenían croque monsieur, pero acepté igualmente) a la habitación y cogí el ascensor. En el hilo musical sonaba una canción familiar:

“You get mistaken for strangers by your own friends
When you pass them at night under the silvery, silvery Citibank lights”

domingo, diciembre 01, 2013

Nantes 7: On the beach/At the beach

La azafata me despertó cuando el avión ya había tomado tierra, se diría que ni siquiera habíamos volado. Sin embargo yo volví de un sitio muy lejano cuando ella comenzó a hablarme en susurros. Abandoné una penumbra lejana a medida que empezaba a procesar sus palabras:

- Sr. Cocodrilo, ya hemos llegado, puede levantarse. No se olvide de desabrocharse el cinturón antes de salir.

Así que me desperecé, incapaz de recordar lo que había soñado, y me uní al resto de pasajeros que hacían cola para salir. Una vez fuera del avión, mientras caminábamos hasta el edificio más cercano de aquel aeródromo desconocido para mí, una mano me cogió del brazo. La azafata que me había despertado me dijo:

- Su viaje no ha terminado aquí. El resto de sus compañeros se quedan, pero nosotros tenemos que coger otro vuelo, sígame.

domingo, noviembre 03, 2013

Nantes Interlude: Les Utopiales

Abandono por un post mi propia ficción sobre la vida nantesa para hablar de las ficciones de los demás. Este fin de semana ha tenido lugar en Nantes una nueva edición del festival de ciencia ficción Utopiales. Una nueva prueba de que sí que existen las ciudades que apuestan por distintas disciplinas y géneros artísticos, y no se contentan con los conciertos en la plaza de toros de la semana grande, y no pasa nada. La gente acude (o no, a voluntad), el dinero público se reparte (aunque aquí se cobraba la entrada diaria a 8€) y la vida sigue. Pero dejo de seguir por aquí, que me pierdo.


Para un alumno de primero de Ciencia Ficción, no resulta fácil acudir a un evento así. Conocía a dos autores literarios antes de empezar, Orson Scott Card y William Gibson, y el segundo se cayó del cartel y no apareció por allí. Así que tiramos de programa y nos fuimos pasando por las diversas conferencias y mesas redondas que nos parecían más interesantes a primera vista con la esperanza de enterarnos de algo, idiomas extranjeros y temáticos ajenos mediantes.

El resultado fue más que positivo, y si de algo me arrepiento fue de no haberme preparado el festival antes, y haberme informado sobre los autores que participaban. Una veintena de conferencias por día, una treintena de películas, 66 escritores y 26 dibujantes de cómic, además de arquitectos, cineastas, científicos y creadores de videojuegos condensados en tres días y medio merecen algo de cariño. Mucho me perdí, pero aquí va un pequeño resumen de lo que sí pude ver.

jueves, octubre 03, 2013

Nantes 6: Les dangers d’une politique nucléaire

Me quité aquella especie de traje de artificiero, hecho de un tejido que parecía papel albal y lo guardé dentro de la misma papelera de la que lo había sacado una hora antes. Por supuesto, antes me había asegurado de que efectivamente el contador geiger que tenía el traje integrado había cesado de hacer aquel horrible ruido. Puede que no confiara en aquel traje, pero al menos era mejor que nada.

Con eso podía dar por terminada la última misión absurda que me había sido encargada para observar el enésimo suceso absurdo e incomprensible de la región. Nadie diría, a priori, que Nantes es una región prolífica para los temas paranormales, pero también es cierto que el trabajo que estoy llevando a cabo aquí no lo había hecho antes. ¿Y si fuera así en todas partes? ¿Y si estuviéramos rodeados de sucesos paranormales… o mejor dicho absurdos, y no nos diéramos cuenta, y solamente una organización conspiranoica como Transparence se dedicara a analizarlos y registrarlos sin tener un propósito aparente? Por mucho que mi “trabajo” para Transparence se hubiera convertido en una parte habitual de mi vida, haciendo recados para ellos durante ya varios meses, no acababa de encontrarle sentido alguno. Y claro, sucesos como este tampoco ayudaban mucho que digamos.


lunes, junio 17, 2013

Nantes 5: Le mystère du serpent

El tiempo pasa rápido cuando uno es nuevo. Bueno, y cuando uno no lo es también, pero esa es otra historia. Tres meses pasan ya de mi llegada a la ciudad, y apenas he llegado. No puedo decir que conozca a mucha gente, ni muchos bares, ni los pueblos de alrededor ni la gastronomía típica. Tampoco se puede decir que domine mi nuevo trabajo, así que esa sensación de eterno aprendizaje, de guiri, en la que se supone que es mi propia casa, contribuye a que los días vuelen sin dejar poso alguno aparente.

Llega a ser sorprendente los pocos contactos que se deben realizar con otros seres humanos cuando uno elige el anonimato como estrategia, y es que se limitan a contactos pagados: camareros, dependientas de supermercado, algún mecánico y alguna dependienta de una tienda de ropa son las pocas personas que pueden dar cuenta de mi presencia aquí, al margen de mis compañeros de trabajo, claro está, pero una relación estrictamente profesional tampoco lleva a conocer a una persona. Allí ni vestimos ni nos comportamos como lo hacemos habitualmente, así que en cierto sentido no dejamos de ser actores durante esas ocho horas diarias. Pero todo esto poco importa.

Empiezo a pensar que precisamente ese puede ser la razón por la que me han elegido. Ignoro el propósito de la elección, pero ya no puedo negar que efectivamente cuentan conmigo. He dedicado cierto a tiempo a auditarme a mí mismo y no he conseguido encontrar nada destacable: no soy especialmente fuerte, ni mucho menos listo, no soy hábil con las manos, no tengo contactos con gente importante ni poseo acceso a información privilegiada y el dinero, como a casi todos, me queda muy lejos; además no conozco la región, no puedo pasar por alguien de aquí... “¿Qué puedo aportar entonces yo a Transparence?” me he preguntado varias veces, y sólo he llegado a una posible respuesta: el anonimato.

***

Prueba de ello fue mi última misión. El móvil me despertó un sábado a las cinco y media de la mañana con un mensaje enviado desde un número oculto:
« Investigue suceso extraño. Localización: Saint-Brévin-les-Pins / Pointe de Mindin. S »
Comprendí el mensaje por el final. Primero me embargó una extraña emoción al imaginar que esa “S” no era sino la firma de Soizic. Después, bajé la cabeza avergonzado al darme cuenta de que había caído en un juego infantil. La “S de Soizic”, era la firma de Transparence, no de ella. La seguían utilizando como reclamo para atraer mi atención, pero no era ella. No podía ser.

Sin más instrucciones que las del mensaje y sin que Internet pareciera tener noticias recientes sobre la Pointe de Mindin de St Brévin-les-Pins, me levanté sin despertar a mi pareja y conduje a través de la noche los cincuenta kilómetros que me separaban de la desembocadura del Loira, hasta la punta de Mindin. Cuando llegué, el sol empezaba a insinuar su presencia, pero nada más se movía. Dejé el coche en el aparcamiento principal de aquello que era St Brévin-les-Pins en el mapa, pero en la realidad no parecían más que una veintena de casas, dos bares y un pequeño puerto, todo ello bajo el imponente puente de St-Nazaire. Al otro lado de la desembocadura, la población del mismo nombre vigilaba. Empecé a dar vueltas en círculos alrededor del aparcamiento, cada vez más amplias, tratando de ver algo que me llamara la atención hasta que vi una luz azul, de un coche de policía, que giraba tras unos árboles en lo que parecía ser un paseo marítimo. Me acerqué hasta que lo vi.














El coche de policía intentaba cortar el paso, cruzado en la acera. Dos policías caminaban por la arena sin rumbo fijo aparente y un perro ladraba desesperadamente en todas direcciones. Un poco más atrás vi a su dueño. No había nadie más y nadie pareció reparar en mí, absortos como estaban en la contemplación de aquella criatura o mejor dicho, de sus restos. No sé si me sorprendió más el tamaño de aquella serpiente o el hecho de que fuera un mero esqueleto lo que se había quedado varado en la orilla, pero comprendí que la sorpresa no era lo que Transparence esperaba de mí. Desde mi desconocimiento absoluto de todo aquello, de mí sólo podían esperar una cosa: fotos. Ellos no esperaban de mí que hiciera preguntas. Saqué mi móvil e hice todas las que pude: con zoom, sin zoom, con más luz, con menos… sólo me abstuve de poner el flash.

El dueño del perro acabó a mi lado o yo al suyo, no sé bien, y de forma espontánea iniciamos una conversación inútil sobre el tema. Él sabía tanto como yo, o menos. De lo que le pude entender, su intuición le llevaba a inclinarse porque la criatura era pariente (si no el propio) monstruo del Lago Ness. Me encogí de hombros, aunque tampoco él preguntó mi opinión. Tras un silencio torpe e incómodo acerté a pedirle que me hiciera una foto con la serpiente, para no tener que responder a preguntas sobre mi carácter puramente turístico en aquel lugar. Después, se marchó para alivio de su perro, que por fin pudo perder de vista a aquel bicho. Aquel hombre tenía un aspecto bastante normal, nada que mereciera la pena recordarlo, salvo por un detalle. Cuando fue a poner la correa a su perro, vi que tenía una cicatriz en la muñeca izquierda, bajo el pulgar.


En total estuve una media hora rondando el lugar, aunque siempre mantuve la precaución de no acercarme demasiado a los restos de la criatura. Uno de los dos policías finalmente se acercó para preguntarme qué hacía allí, y para pedirme que me fuera sin esperar a escuchar la respuesta de la primera pregunta. Volví al coche y emprendí el camino de vuelta, cruzándome a la salida del pueblo con un convoy militar de una media docena de coches y carros. Paré a desayunar en una estación de servicio, que para mi sorpresa anunciaba disponer de wifi para los clientes. Me conecté con el teléfono, entré en mi página de usuario de Transparence y descubrí que disponía de una nueva opción: Archivos. Pude subir todas las fotos y cerré la sesión. Las borré del móvil y me llevé cuatro croissants de la estación de servicio. Regresé a casa cuando el sol ya había asomado por completo. Puse la cafetera en el fuego y me senté a esperar a que pitara. Había cumplido con mi trabajo y nadie más lo sabía, salvo S.

domingo, abril 28, 2013

Nantes 4: L’affaire Cahuzac et son impact sur la société française

No hacía más que repetirme a mí mismo que todo aquello no tenía sentido, que había caído en un absurdo sueño –que ni siquiera llegaba a pesadilla. Pero tampoco sabía cómo escapar de él. Recién llegado a una nueva ciudad, a un nuevo país, sin conocer el idioma ni la gente ni sus costumbres y, aunque intuyendo que todo aquello no era muy diferente a lo que yo ya conocía, no dejaba de resultarme exótico. Y en medio de todo, una empresa fantasma, prácticamente inexistente, intermediaria para no sé qué de la empresa que me había traído hasta aquí, pero que parecía esperar de mí mucho más. El sobre que sujetaba entre mis manos estaba ya reblandecido por el sudor.

Me costó abrirlo un par de días.

Las ganas de olvidarme del asunto y de asumir que todo era una fantasía fueron vencidas por la curiosidad por saber qué escondía dentro, qué nueva mujer iba a recibirme para agradecerme no sé qué y para pedirme un nuevo favor. Y a lo lejos, siempre, Soizic, un fantasma con el que había hablado una vez por teléfono y bien podría ser un contestador automático, pero que en mi mente había crecido hasta eclipsar cualquier otro pensamiento. Abrí el sobre pensando que Soizic estaría allí dentro, miré la tarjeta que decía “Domingo, 18h, Pannonica” buscándola a ella, y guardé el sobre más pequeño en el único cajón que tenía a estas alturas en Nantes (la guantera del coche) como si fuera la llave de mi diario y yo fuera una niña de doce años en una película americana. Internet me explicó que Pannonica era un club de jazz.

Los cuatro días siguientes, previos a mi nueva posible cita con una sustituta de Soizic, los pasé conociendo mi nuevo lugar de trabajo y tratando de no pensar mucho en Transparence. No hablé del tema con la gente del trabajo, me había quedado claro que todo esto era ajeno a ellos. Sí que busqué en Internet algo más de información, pero fue casi en vano. Tan sólo aparecían nombrados en un listín de empresas de una firma llamada Russell Bedford, supuesta red internacional de empresas auditoras independientes. Un número de teléfono, 4 nombres y una dirección de París, a menos de cien metros del Arco de Triunfo. Pero no me atreví a usar nada de eso. Soizic no estaba allí, Transparence me importaba más bien poco y me daba bastante miedo. Llegó el domingo.

Organicé mi papeleo francés durante la mañana para calmar los nervios. Planché ropa, traté de leer algo y finalmente opté por la manera más sencilla de perder el tiempo: divagué por Internet el tiempo justo hasta la hora de la cita. Salí de casa una hora antes y me encontré con la ciudad completamente vacía. Los domingos son unos días muy tristes en Francia. Nadie por la calle, bares y cafeterías cerradas y casi ningún coche en movimiento. Pensé que si era víctima de un robo, o de un accidente, nadie podría ayudarme. Parecía como si hasta los edificios estuvieran vacíos. Caminé hasta la dirección del Pannonica, rodeé el edificio de la dirección, bajé por unas estrechas escaleras y me encontré ante una puerta trasera con el nombre del bar escrito a mano. Encima de la puerta se veía todavía el hueco de lo que en su día pudo ser un neón. Llamé a la puerta y un señor con los ojos pequeños y gafas gruesas, las mejillas coloradas y una cerveza en la mano me invitó a pasar.


Dentro había una treintena de mesas y más de cien personas. Al fondo, sobre el escenario, un pianista, un bajo, un batería, un guitarra, un saxo y un trompeta acompañaban a una mujer que cantaba Love for Sale. En frente, una barra mal iluminada. Me dirigí allí para tratar de tener una mejor visión de toda la parroquia, y me costó dos cervezas darme cuenta de que había una mujer sentada en una mesa, sola, mirando hacia mí en lugar de hacia el escenario, sonriéndome, como divertida. Me acerqué a ella, le pregunté si me podía sentar y, cómo no, me respondió:

- ¿Qué tal está, Sr. Cocodrilo? Ya pensaba que no me iba a encontrar y que tendría que acercarme yo a la barra. No me hubiese gustado dejar escapar esta mesa, no es fácil conseguir una. Todo el mundo llega pronto.
- ¿Lleva mucho tiempo esperando?
- Llevo una hora pero no se preocupe, usted llega puntual. Todos los domingos la gente se reúne aquí para escuchar la música que tocan ellos mismos, es una session ouverte. ¿Usted no toca ningún instrumento, Sr. Cocodrilo? Anímese y suba al escenario - pero no esperó mi respuesta, sonrió y volvió su mirada a los músicos. Habían terminado la pieza y mientras la mitad se bajaba del escenario, otros tantos esperaban para reemplazarles. Efectivamente, casi toda la gente del público tenía a mano un estuche con forma de instrumento.
- Tú no eres Soizic, ¿verdad? - dije justo cuando empezó a sonar la música, así que pensé que ella no había llegado a escucharme. Sin embargo sin mover la mirada hacia mí, aparentemente atenta al concierto, respondió:
- No, claro que no. Si lo sabe, ¿para qué lo pregunta? – y al poco añadió:
- No entiendo la fascinación que ella ejerce sobre ustedes, son todos iguales, no se crea usted una excepción. ¿Quiere que le diga algo? Ella le defraudaría. Podría añadir un par de cosas más pero claro, eso no les gustaría, así que será mejor que me calle. ¿Tiene el sobre? Disfrute de la música, esta pieza me encanta.

No reconocí la pieza pero había un chico de unos veinte años con un trombón de varas que arrancó los aplausos de todo el público tras su solo. Tenía la cara roja por el esfuerzo, parecía que le fuera a explotar. Yo me sentía así.

- Tome - le tendí el sobre por encima de la mesa lo más disimuladamente posible, sin mirarla a los ojos, aunque al final no lo pude evitar y giré la cabeza para ver si lo había cogido o no. En conjunto, resultó un movimiento bastante patético.
- Tinker, tailor, soldier, spy, ¿ha visto esa serie? Debería, se la recomiendo. Le vendrá bien para su nuevo trabajo - y esta vez ya no pudo reprimir su risa. Cogió el sobre sin mirarme y yo bajé la cabeza, rojo de vergüenza.

Fui incapaz de pronunciar una palabra en la siguiente media hora. La mujer se limitó a hacer algunos comentarios sobre los músicos (parecía conocerlos a todos) y sobre alguna de las piezas que tocaron. A la media hora, se despidió de mí:

- Ha sido un placer Sr. Cocodrilo. Ahora me tengo que ir. Le ruego se quede aquí un rato más. Pídase otra cerveza si quiere, paga Transparence. Ha hecho un buen trabajo y la empresa, como de costumbre, se lo agradece. Desconozco si tiene más planes para usted, pero supongo que sí. No se preocupe, ellos sabrán cómo contactarle. ¡Ah! Y le daré recuerdos a Soizic de su parte. Cuídese.

No esperó a que la pieza terminara, y yo tampoco. En cuanto salió por la puerta corrí tras ella, me asomé a las escaleras y al no verla las subí de tres en tres. Llegué arriba con el tiempo justo para ver cómo un Mercedes negro con los cristales tintados la golpeaba y la arrastraba diez metros calle arriba, para luego desaparecer. No había nadie en la calle. Nadie pedía auxilio. Nadie había visto el accidente. Recogí el sobre del suelo y me alejé de allí corriendo sin parar. No fui directamente a casa, sino que opté por perderme por las calles de la ciudad. Me he refugiado en un bar con la mitad de las mesas ocupadas, sin música. El sobre ya no está sudado, pero se ha quedado reblandecido.

viernes, abril 12, 2013

Nantes 3: Le Festival du cinéma espagnol

Llegar al extranjero, a una ciudad pequeña como Nantes, y encontrarse carteles que anuncian un festival de cine español no es lo más habitual del mundo. Que encima te cuenten que llevan más de 20 ediciones del festival, y que es uno de los más importantes y sólidos festivales dedicados a cine español del mundo (ojo, que en España hay mucho festival de cine pero dedicado al español… ¿Málaga?, ¿Valladolid?), pues lo hace todo aún más curioso.

Nantes es una ciudad muy inquieta en lo relativo a la cultura. Por tamaño, es la sexta ciudad de Francia y por “calidad de vida”, una de las cinco primeras del país (eso dicen las estadísticas...). Nantes ha sido tradicionalmente ciudad de paso para grupos de música extranjeros, sobretodo ingleses, y la ciudad está llena de bares que ofrecen conciertos gratuitos de grupos amateurs de la región. Hay decenas de salas de jazz (aunque eso es algo relativamente habitual en Francia) y en cuanto al arte contemporáneo se refiere también hay varias galerías y un centro regional bastante importante (en cuanto a volumen y calidad, apparently). La universidad es bastante grande, lo que siempre potencia la actividad cultural.

El festival incluye una cincuentena de películas, prácticamente todas españolas, y numerosos actores y realizadores españoles vienen a presentarlas. No penséis que el cine español tiene gran difusión en este país, la gente normalmente responde “Almodóvar” a la pregunta de “¿qué cine español conoces?” y ya está. Así que imagino que esto será una buena oportunidad para dar difusión a nuevas películas que intenten entrar en el complicado mercado galo. También incluyen películas antiguas (Buñuel, Saura, Borau…) dentro de alguna retrospectiva o ciclo de temática específica y finalmente se entregan media docena de premios (del jurado, del público, joven, ópera prima, documental y corto).

Seis películas, seis, vi. Repasar la temática y los “tags” de todas ellas da un poco de vértigo. ¿Una radiografía de España? Ahí va.


Fin (2012), de Jorge Torregrossa
Adaptación de la novela de David Monteagudo (aún por leer). Es la película española que más se aleja del tópico patrio de todas las que vimos. ¿El argumento? Un grupo de amigos llegando a los cuarenta se reúne, después de muchos años sin verse, en una casa rural para rememorar viejos tiempos y ponerse al día. Primera parte. Segunda parte. Algo raro pasa en el mundo y el Apocalípsis llega. “There can be only one…”, sólo los elegidos sobrevivirán y al final, lo que verdaderamente importa, es el amor. Habrá que leer el libro para ver si David se hizo más o menos pajas que Jorge. No obstante, la historia pinta mejor para una novela. En la pantalla, los actores y los espectadores tuvimos que aguantar la inexplicable presencia del modelo Andrés Velencoso en la película. Eso sí que es un enigma por resolver…

Leo (2000), de Jose Luis Borau
Último largo de Borau, aunque ya hace más de diez años del film y Borau murió el año pasado. Icíar Bollaín y Javier Batanero bordan esta historia de polígono. Una historia de amor entre una luchadora (la “a” es correcta) y un prosegur. Pero ojo, no es cine social. Borau tiene un punto absurdo, como Kaurismaki (finlandés, humor finlandés…), que hace que sus historias resulten al mismo tiempo dolorosamente cercanas y absurdamente extrañas. De fondo, el polígono madrileño, el acento cañí, el café con churros, la cerveza y la virgen.

Eden à l’Ouest (2009), de Costa-Gavras
Este es el gazapo de las películas que vimos. Invitado de honor, presidente de la cinemateca francesa y amigo de Semprún, Costa-Gavras es medio griego y medio francés, pero nada de español. Tiene relación tangencial con el país por sus amistades y relaciones profesionales, pero tampoco su cine se asemeja al patrio. Es un buen invitado para el festival, conocido en Francia y respetado en el mundo del cine, pero eso es todo. Su película, es la enésima interpretación de la Odisea moderna, de esa persona del tercer mundo tratando de llegar al “primer mundo” para tener una vida mejor. Un viaje de aprendizaje y desencanto para el protagonista, y un viaje de arrepentimiento y vergüenza ajena para el espectador. Recuerda que todo lo que tienes, todo lo que disfrutas, es a costa de algún miserable. Luego sales del cine, te tomas una cerveza, cenas algo y te vas a acostar, porque la vida sigue y al día siguiente madrugas…

Grupo 7 (2012), de Alberto Rodríguez
Me gustó más de lo esperado. Me negué a ver esta película cuando todavía estaba en España, creo que únicamente por la presencia del insufrible Mario Casas, pero el caso es que esta historia de una patrulla de policía en la Sevilla Pre-Expo está muy bien contada y está representada por unos muy buenos actores (salvo el ínclito).

El trapo es la patrulla que limpia el centro de Sevilla de la droga, por encargo de unos políticos que quieren vender una ciudad moderna y al día, y la carnaza es la de siempre, la clase media mirando con miedo a la élite que pasa por encima de todo sin mancharse, y con desprecio a una clase baja que no tiene dónde caerse muerta y hace lo que puede por sobrevivir. No es una historia exclusiva de la península, pero la Giralda, los patios y la cruzcampo de fondo la hacen más nuestra. Merece la pena.

Los amantes pasajeros (2013), de Pedro Almodóvar
El director de cine llamado “Pedrooooooooooooo” quiso hacer una comedia desenfada, así, como las hacía antes. Pero no puede. En los años ochenta había mierda que limpiar, había ganas de reír y motivos para hacerlo, porque España era un sitio muy gris y muy feo, y los únicos que levantaban la voz era los cantautores y como que en los ochenta eran muy aburridos. El SIDA no existía, la heroína y la cocaína eran guays y todos éramos jóvenes y teníamos un cheque en blanco. En ese contexto, cualquier película de las primeras de Almodóvar es a la vez un dardo envenenado a todo lo anterior, y un caramelo muy dulce para todo lo nuevo. “Los amantes pasajeros”, por el contrario, es el humor visto desde el punto de vista de un burgués. Cuesta más hacer reír, y hay que tirar más del caca-culo-pedo-pis, aquí llamado coca-polla-teta-pis. Jack Nicholson dijo que después del 11-S sólo iba a hacer comedias. ¿Recordáis alguna? Pues eso. Sin embargo, el personaje de Cecilia Roth-Bárbara Rey contando cómo tiene grabados sus encuentros con el rey… Priceless.

Blancanieves (2012), de Pablo Berger
La más patria de todas. Triunfadora de los Goya, amén (¿). Película en blanco y negro y muda, parece ser que pensada antes que “The Artist”. Guión pensado para que Maribel Verdú se luzca hasta el extremo, y de fondo salen toros, flamenco, guardias civiles, perlas, mantillas, curas, cruces y seis enanitos. A blancanieves que le den. De pequeña es una maravilla pero de mayor para salida de un anuncio de compresas, todo la emociona hasta el extremo. SPOILER. Que no haya príncipe me parece bien, pero que se enamore de un enano… FIN DEL SPOILER. ;)

martes, abril 02, 2013

Nantes 2: Les nouveaux embauchés

Van entrando uno a uno, ordenadamente, en el edificio que tiene escrito “Accueil” en la fachada. Una vez allí dentro, se encuentran en una sala de unos veinte metros cuadrados llena de gente. Poco a poco van llenando los espacios libres y se van haciendo hueco unos a otros como ovejas en el redil. Al fondo, un mostrador en el que dos chicas no dejan de atender al teléfono, hablan por unos auriculares con micrófono y no levantan la vista de la pantalla. Pasa el tiempo y sigue entrando más gente que repite el mismo protocolo: sonríen al entrar, saludan, miran a toda la sala buscando una cara conocida y acto seguido, ante el silencio que obtienen como respuesta, borran la sonrisa, bajan la cabeza y buscan su hueco en el rebaño.

Pasa media hora desde que entra el último hasta que alguien viene a buscarles. Caras largas, bostezos, vistazos al reloj y, sobretodo, gente pegada a su móvil, mirando fijamente la pantalla como si al no hacerlo fueran a ser castigados.

- Buenos días a todos, sois todos nuevos, ¿verdad? Por favor, seguidme. –y todos siguen a la chica con pecas pelo cobrizo que se parece a la amiga de Snoopy con veinte años más. Fila india, algunos pequeños grupúsculos de gente que aparentemente ya ha comenzado tibias relaciones y cambio de edificio.

Dos pasillos y unas escaleras más tarde, los nuevos se encuentran en un pequeño salón de actos, con unas cinco filas de asientos acolchados y cabida para unas cien personas. Todos los asientos miran a una pared blanca a la que tres proyectores que cuelgan del techo apuntan. Les piden que se vayan sentando donde quieran. Por un lado de la sala lo pide la amiga de Snoopy y por el otro, tras una atril, habla otra chica con un increíble parecido a una cabagge patch kid. Todo el mundo se va sentando diligentemente y tímidas sonrisas se intercambian entre los vecinos de asiento. Una vez todos se han sentado, la muñeca repollo habla:

- Hola a todos y bienvenidos. Ante todo, disculpas por el retraso. No obstante, lo importante es que ya estáis todos aquí y que hoy es vuestro primer día en esta empresa. ¿Estáis contentos?... ¿Nerviosos, quizás? –nadie responde – Bueno, no os preocupéis. Todo irá bien. Lo más difícil ya ha pasado. Ahora ya sois parte de esta gran empresa, que como veréis, es una gran familia. O al menos así nos gusta verlo a nosotros, los empleados.

Se queda en silencio, mira a todos uno por uno, y cuando el silencio pesa ya demasiado sobre la sala y la gente empieza a mostrar su inquietud a base de leves carraspeos, continúa su discurso.

- Bueno, como ya sabréis, hoy es un día de toma de contacto. Por la mañana os haremos varias presentaciones de la empresa y distintos aspectos que debéis conocer sobre normativa de seguridad etcétera, después comeremos todos juntos y ya por la tarde vuestros respectivos responsables y jefes vendrán a buscaros. Ellos os enseñarán vuestro futuro lugar de trabajo y os presentarán a vuestros nuevos compañeros. ¿Alguna pregunta? Bien, imaginaba que no. Primero os dejaremos con un vídeo presentación de la empresa. Disfrutadlo y bienvenidos.

Algunos le dan las gracias a la chica mientras ella ignora al grupo y sube las escaleras hasta salir de la sala. En algún momento del breve discurso la amiga de Snoopy ya se ha ido. Se apagan las luces y los proyectos comienzan a reproducir la misma imagen por triplicado en la pared. Sale el logotipo de la empresa, y una música (¿juvenil?) empieza a sonar. A continuación, se suceden fotografías de gente sonriendo. Se deduce que son trabajadores de la empresa aunque no todos llevan uniforme. Poco a poco, las imágenes de la gente sonriente se van entremezclando con otras de la fábrica, tanto vista desde fuera como del interior. Así, imágenes de gente feliz se mezclan con fotos de edificios grises y aparcamientos para centenares de coches y con otras fotos de maquinaria industrial, tornos, fresas, cortadoras y demás maquinaria de control numérico. La música sube en intensidad y al final, tras atravesar una especie de agujero de gusano de colores, el logotipo de la empresa luce fulgurante por triplicado. Fundido en negro y se encienden las luces.

- Ahora, si os parece bien, hasta que llegue nuestro compañero para seguir con la presentación, podemos hacer una pausa y tomar un café. Venid conmigo.

Todos los nuevos contratados salen ordenadamente de la sala y siguen a la chica por el pasillo hasta la sala de café. Al pasar uno de los últimos, un brazo sale de la penumbra y lo agarra.
- Buenas Sr. Cocodrilo. –y se entrevé la figura de una mujer rubia, joven, vestida con traje de chaqueta y falda gris con raya diplomática, y camisa blanca –nos alegra tenerlo a bordo.
- ¿Soizic? –responde el hombre.
- No, pero no se preocupe, formo parte de su equipo. Me manda recuerdos para usted. –sonríe. –Escuche, Sr. Cocodrilo, tenemos un pequeño encargo que encomendarle. No es nada importante, pero estamos seguros de que podrá ayudarnos. Le prometo que no le supondrá ningún contratiempo y por otra parte, nosotros le estaríamos muy agradecidos.

El hombre, aturdido, no acierta a formular ninguna respuesta coherente. Se limita a indicar a la mujer con gestos que prosiga.

- De acuerdo. La empresa queda en deuda con usted. Estoy segura de que se lo sabrá compensar.
- Pero, un momento, ¿Qué empresa?
- Transparence, por supuesto –y la mujer se muestra sorprendida, como si hubiera tenido que decir algo demasiado obvio.
- Bueno… Dígame… ¿Qué debo hacer?
- Tenga este sobre. Dentro hay otro sobre y una tarjeta con una fecha y un lugar indicados. Deberá entregar el sobre del interior a una persona. Esta persona le reconocerá por un nombre en clave. Le preguntará “¿Qué tal está, Sr. Cocodrilo?”
- Un momento… ¿Sr. Cocodrilo? ¡Pero si ese es mi verdadero nombre! ¿Qué clase de nombre en clave es ese? Y luego… ¿Dónde tengo que llevarlo? ¿Por qué yo? ¿Por qué no un email? ¿Qué quieren de mí? –según se suceden las preguntas, aumenta la expresión de tensión en la cara del hombre.
- No se preocupe señor, todo irá bien. –la mujer le pone una mano en el hombro –Le aseguramos que este encargo no entrañará ningún problema para usted. Por otro lado, para nuestra empresa significaría mucho. Y por descontado, no olvidará su gratitud. –y aumenta levemente la presión sobre el hombro.
- Le dejo que continúe con su día de bienvenida en su nueva empresa. ¡Ah! ¡Y enhorabuena por el trabajo! –la mujer avanza por el pasillo dejando atrás al Sr. Cocodrilo y al sobre, sin mirar atrás.

El resto del día se siguieron las presentaciones (seguridad, salud e higiene, transporte, calendario laboral, Comité de Empresa…), todos los nuevos comieron juntos en el comedor, intercambiaron breves frases sobre su pasado profesional y sobre sus expectativas puestas en su nuevo trabajo, tomaron café sin ya mucho que decirse, volvieron a mirar las pantallas de sus teléfonos móviles y por la tarde cada uno se reunió con su futuro grupo de trabajo.

Al final de la jordana, la amiga de Snoopy y la muñeca repollo, que les habían acompañado durante todas las presentaciones, no dejaron escapar la oportunidad de preguntarse la una y la otra quién le habría dado aquel sobre al nuevo extranjero, y por qué no se había querido separar de él en ningún momento.

domingo, marzo 10, 2013

Nantes 1: L’arrivée

Llegamos al aeropuerto de Nantes y, en contra de los que nos habían advertido, el cielo está azul y no se observa ni una sola nube. Nuestras maletas aparecen las primeras en la cinta transportadora y justo al salir del edificio de la terminal, un amable taxista nos pregunta que si somos de fuera y que adónde queremos ir.

Hacemos el check-in en el hotel, me entregan una carta que había llegado a mi nombre y tras tomar un par de sándwiches en el bar, nos retiramos a descansar a la habitación. La carta contiene unas amistosas palabras de bienvenida de Soizic, un listado de los pisos candidatos que han encontrado para nosotros y que vamos a ver al día siguiente, una tarjeta con las señas de Soizic que tiene escrito en el reverso “A las 9:00 os recogeremos en vuestro hotel” y una tarjeta con la dirección de su página web y mi usuario y contraseña. Enciendo mi ordenador, me conecto a la wifi del hotel y tecleo en el navegador el nombre de la empresa Transparence. Como Google no encuentra nada relacionado, tecleo directamente la dirección de la página:

https://www.transparence-groupe.eu

Accedo a mi perfil personal que tal y como esperaba, recoge todos los datos que Soizic había confesado tener sobre mi pareja y sobre mí. Además, se recoge la información de los pisos incluida en la carta. Reviso el correo y apago el ordenador. Toca descansar.

***

Desayunamos en abundancia y volvemos a la habitación del hotel para prepararnos cuando llaman desde la recepción; diez minutos antes de lo convenido, nos esperan en el recibidor del hotel.

La sala solamente está ocupada por la recepcionista del hotel y una chica de unos treinta años. Viste ropa cómoda y lleva el pelo recogido en una cola de caballo. Nos mira nada más entrar en el hall y de las que nos dirigimos a ella se levanta y a su vez se nos aproxima.

- Buenos días, ¿Sr. Cocodrilo? -me pregunta sonriente.
- Efectivamente. Buenos días. ¿Soizic?
- No, lo siento, me temo que ella no ha podido venir hoy. Pero no se preocupen, estoy totalmente al corriente de su perfil y del tipo de piso que buscan y tengo preparada toda la visita. Confíen en mí. Mi nombre es Ekaterina, pero pueden llamarme Kate. -inclina la cabeza hacia la derecha y sonríe como si salir a pasear con nosotros en la lluvia fuera el mejor plan que jamás pudiera imaginar.

Nos subimos al coche y de la que arranca suena un disco de Dominique A. Por la expresión de mi cara se debe deducir que lo reconozco.

- ¿Le gusta, Sr. Cocodrilo? Pensé que lo conocerían -y nos sonríe de una forma tan dulce que un escalofrío me recorre toda la espalda.

Kate conduce como si hubieran cortado todas las calles de la ciudad para nosotros, y uno pensaría que así es. En todas las vueltas que damos alrededor del centro de la ciudad apenas nos encontramos tráfico, y tampoco los semáforos parecen poner oposición a nuestro avance. Esto nos permite ver en escasas cuatro horas nada menos que ocho pisos. Todos ellos similares, todos ellos tal y como habíamos deseado: soleados, con terraza, suelo de parqué, dos dormitorios, situados en calles tranquilas, con vistas a zonas ajardinadas; resultará difícil decidirnos. Entre cada visita, Kate nos va presentando la ciudad y nos va indicando los sitios que más nos puedan interesar: cines en VO, salas de conciertos, mercados de comida fresca, piscinas municipales, médicos de todo tipo. Finalmente, nos propone hacer una breve parada para invitarnos a comer (por supuesto, corre a cargo de su empresa, nos indica).


Sentados cómodamente en una de las mesas de la lujosa La cigale, Kate sigue llevando el ritmo de la conversación y nos hace un breve repaso de todo lo que hemos visto hasta el momento. A los postres, nos anuncia que tiene una pequeña sorpresa preparada para nosotros. Aguanta el tiempo lo suficiente como para que la intriga se dibuje en nuestras caras y continúa:

- Veréis -a estas alturas del día ya nos tutea -nos queda un último piso que ver, que no está en la lista. En principio está en un edificio un poco antiguo, y puede que no se ajuste a la idea que teníais antes de venir, pero nos entró la oferta a última hora y nos decidimos a incluirlo en las visitas aunque no tuviéramos tiempo de consultároslo. Espero que no os parezca mal. Además, está muy bien de precio. -nos mira divertida esperando nuestra respuesta.
- Por supuesto Kate, no nos importa en absoluto visitarlo. -digo tras un breve intercambio de miradas mi pareja. -“¡Bien! Ya veréis, os encantará” añade ella, y coge el último macaron del plato que nos habían servido.

***

Nos encontramos frente a un edificio de esos típicos de París, con cuatro plantas más un ático abuhardillado, ventanas altas, solemnes, de piedra arenisca y techo gris oscuro, metálico. No abundan mucho por Nantes. Entramos y subimos al tercer piso en un antiguo ascensor de madera, de esos que por puertas tienen unas rejillas que hay descorrer para poder salir. Seguimos por un pasillo estrecho enmoquetado hasta el piso 311 y entramos.

Los techos del piso están a unos tres metros de alto, hay tres dormitorios, salón, dos baños y una cocina unidos por un extraño pasillo serpenteante. Armarios empotrados casi en cada rincón y, sorprendentemente, una cocina totalmente nueva y equipada. Por lo demás, el único mueble que tiene la casa es una lámpara de araña en el salón. Al darnos la vuelta tras observar la calle desde la terraza, nos encontramos con una vieja señora en medio de la habitación. Damos un respingo y ella se ríe divertidamente y saluda a Kate.

- ¡Hola cielo!
- ¿Qué tal señora Castevet? ¿Cómo se encuentra?

La conversación se desarrolla de forma que aprendemos que estamos viendo este piso gracias a que la señora Castevet ha avisado directamente a Kate, a quien conoce desde hace años por ser amiga de sus abuelos. Nos explica que el edificio, aunque viejo, está en muy buenas condiciones porque el casero se preocupa mucho por ellos a pesar de lo bajo que les mantiene el alquiler. “Seguro que se trae negocios sucios…” nos dice, y se ríe divertida de su propia ocurrencia. Resulta que el edificio pertenece por completo a la misma y desconocida persona y curiosamente, todos los inquilinos trabajan o han trabajado en Transparence. En nuestro caso, me explica Kate en un momento que la amable señora Castevet está enseñando no sé qué a mi pareja, estarían dispuestos a hacer una excepción debido a nuestra estabilidad económica.

- ¿Para que la necesitan, si el alquiler está tan bajo? -digo con ironía, pero a Kate parece no divertirle y me mira con gesto extrañado. No me responde.
- Bueno, está claro que no tenemos mucha elección, nos has traído a un candidato ganador. -añado, para intentar cambiar la expresión de Kate. Y lo consigo. Me pone una mano en el hombro y me dice:
- Me alegro. Es una decisión excelente.

***

Ya en el hotel, descansando y poniendo nuestras impresiones en común, mi pareja me relata la extraña conversación que tuvo con la entrañable señora Castevet. Ella se quejaba de que quizás el piso era demasiado grande para nosotros por tener tres dormitorios. La señora Castevet le quitó importancia en seguida y añadió “además, ¿no tenéis niños?” y ante la respuesta negativa de mi pareja añadió:

- Bueno, no pasa nada. Este es un buen sitio para tenerlos. Como en el edificio somos todos gente ya mayor, no hay niños pequeños que correteen por los pasillos y se les echa de menos. No te preocupes, os cuidaremos bien. Os ayudaremos en todo lo que os haga falta.

Que la señora Castevet se frotara las manos de forma nerviosa de la que le dijo eso, no ayudó a que mi pareja sintiera un ya familiar escalofría recorriéndole la espalda.

miércoles, febrero 20, 2013

Nantes 0. La préparation

- Buenos días.
- Buenos días, ¿quién es?
- Hola, verá. Le llamo de parte de su empresa. Nos han contratado para que organicemos su colocación en Francia y su partida de España. Yo me llamo Soizic y me pongo en contacto con usted para explicarle las condiciones del traslado.
- Hmm… Perdone, ¿cómo ha dicho que se llama?
- Soizic.
- .
- Soizic, se pronuncia “Suasic”.
- ¡Ah, gracias! OK, Suasic, dime.
- Pues como le decía, nos ponemos en contacto con usted debido a que su empresa nos ha informado de sus intenciones de mudarse a Francia. Nuestra tarea será facilitarle esta mudanza a través de una serie de servicios que si me permite, me gustaría explicarle.
- De acuerdo.
- ¿Está ocupado ahora? ¿Le vendría mejor que habláramos en otro momento?
- No, no, Suasic, ahora me viene bien. Dime.
- Bueno, pues nuestro trabajo comienza por identificar sus necesidades y gustos. Sólo de esta forma podremos asegurarnos de que le estamos ofreciendo el servicio adecuado. Para ello, me gustaría confirmar con usted algunos datos suyos que tenemos en nuestra base de datos.
- ¿Datos míos?
- Sí, sí. Pero no se agobie… Jeje… Son en su mayoría datos fiscales que su compañía nos ha facilitado.
- Ah. Bueno, adelante pues.
- #Nombre, #Dirección, #Fecha de nacimiento, #Correo electrónico, #Puesto de trabajo, #Salario, #Años de experiencia laboral… ¿Correcto?
- Sí, sí. Todo correcto –Perfecto, seguimos.
- Se muda usted a Nantes. Bien. Bonita ciudad.
- Gracias Suasic.
- Le gustará, seguro. Y viaja usted con pareja, ¿correcto?
- Eh, sí.
- Perfecto. Ahora, si me permite, me gustaría repasar con usted los datos que tenemos de su pareja.
- ¿Cómo? ¿Tienen datos de mi pareja? Pero si en mi empresa no los tienen…
- Ya, bueno, pero como le he dicho, nuestro trabajo consiste en facilitar lo máximo posible su adaptación y la de su familia a su nuevo hogar. No se preocupe, se trata sólo de información de carácter genérico. Confíe en mí.
- Además no estamos casados. ¿Qué información tienen?
- Tan sólo se trata de información de carácter general. Se encuentra en nuestra base de datos, y le aseguro que además de su carácter genérico y nada comprometido, el uso que nuestra empresa pueda hacer de ella es estrictamente confidencial y para su único y exclusivo beneficio. No tema, se lo aseguro. ¿Me permite contrastarlos con usted?
- Bueh…
- #Nombre, #Dirección, #Fecha de nacimiento, #Correo electrónico, #Puesto de trabajo, #Salario, #Años de experiencia laboral… ¿Correcto?
- Aha.
- Bien. Sigamos. Ahora que hemos confirmado estos datos de carácter general, me gustaría comentarle algunos factores que pueden condicionar la búsqueda de vivienda en Nantes y que hemos tratado de deducir a partir de sus perfiles patrón. ¿Le parece bien que continúe?
- Eh, sí, sí, claro. ¿Perfil patrón? Bueno, sigue por favor.
- Gracias. Bueno, al ser una pareja joven, hemos supuesto que entre sus aficiones y gustos podemos incluir: andar en bicicleta, salir de bares; música, con una leve preferencia a la música alternativa o independiente de habla inglesa, sin olvidar a grupos españoles como Sr. Chinarro o Nacho Vegas; leer, sobre todo escritores norteamericanos del siglo XX como Delillo o Palahniuk o Easton Ellis sin olvidar, claro está a algunos escritores españoles como Marías o Mendoza; televisión no mucha, pero en su caso sí que disfruta de la fórmula uno y su pareja, bueno, podemos decir que siente predilección por el cine social y los programas concurso; por supuesto, lo sabemos, detestan los realities; en cuanto a la comida, entendemos que como pareja joven que sois, disfrutáis tanto de la comida tradicional de la región como de la comida internacional más en boga, como pueda ser la japonesa (prefiriendo los nigiris a los makis, y el salmón al atún, entendemos), la ya casi tradicional italiana e incluso algunas propuestas más novedosas como la peruana (y los ceviches de pescado) o a la india. ¿Correcto?
- .
- OK, sigo. En cuanto al deporte, hemos deducido que su pareja prefiere ir a la piscina debido a sus crónicas aunque leves problemas de espalda y cuello. Por su parte usted, debido a una clara pseudoartrosis en el escafoides de la mano izquierda mal diagnosticado, no creemos que quiera volver a practicar deportes de raqueta y el footing se plantea como una ventajosa opción (además de la piscina, claro está). Es por eso que buscaremos un piso cercano a un parque o a una zona habilitada para la práctica de ejercicios de mantenimiento como caminar o correr. Además, sabiendo que tienen familia tanto en el norte de España como en el sur, les interesará tener fácil acceso tanto al aeropuerto como al ferry, desde el que podrán tomar la famosa autopista del norte. Sabemos que no tienen niños, pero tampoco es algo que podamos descartar. Veamos que tengo anotado por aquí… educación laica, pública… perfecto, esto no supondrá problema alguno. ¿Está de acuerdo con la hipótesis que nuestra empresa ha realizado hasta ahora?
- Aha.
- Estupendo. Creo que entonces estamos en condiciones de comenzar la búsqueda de un piso que se ajuste a sus requisitos y gustos. Confíe en nosotros, sr. Lagarto. Nuestra empresa hará todo lo posible por encontrarle un hogar que se adapte a sus requisitos y preferencias.
- Suasic, ¿puedo hacerte una pregunta?
- Por supuesto. Dígame.
- ¿Cómo se llama “vuestra” empresa?
- Pues verá, no solemos comentarlo con nuestros clientes, pero por ser usted uno tan especial, haré una excepción. Nuestra empresa se llama “Transparence”.
- ¿En serio? ¿“Transparence”? ¿Qué sois, la empresa del villano de una película de James Bond?
- Más o menos. Por cuestiones de publicidad cuando actuamos en sus películas adoptamos el nombre de Spectre.
- Suasic, creo que me estoy enamorando.
- No se preocupe, a muchos clientes les ocurre, estoy acostumbrada. Es un placer para mí ayudarle en todo lo posible. Todo.