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domingo, enero 31, 2016

Propósitos para 2016

Venía a decir el otro día que eso de hacer listas de propósitos de lectura a principios de año no tiene mucho sentido... Así que, siguiendo esa línea argumental (o no), vuelvo aquí con una propuesta de lista de lecturas para este año, o para cualquier otro, puesto que la lista no propone títulos concretos.

Sí, ya lo sé, en Verne ya mostraron que todo el mundo hace listas de estas. La mía estaba en mi mente ya antes, pero eso no lo puedo demostrar.

Como pasa con todas estas listas, el objetivo es simplemente el de vestir de reto una ambición personal de abrir cada año un poco más mis lecturas. No es una obligación ni una imposición. No puedo ganar o perder. Tan sólo puedo leer un poco más, o no.

El objetivo es leer, cada año, al menos un libro que cumpla una de estas características. Un solo libro puede cumplir varias.
La lista:

- Un ensayo
- Un libro de divulgación científica
- Un clásico universal (traducido o no)
- Un clásico escrito en lengua castellana
- Una novela escrita por una mujer
- Una novela escrita por una persona de color
- Una novela norteamericana del s.XX
- Una novela europea del s.XX
- Una novela decimonónica
- Una novela negra
- Una novela de ciencia ficción
- Una novela de un autor que no haya leído antes
- Un libro en francés
- Un libro en inglés

martes, enero 12, 2016

Ruta alternativa

Todos los años hay que plantearse nuevos retos, nuevos objetivos que den sentido a los 365 días que nos quedan por delante antes de poder decir que otro año se ha ido y que ya no volverá. Hay que hacerlo. Es lo que hay. Yo hice mi reto a principios de 2015 y este es el resultado: 


Poco más del 50% de mis objetivos cumplidos no parece un buen balance. Puedo "maquillar" las cifras añadiendo otras dos lecturas que no estaban previstas al principio:

"El marciano", de Andy Weir
"Retorno de las estrellas", de Stanislaw Lem

O puedo simplemente reconocer que la primera mitad del año encontré excusas para no seguir la ruta prevista y la segunda mitad tuve que tomar una ruta alternativa:

"Le bébé est un mammifère", de Michel Odent
"Bésame Mucho", Carlos González
"Dormir sin lágrimas", de Rosa Jové
"Duérmete niño", de E.Estivill y S. de Béjar
"Les secrets d'une charmeuse de bébés", de Tracy Hogg

Moraleja: ¡Tirad el gps a la basura!

martes, julio 28, 2015

THX 1138, de George Lucas

Hubo una época en la que George Lucas no era conocido como el padre de la última mitología moderna, ni como el hombre que revolucionó la industria del cine, tanto desde el punto de vista comercial como el de los efectos especiales, por poner dos ejemplos dispares. Hubo una época, que quizás no duró mucho, en la que al bueno de George lo debían de conocer como “mira al chaval ese y recuerda su cara, algún día todo el mundo sabrá quién es”. Y fue en esa época en la que rodó su primer largometraje, la fantasía distópica de THX 1138.


miércoles, febrero 04, 2015

Capas

Avanzo por la carretera, es veintiuno de diciembre y voy rumbo a Calahorra. Parece que han reservado la autopista sólo para mí. Avanzo por una carretera perdida y no sé si estoy perdido. El único ruido es el de mi motor y la única luz la de mis faros.


domingo, enero 04, 2015

domingo, noviembre 16, 2014

Interstellar, un Nolanazo

En un día cualquiera, en la sala de proyección de un estudio cualquiera de Hollywood:

Asistente: ¡Christopher, ven, rápido! ¡Alguien ha parpadeado una vez viendo tu nueva película!

C.N: ¿¡Cómo!? ¡Eso es imposible! ¡Con toda la intensidad que le puse! Y el drama y la emoción y la acción… ¡No lo entiendo! Tendremos que rehacer la película y poner diez minutos más de lágrimas, habrá que subir el volumen un poco más y el personaje principal tendrá que tener un drama interior aún más doloroso que lo impulse a seguir adelanta con su misión: salvar a la humanidad. No, ¡esperad! ¡Ya lo tengo! Su misión será… ¡Salvar al universo!

Así debe de ser, más o menos, un día cualquiera en la vida de Christopher Nolan. La lucha de un hombre frente a la humanidad que se interpone entre él y su nueva película, en la que el protagonista, arrastrando una carga emocional pesada como un barco, hace frente a sus miedos interiores y a los problemas exteriores para salvar al mundo entero.

La diferencia es que esta vez la historia transcurre en el espacio (naves espaciales thumbs up!), y en lugar de un Christian Bale batmanizado el prota es Matthew McConaughey. Michael Cane y Anne Hathaway todavía estaban allí.


sábado, abril 26, 2014

Wall•E, de Andrew Stanton la Miñññ crítica

”Wal•E” (supongo que entre otras cosas) intenta abordar el tema de las relaciones máquina-máquina, explorando la posibilidad de una historia de amor entre un solitario Wall•E y una robot avanzada (y tanto que avanzada), llamada EVE. Quizá el tema no es extraordinariamente nuevo pero desde luego hay hueco para interpretaciones y análisis. Por tanto, nada en contra del tema de la película.

Ahora, esto ya es personal. Andrew, Wall•E, Wall•E, Andrew. Vamos a ver. Para empezar quien coño trabaja recogiendo basura en un planeta abandonado? Bueno, la peli acaba de empezar así que esa te la paso. Pero venga, ahora analicemos fríamente que nos queréis contar en ‘Wall•E’, y como lo contáis. Wall•E, eres un tío melancólico y sensible. Vale. Ya está claro. Ya lo he pillado. Que como me he dado cuenta? Porque soy un tipo perspicaz.




Perdonad, me han venido muchas imágenes a la cabeza, voy a lavarme los ojos con ácido sulfúrico.

sábado, abril 12, 2014

Her, de Spike Jonze. La crítica positiva (y despues la negativa)

Alerta #1 : Post con spoilers.

Alerta #2: Her NO es una película acerca de un hombre que se enamora de su sistema operativo.

Fuimos el otro día a ver en el cine Her, la nueva película de Spike Jonze, habitual del videoclip musical y director de “Cómo ser John Malkovich”, protagonizada por Joaquin Phoenix, Amy Adams (qué buena que es) y Scarlett Johansson en los roles principales.

La película sigue a Theodore, aplicado escritor de cartas personales para la página web BeautifulHandwrittenLetters.com, que vive sólo desde hace cerca de un año tras la ruptura de su matrimonio. Lleva una vida de urbanita con pocos encuentros sociales. No intima con sus compañeros de trabajo, no parece tener contacto con su familia y sus únicos amigos cercanos son un matrimonio que vive en su mismo edificio. Pasa los días del trabajo a su casa, juega a los videojuegos (ocio individual), recibe emails de publicidad y acude ocasionalmente a alguna fiesta. Busca encuentros sexuales a través de Internet: sexo telefónico exprés sin necesidad de contacto real. Y por la calle, todo el mundo va colgado de un pinganillo inalámbrico que hace las veces de ordenador, un Siri avanzado, y es que la historia se sitúa en un futuro cercano e indeterminado.

Ese futuro indeterminado está lo bastante cerca nuestro como para resultarnos conocido, y lo suficientemente lejos como para romper ciertas normas y encontrar la excusa que lanza la historia. Nos resulta conocido en la vida tecnificada, el dominio creciente de las redes sociales en el desarrollo de las relaciones interpersonales y el aislamiento social. Y se acerca a la ciencia ficción con detalles como esa ciudad mezcla de Los Ángeles y Shanghái o esos ipods evolucionados que no son más grandes que un tapón para los oídos. Y luego está Samantha, claro está.


domingo, noviembre 17, 2013

Le Transperceneige, de Jaques Lob y Jean-Marc Rochette


Estaba el otro día en el cine, a punto de ponerme las gafas 3D para ver Gravity (uau!), cuando pusieron este tráiler:


Y al margen del director coreano para una película hollywoodiense, de una Tilda Swinton Tatcherizada, y de una sensación de (ahí va que brutos…), me quedé con que al final de los créditos decía “based on the graphic novel The Snowpiercer”, y en mi vida había oído hablar de ese tebeo. Cosas de la vida, una semana después, rebuscando entre los ejemplares de la mediateca de la empresa me encontré con esto (deberes):


snowpiercer, transperceneige, transglacial, rompenieves

sábado, enero 19, 2013

Los tres estigmas de Palmer Eldritch, de Philip K. Dick

Si el pobre Palmer Eldritch volvió con tres estigmas de sus viajes interplanetarios (brazo robótico, ojos artificiales y dientes de acero, así de dura es la vida más allá del Sistema Solar) el bueno de K. Dick tenía sus propios tres (o al menos sus novelas):
- Realidades paralelas
- Drogas
- Religión

Trilogía de trilogías, escogiendo una de cada: Salud, dinero y amor (¿acaso no son la salud y el amor, a largo plazo, meras realidades paralelas?); sexo, drogas y rock & roll y la santísima trinidad. Dales a todos su merecido, Philip.

Los tres estigmas es una novela un tanto errática… ideas muy potentes aparecen una página y desaparecen a la siguiente sin llegar a cristalizar por completo, en un argumento un tanto irregular protagonizado por unos personajes que no están lo suficientemente desarrollados. Se diría que Philip K. Dick tenía tantas cosas que decir en tan poco tiempo, o con tan pocas páginas por delante o con tan poca paciencia, que no tenía más remedio que abandonarlas una vez las quitaba de su cabeza. Con todo, la novela me parece cojonuda.

Hasta hacer un breve resumen de ella se hace complicado (y un tanto inútil también, pues en Internet abundan). Aún así, ahí va.


El bueno de Palmer Eldritch vuelve a bombo y platillo al Sistema Solar tras años perdido por ahí, gracias a la ayuda de la ONU (que ahora controla todo el sistema) y con un descubrimiento revolucionario bajo el brazo: el Chew-Zi. Una droga (legal, con el visto bueno de la ONU) que amenaza con cambiar a la especie humana y su forma de vida. El slogan ilusiona, cuanto menos:

DIOS PROMETE LA VIDA ETERNA. NOSOTROS LA PROPORCIONAMOS

Esta promesa alegra mucho a los habitantes de las colonias de Marte, cuya mísera existencia sólo se ve paliada por las experiencias evasoras que les permite la droga (ilegal) de moda en la galaxia, el Can-Di, que cada vez les complace menos y les sume en melancólicas depresiones.

Por otro lado, esta promesa preocupa mucho a Leo Bulero y a Barney Mayerson. El primero es el dueño de Equipos P.P., una empresa que posee el monopolio del ocio de las colonias en Marte, la muñeca Perky Pat. Esta se vende acompañada de su novio Walt y un montón de accesorios. Lo bueno de esta Barbie de la vida, es que jugar con ella hasta arriba de Can-Di (cuyo mercado también controla Leo Bulero) permite al consumidor convertirse en la Perky y su novio, y disfrutar de esa vida de ensueño nada comparable a las madrigueras rodeadas por el desértico paisaje marciano. Negocio asegurado para Leo Bulero y un incordio para la ONU, que quiere acabar con ese monopolio.

Barney por su parte, lo tiene un poco más complicado. Él trabaja como jefe de consultores pre-fashion de Equipos P.P. en Nueva York. Gracias a su capacidad precognitiva, puede predecir posibles escenarios futuros (esta idea la explotó más aún Dick en la TomCruiseada Minority Report). Divorciado de su mujer, casada ella ahora con un pusilánime y convencido él de que sólo fue feliz en su matrimonio al que sabe que ya no puede volver, inicia un viaje de autodestrucción a ritmo de “a mí todo me la pela, lo que tenga que pasarme que venga a por mí” que le llevará a ser despedido de Equipos P.P. y posteriormente, a ser convocado para ir a las colonias de Marte.

El señor Mayerson es el hilo conductor de la novela. A través de sus ojos conocemos el interior de Equipos P.P., con él viajamos a Marte y conocemos a Anne Hawthorne, la mujer que, junto a la vida en las madrigueras marcianas, servirá de punto de inflexión en la vida de Barney y le hará volver a tomar las riendas de su vida. Anne nos trae la religión, y hace que Barney piense en términos religiosos:

- Vine a Marte porque me equivoqué. –En tu jerga, pensó, a eso se le llamaría un pecado. Y en la mía también, concluyó.
- Le ha hecho daño a alguien, ¿verdad? –preguntó Anne.
Barney se encogió de hombros.

Palmer Eldritch nos trae el Chew-Zi, la revolución. Nos acerca a Dios, o al menos eso nos promete. Su droga, mucho más potente que el Can-Di, no nos proporciona una mera experiencia sensorial a través de una barbie, no nos permite evadirnos de nuestra vida y nuestros cuerpos durante unos simples y breves tres cuartos de hora, no. El Chew-Zi nos traslada a realidades paralelas, durante breves lapsos de tiempo en el “mundo real”, pero durante un tiempo que puede llegar a ser dolorosamente largo en esas realidades paralelas. Puede ser el futuro, puede ser otro planeta u otra realidad. Creada por nosotros o por nuestro subconsciente, lo que no tiene por qué implicar necesariamente que será una experiencia agradable, sino secretamente deseada.

En esos viajes, además, comprobaremos que no estamos solos. Más allá de nosotros, más allá de nuestro propio sueño, una presencia extraña y amenazadora nos acecha e incluso controla en ese mundo. Somos sus prisioneros y dependemos de su voluntad. La experiencia será lo que eso quiera que sea. ¿Se trata del mismísimo Palmer Eldritch? ¿O, por el contrario, se trata de algo más poderoso? ¿Extraterrestre? ¿Divino? No por dios, eso no. Si nosotros no creemos en dios, cómo podemos encontrárnoslo en un colocón. Quién sabe, a lo mejor tan sólo se trata de una forma de vida alienígena, un liquen o incluso un ser intangible, que se perpetúa a través del Chew-Zi, habitando los cuerpos de sus consumidores.

Pero bueno, todo eso son paranoias de Leo Bulero, de Barney Mayerson y de nosotros mismos. Al resto de la gente el Chew-Zi parece encantarle. Es cierto que todos han sentido una oscura presencia pero no le han dado importancia, la experiencia ha sido muy potente, mucho más plena que con el Can-Di y la sucia y rancia de Perky Pat. Oye, ¿qué es lo que te ocurre en la cara? ¿Me preguntas a mí? Sí, sí, a ti. Parece como sí… como si por un momento tus ojos no fueran tus ojos, como si fueran los ojos artificiales de Palmer Eldritch y antes, cuando has sonreído, habría jurado que tus dientes resplandecientes eran de acero, como él. Pero supongo que será la resaca, no creo que te vayan a salir estigmas. Ya te digo tío, qué mal rollo.

Los dos amigos se dicen adiós con la mano, pero ninguno de los dos tiene ya un brazo humano. Son dos brazos robóticos los que se mueven en el aire. El Chew-Zi los ha cambiado (¿contaminado?) para siempre. O eso parece. Dios nos bendiga.


Sexo: Escaso, pero irse a la cama con una mujer llamada Rondinella Fugate tiene que ser la bomba. El desahogo de una integrista cristiana a la puerta de una colonia de Marte también tiene su punto.
Naves espaciales: Colonias en Marte, bases lunares, satélites artificiales habitados orbitando alrededor de la Tierra, viajes a otros sistemas planetarios y encuentros con civilizaciones alienígenas… Nuff said.

jueves, diciembre 20, 2012

¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, de Philip K. Dick

En 1968 Philip K Dick publicó esta novela y catorce años después Ridley Scott hizo una película basada en ella que lleva por título Blade Runner (como bien es sabido), la cual prácticamente borró del mapa el trabajo de Dick. Además, abrió la puerta de la industria del cine para sus novelas y relatos. Desafío Total, Minority Report, Paycheck y A Scanner Darkly entre otros. Pero él nunca pudo ver ninguna de sus obras adaptadas, murió escasos meses antes del estreno de Blade Runner, con lo que nunca podremos saber qué opinión le merecen las diversas adaptaciones de sus textos.

A la novela llegué por curiosidad. Hace años que vi la película original, y hace no tantos años, vi la llamada Director’s Cut. Finalmente, hace menos vi en el cine la llamada Final Cut. ¿Eh? Si os habéis perdido es normal. Resulta que Blade Runner consta de hasta siete versiones (¡) diferentes. De unas a otras se añaden y quitan escenas, efectos especiales, voz en off y tenemos hasta tres finales (con dos argumentos diferentes como base, que le dan un significado bastante diferente a la historia). ¿Por dónde iba? Ah, sí. Que me compré la novela para ver qué diferencias tenía con respecto a la película (y por “la película” me refiero a la versión llamada “Final Cut”).

Al margen de las diferencias y similitudes, la novela quedó parcialmente enterrada por la película, ya que esta se convirtió en un fenómeno de culto. Un fracaso en su estreno en cines, hoy en día es una de las películas más vendidas en formatos domésticos. Con los años, Blade Runner se ha convertido en un mito del cine de los ochenta, de la ciencia ficción y del género negro, y ha marcado un antes y un después para las películas futuristas. Su visión distópica del mundo, la noche y la lluvia, la ciudad híper-desarrollada, los coches voladores, la música de Vangelis, la soberbia actuación de un malo que no lo es tanto (Rutger Hauer, que literalmente se merienda al protagonista, Harrison Ford) y su mítica frase final:

Yo he visto cosas que vosotros no creeríais. Atacar naves en llamas más allá de Orión. He visto Rayos-C brillar en la oscuridad, cerca de la puerta de Tannhäuser. Todos esos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia. Es hora de morir.

Todo esto, parcialmente extraído de la novela original y parcialmente creado ex profeso, constituye un duro rival para el texto, ¿o no? Vaya por delante que no intento demostrar que una versión sea mejor que la otra. Entiendo que ambas son compatibles y ambas gozan de sus virtudes y defectos. Tan solo las comparo para mostrar qué encontré en la novela que no esperaba. Por cierto, a partir de ahora, spoilers a tutiplén.


¿Sueñan los androides…? plantea varios temas, recurrentes en la obra de Dick, que no se ven reflejados en la película como la religión, la búsqueda de la realidad y las drogas. Algunas variaciones en el desarrollo de la historia y algunos cambios de personajes permiten que el protagonista, Rick Deckard, vaya por un camino u otro, y la historia cambie de perspectiva y puntos de interés.

En la novela, Deckard está casado y vive una vida anodina y aburrida, al igual que su mujer, Irán. Tan sólo conocen dos formas para evadirse de su propia realidad:
- Las drogas (preferidas por él), que se pueden obtener de forma legal y en el propio hogar, a través de la “consola del organismo de ánimos”, un dispensador de sustancias que cambian el estado de ánimo de los humanos a demanda (cientos de estados de ánimo disponibles a un clic de distancia).
- La religión (preferida por ella), presentada bajo una forma futurista llamada Mercerismo, cuyo profeta Wilbur Mercer se comunica directamente con sus seguidores a través de un dispositivo llamado “caja de empatía”, que permite a los usuarios entrar en contacto con él y con las conciencias de otros feligreses.

Por otro lado, ambos comparten –al igual que el resto de la sociedad terrestre- una pasión desaforada por poseer animales domésticos, símbolo de prestigio social donde los haya, dependiendo del tamaño y la rareza del animal.

La vida en la Tierra se ha hecho prácticamente inviable debido a una guerra mundial que lo ha devastado todo. Casi todas las especies animales han desparecido total o parcialmente, y los humanos han tenido que emigrar a otros planetas como Marte.

Las formas artificiales de vida han evolucionado enormemente, y mientras en la tierra quien no puede pagarse un animal real (Deckard y su esposa tienen una oveja eléctrica, casi indistinguible de una oveja real), a cada humano que parte como colono a otro planeta, se le asigna un androide que le acompañe y pueda realizar los trabajos más duros. Unos de ellos, pertenecientes a la generación Nexus 6, casi indistinguibles de los seres humanos (por fuera y por dentro, pues son seres biomecánicos), se han revelado en Marte, han matado a varios humanos y han vuelto a la tierra. Deckard, cuya profesión es terminar con estos “andrillos”, trata de darles caza puesto que es un cazar recompensas; cobra por androide retirado, y necesita dinero.

Deckard, hastiado de su vida, de su profesión, de su mujer y sobre todo de sí mismo, sufre una profunda crisis de identidad durante la caza de estos androides, puesto que llega a empatizar con ellos. Hasta ese punto, no consideraba que su profesión implicara el asesinato, puesto que “retiraba” androides. Al empatizar con ellos (admirar la bella voz de una de ellas o desear sexualmente a otra, a Rachael), surge la inevitable cuestión que también se dibuja en la película (aunque de forma más dramática, pues se sugiere que el propio Deckard es un androide): “¿qué significa estar vivo?” o, desde un punto de vista más religioso (relativamente apropiado para la obra de Dick), “¿dónde reside el alma?”

¿Alguna vez has hecho el amor con una androide?

Eso sí, el planteamiento del señor Dick va un poco más allá del de la señorita Mariló Montero. Aquí no hablamos de trasplantes de bazo. Más bien, nos preguntan si una forma de vida artificial puede llegarse a considerarse (llegado a un caso de perfección extrema) tan válida como la biológica. También nos plantean, aunque más sutilmente, la cuestión de si nuestros sentimientos (pasión, deseo, amor, odio…) tiene la misma validez si se refieren a un ser artificial o a uno natural.

Se preguntaba cómo sería besar a una androide. Y se inclinó a besar los labios secos de Rachael. No hubo reacción; ella quedó impasible, como, si no le importara. Y sin embargo él sentía que no era así. O tal vez fuera solamente lo que habría querido…

La película, por su parte, parece que cae un poco más del lado de los androides, y en lugar de preguntarse por las relaciones de los humanos con/hacia ellos, plantean cuestiones aplicables a los androides mismos. ¿Pueden sentir igual que nosotros? ¿Es lícito que formas de vida artificial amen y odien? ¿Es siquiera posible?

Personalmente, aunque la película me siga pareciendo imprescindible, prefiero el matiz de la novela; el de la película se me hace demasiado alejado, quizás. Me quedo con las cuestiones que Dick plantea una y otra vez en sus textos: Asumiendo que la vida no tiene ningún propósito, ¿hasta dónde podemos llegar para hacerla plena? ¿qué sentimientos son válidos y cuáles no? O, dicho de otra manera ¿qué sentimientos son reales y qué sentimientos son falsos?

Sospecho que Dick, como todo buen misántropo que nada bueno espera del futuro de la sociedad humana y sólo la evasión de la realidad parece calmarle, en el fondo sabía que, para bien o para mal, que esto salga bien depende única y exclusivamente de los humanos mismos. Porque no hay nada más.

- Todo es verdad –dijo Rick. – Todo lo que las personas han pensado alguna vez.

Sexo: No muy detallado, pero con androides. Las prácticas sexuales exóticas siempre suman.
Naves espaciales: ¿Bromeáis? Por todas partes. Coches voladores (valen igualmente), colonias en otros países del sistema solar… Una sociedad como dios manda.

jueves, noviembre 08, 2012

Neuromante, de William Gibson

Resulta que una pandilla de amigos en la Universidad de Columbia, allá por el final de la Segunda Guerra Mundial, se sentó a una mesa y acordó darle un vuelco a la literatura de aquel siglo. Algunos de ellos se llamaban Ginsberg, Kerouac y Burroughs, su movimiento se llamó Generación Beat y, recogiendo todo lo que pudieron de la contracultura y del “Underground”, condicionaron para siempre a cualquier escritor que surgió tras ellos.

Más de treinta años después, William Gibson y otros 4 amigos (a quienes dedica Neuromante), en otra mesa, con el término “ciberespacio” rondando por ahí, crearon el Ciberpunk. Distopía, postmodernismo, género negro, y de telón de fondo una sociedad híper-tecnificada (Internet-antes-de-Internet, IA’s, biotecnología, estaciones orbitales, realidad virtual). Héroes atrapados en mundos virtuales, con serios problemas en el mundo “real”, la puerta al otro lado, Ballard, Orwell, Chandler, Lem y los beats.

Neuromante puede no estar escrita de forma ejemplar (pecado común en la ciencia ficción), pero el mero hecho de descubrir este libro casi treinta años después de su publicación produce una cierta inquietud. ¿Tan retrasado voy? Esta novela se puede leer como ciencia ficción hoy en día, en un mundo en el que Internet es una realidad y no un concepto, la ingeniería genética abre camino a diario y vivimos en algo llamado “era Digital”. ¿Pero en 1983? En ese año en España llevábamos tricornio, no teníamos autopistas, la televisión en blanco y negro era común, sólo teníamos dos canales y reproductores de CD’s sólo había en casas de “ricos”. No puedo ni imaginar el impacto que pudo suponer leer esta novela entonces, y tampoco puedo imaginar la sensación de Gibson al comprobar que el mundo real se acerca, en cierta medida, a su mundo inventado.

Hoy en día, aunque sigue resultando reveladora, se ve como una propuesta mucho menos arriesgada de lo que en su día tuvo que ser. Pero que no se me malinterprete, sigue siendo ciencia ficción vigente (no como la Naranja Mecánica, por ejemplo, distopía en vena veinte años anterior, pero hoy en día un mero reflejo de una parte de la realidad), y buena. Mezclada además con el género negro, mantiene un ritmo entretenido, acumulando Cliff-hangers capítulo tras capítulo (sin llegar a cansar, querido amigo Dan Brown) y estallando en el momento justo, revelando toda la verdad que el lector necesita y ocultando lo que el lector desea.


¿Pero de qué va Neuromante? Pues va de lo mismo que la mayoría de las historias. Narra la historia de un pusilánime, un ser humano común y corriente, incapaz de hacer frente a su propia vida, y que sobrevive esperando a que la vida elija por él. Unos lo llaman destino, durante más de dos mil años muchos lo han llamado dios, y en Neuromante lo llaman IA (Wachowskis, brother and sister, ahí en su rincón recopilando ideas para Matrix), pero tanto da.

La vida raras veces te deja escoger entre “A” o “B”. Nuestra rutina suele ser más bien binaria, y los cruces que se nos presentan suelen ser del tipo “A” o “No A”. Así, nuestras vidas posibles –el conjunto de las que podían haber sido y la que realmente está siendo- se dibujan como líneas ramificadas, como tallos de plantas salpicados con bifurcaciones (muchas veces menos de las que nos podamos imaginar), en los que es raro encontrar nodos de los que partan 3 ramales (“A”, “B” y “No A y No B”).


En el caso del protagonista de Neuromante, comme d’habitude, su vida se dibuja sobre los ramales del conjunto de sus vidas posibles con una línea roja y gruesa antes de que los sucesos tengan lugar. Un camino crítico marcado desde el principio pero que él desconoce. Son el resto de personajes de la novela los que trabajan en la sombra para que se cumpla ese camino ya predicho. Case, el protagonista, no tiene más que dejarse llevar; esperar a que en cada cruce, una flecha grande se le dibuje en medio de su mente y le indique el camino a seguir.

“Night City era como un perturbado experimento de darwinismo social, concebido por un investigador aburrido que mantenía el dedo pulgar sobre el botón de avance rápido.”

Ya, todo esto suena muy mesiánico. El destino, la vida ya escrita, nuestra existencia se debe a un propósito ya definido por un ser superior y todo eso… Pero claro, en la novela todo esto no está orquestado por señor barbudo que vive en las nubes, ni por una pirámide con un ojo brillante encima ni, mejor aún, hay redención final. No. Como dice mi jefe: “¡Te jodes!” ¿Dónde está la diferencia? Pues en que son los humanos los que escriben su propio destino. Aunque no siempre escribamos el nuestro, sino el de otros, no dejan de ser humanos escribiendo el destino de humanos. Hormigas obreras cumpliendo un guión preestablecido por hormigas reinas que, que lejos de ser seres divinos poseedores de poderes sobrehumanos que les permitan decidir qué debemos y qué no debemos hacer los demás, se mueven por los mismos impulsos que el resto. Poder, sexo, amor, soledad…

Un plan establecido por alguien que no tiene un plan establecido, y ni siquiera es consciente de que lo debe tener. Una familia rica con más poder del que pueda manejar, corrompida generación tras generación, venida a menos en espíritu pero manteniendo un poder que les permite controlar las vidas de terceros sin tener que pagar un precio moral por ello.
“Poder, en el mundo de Case, significaba poder empresarial. Los zaibatsu, las multinacionales que determinaban el curso de la historia humana, habían superado las viejas barreras. Vistas como organismos, habían conseguido una especie de inmortalidad. No podías matar a un zaibatsu asesinando a una docena de ejecutivos importantes; había otros que esperaban para ascender un nuevo peldaño, hacerse cargo del puesto vacante, acceder a los vastos bancos de memoria empresarial.”

Al igual que ROGELIO acabó con su creador Emeterio, Gibson utiliza los atrezos del ciberespacio, las computadoras y las redes virtuales para contarnos la historia de siempre. La obra acaba con el maestro. O para que todos nos entendamos: El Capitalismo acabó con el hombre. Ala hijo, hazte postmoderno y medítalo.


Ya para terminar, dos comentarios finales. Hay una breve línea que separa una novela de una obra maestra, y esa línea está flanqueada por dos guardianes: sexo y naves espaciales. Si ellos no están de tu lado, tu novela no pasará del premio Planeta nunca jamás.

Sexo: Neuromante tiene poco pero del bueno (“Ella le respondió estirando la mano hacia atrás, metiéndosela entre los muslos y sujetándole suavemente el escroto con el pulgar y el índice. Se balanceó allí un minuto en la oscuridad; erguida, con la otra mano en el cuello de Case. El cuero de los pantalones crujía débilmente. Case se movió, sintiendo que se endurecía contra el acolchado de goma espuma”). Una de los detalles que más me gustó, fue la tenue y disimulada carga sexual del libro. Levemente insinuada, pero de alguna forma siempre presente.

Naves espaciales: De las buenas. Estaciones geoestacionarias con comunidades de ciber-hippies y también una colonia para ricos, una especie de “Las Vegas” espacial, con la forma de un Cilindro de O’Neill (una estación espacial con un sistema de 2 cilindros coaxiales que giran en sentido opuesto y generan gravedad artificial). De aquí a la eternidad.

miércoles, mayo 23, 2012

Es un tema de prioridades

No debería estar escribiendo estas líneas, pero bueno, aquí estoy. Al fin y al cabo, será mejor que vaya dejando un texto de despedida por lo que pudiera pasar… No, no debo pensar en ello, eso tan sólo me fatiga y desconcentra. Al grano.

Sé que poco a poco he ido dejando de lado todas las tareas que se supone debía hacer día a día pero, ¿qué otra cosa podía hacer? En el trabajo no lo entienden. Primero les dije que estaba enfermo. Aunque no quería preocuparlos, prefería eso a tener que revelar la verdad. Al principio no pusieron problemas, pero poco a poco comenzaron a desconfiar y a preguntar demasiado y a inmiscuirse en mis asuntos, así que no me dejaron otra elección. Les dije que dejaran de contar conmigo.

En casa las cosas tampoco iban mucho mejor. Mi compañera de piso se preocupó, así que tuve que revelarle (parcialmente, eso sí) el verdadero motivo que me retenía aquí. No puedo decir que no me lo esperara, pero el caso es que pronto dejé de sentir su apoyo. Con mis amigos resultó más fácil, simplemente les pedí que dejaran de intentar contactar conmigo, al menos hasta que yo diera señales. Para eso están los amigos, ¿no? Ellos sí que saben dejarle a uno tranquilo cuando deben, y no piden más explicaciones. En casa las cosas no mejoraron.

Primero me echó en cara que dejara de trabajar. Le expliqué en vano tantas veces como me fue humanamente posible la importancia de este proyecto. Ella insistía con sus vagos argumentos… que si era una fantasía, que si tenía que tratar de ser realista… pero yo estaba demasiado ocupado como para atender a sus súplicas y enfados. Más adelante me reprochó que tampoco “ayudara” en casa. Ja. Me resulta sorprendente que no comprendiera la importancia de mi misión, y no me gustó que no mostrara ninguna intención de apoyarme. “Es un tema de prioridades”, le dije. “Y en estos momentos mi prioridad es salvar el mundo.” Le expliqué que formábamos un equipo y que contaba con ella para suplirme en todas esas tareas “domésticas” tan importantes. Me llamó malcriado.

Afortunadamente después de aquello dejó de molestarme, lo cual agradecí, pero la estabilidad duró poco. Con la clara intención de llamar la atención, y sin mostrar ninguna voluntad por comprender la importancia de todo esto, decidió irse de casa. Creo que me dejó una nota, pero no la he leído aún (como para leer “notitas” estoy yo ahora…) Al marcharse intentó abortar todo su plan, en una clara muestra de debilidad y poniendo las cartas sobre la mesa: lo único que quería era llamar la atención. Le dije que tenía que concentrarme en mi trabajo, me insultó. Le dije que se acordara de Ender y me dijo algo que me dolió… me dijo “¡Despierta! O crece, ¡me da igual!” Esas fueron las últimas palabras que le escuché.

Tengo que admitir que aunque el nivel de suministros ha bajado desde que estoy sólo, se trabaja mucho mejor. Puede que esté descuidando mi dieta, y no sé por cuánto tiempo me durarán las galletas de las que me estoy alimentando, pero no me queda otra. He de resistir hasta el final.

Obviamente he tenido que cortar todos mis lazos con el mundo exterior. A Ender le pasó lo mismo. No sólo estoy hablando del trabajo, los amigos y mi compañera de piso, también he tenido que cortar lazos con cualquier otra tarea que pudiera entretenerme. Así, el otro día me llamó mi amigo Don. Estaba muy nervioso. Me preguntó si había visto a Meg, que él la había perdido en una estación de servicio a medio camino de Canadá. Le dije que no se molestara, pero que no estaba yo para sus chiquilladas. No sé quién de los dos colgó antes. A los pocos días me llegó una carta de Downton, Inglaterra. El señor Crawley me hacía saber que estaba muy contento por la recuperación de su joven sobrino Mathew, pero que dormía intranquilo. Sus hijas le quitaban el sueño. Todavía no le he respondido ni creo que lo haga, pero seguro que él me comprende. Él también es un verdadero soldado. Más cosas… ah sí, también he tenido que cortar lazos con la AMO. Ni Smiling Jack, ni Seven Moons, ni Shamus Malloy, ni Wild Bill Weber, ni Mott Stocker ni ningún otro. Me traían de cabeza con sus planes para acabar con el mundo y les dije que yo buscaba precisamente lo contrario, salvarlo. Sé que también me comprenden, así que tampoco me preocupa. Sabrán esperarme.

Ya poco más puedo decir, y además estoy cansado. A quien quiera que lea esta nota, espero haberle transmitido que en ningún momento he querido hacer daño a las personas aquí mencionadas, de nuevo todo lo contrario, lo que estoy intentando es salvarlas. Puede que mi acción no parezca heroica, pero tampoco lo parecía la de Ender en un principio. “Un juego” se pensaba él. Ya, pero un juego que nos salvó a todos. Ahora la historia se repite y ya no tenemos a Ender para salvarnos, así que me ha tocado a mí, desconozco el motivo pero no tengo tiempo para plantearme ese tipo de preguntas. Sólo espero estar a la altura. ¿Un juego? Yo creo que no. Hydorah es mucho más.


lunes, abril 30, 2012

¿Sólo es real lo que puedo tocar?

El otro día respondía a una amiga que argumentaba que las redes sociales nos alejan del mundo real, agravan el aislamiento de los individuos, crean inadaptados sociales y, en definitiva, vienen a falsear las relaciones humanas. Yo contesté que, tras haber meditado bastante sobre el tema (aquí y aquí, por ejemplo), había llegado a la conclusión de que las redes sociales no eran más que un vehículo de comunicación. Un vehículo mucho más evolucionado que cualquiera que hayamos tenido antes, pero un vehículo al fin y al cabo. Es decir, que el objetivo final de cualquier usuario de las redes sociales no reside en ellas, sino que alcanza el mundo material. Si ligamos con una persona en Internet, la intención final es conocerla y continuar con la relación cara a cara (tocar cacha a través del skype todavía está jodido). Y si lo que buscamos es el consuelo de un amigo, o el mero contacto con una persona conocida, tan válido me resulta el teléfono, como una carta manuscrita o un whatsapp.

¿Y qué pasa con los inadaptados que se quedan atrapados en el mundo virtual? Pues lo mismo que ha pasado con los marginados en el Instituto toda la vida, que no les ha quedado más remedio que refugiarse en otras realidades para poder sobrellevar su día a día.

En mi opinión, los mundos virtuales no sustituyen al mundo físico, “real”, sino que facilitan la comunicación. Sin embargo para ella, la evasión del mundo real es tal, que el individuo corre el riesgo de olvidarse de su mundo “real” y sustituirlo por el virtual.

Terminé diciendo que las redes sociales no son más que el último eslabón de una cadena enorme de medios que hemos creado los humanos para evadirnos de nuestra “realidad” diaria desde los inicios de los tiempos (entrecomillo siempre “realidad” de forma deliberada, ya que habría que redefinir esa relación entre lo real/virtual que hemos asumido hoy en día), y que yendo hacia atrás tendríamos videojuegos, televisión, radio, teatro, literatura… y así hasta las pinturas rupestres, probablemente. Obviamente, la respuesta final fue que los otros medios no tenían nada que ver, ya que la diferencia entre real/virtual que establecían no era tan radical.

Y es que nuestros argumentos siempre caen en el mismo error: pensamos que nuestro punto es el equilibrio perfecto. Los que vinieron antes (pobres de nuestros padres, que no se divirtieron con los videojuegos) y los que llegarán después (y pobres de nuestros hijos, que están todo el día con el facebook y no sabrán lo que es jugar a la pelota) nunca alcanzarán nuestro equilibrio perfecto.


Al hilo de esta conversación, que podría extenderse durante horas, me topé el otro día con una opinión interesante del autor Jim Dodge. Al final de su recomendable fábula Jop, publicada por Capitán Swing Libros aunque nada tiene que ver con este tema, se publica una extensa entrevista que le hace el periodista y novelista Kiko Amat, en la que se tocan varios temas y de la que me permito rescatar esta pregunta (la negrita es mía):

Kiko Amat: Me gustaría saber tu opinión sobre Internet y las cibercomunidades y todo eso. Vonnegut dijo “las comunidades electrónicas no construyen nada, siempre terminas con nada. Somos animales bailadores”. ¿Estás de acuerdo con esto? ¿Consideras que hay un tipo de interacción humana física que simplemente no puede replicarse en la red?

Jim Dodge: La verdad es que mi posición es una de indiferencia, por ignorancia más que otra cosa. He vivido la mayor parte de mi vida sin electricidad ni cañerías, así que me perdí la excitación inicial sobre el fenómeno y ya nunca me puse a la altura. He leído sobre ello, cómo no, pero no excita mi imaginación ni un poco así, probablemente porque estoy involucrado en el movimiento biorregionalista, y uno de sus principios es que cualquier noción de comunidad debe incluir necesariamente todas las otras formas vivientes del lugar donde vives, así como el paisaje, los ecoprocesos (como el agua y los ciclos de carbono) y las cifras mayores de regulación, como la ganancia solar. Por tanto, por supuesto que estoy de acuerdo con Vonnegut en que las cibercomunidades no son comunidades de ninguna de las maneras en que a mí me emocionan; como mucho, son grupos intelectuales. Para que exista una comunidad verdadera, primero hay que tener un cementerio; y no sólo interacciones físicas entre humanos, sino interacciones humanas en un ecosistema compartido a lo largo del tiempo, e interacciones con el mundo más-que-humano (flora, fauna, agua, aire, tierra y fuego). La existencia comunal es verdaderamente elemental. La palabra virtual significa “en efecto pero no de hecho”, y las cosas que más disfruto de la vida –una tormenta formándose espontáneamente en el Pacífico, cerdos salvajes buscando bellotas bajo los olmos, el sabor del humo de arce en una pierna de venado- todo son sensaciones, los hechos y particularidades de la existencia, y no meras aproximaciones. Me he dado cuenta de forma irrefutable –según mi experiencia- de que cuanto más cerca estoy de la fuente, mayor calidad tiene la información que recibo, y como escritor y ciudadano siempre busco la información de mayor calidad, porque no puedes hacer una buena salsa de espagueti con tomates podridos. Para colmo, cuanto más viejo me hago más me doy cuenta de que no necesito más información, sino sintetizar la considerable información que ya llevo acumulada.

Por otro lado, dejando aparte todos mis reparos sobre lo que es o no es una comunidad verdadera, creo que de todos los profetas de los 60 McLuhan fue el que más cerca estuvo al imaginar el futuro como una aldea global. Veo a la juventud de hoy mucho más abierta a nuevas experiencias, mucho más espontánea, pero mucho menos reflexiva, con lapsos de atención más cortos; trabajando con jóvenes escritores me doy cuenta de que la única moneda cultural común son las películas o la música, no los libros. Por lo pronto sí parece también que los ordenadores han hecho la información mucho más democrática y descentralizada, lo cual es probablemente positivo (leed lo que Jorge Volpi opina al respecto de la opinión de Vargas Llosa sobre la democratización de la cultura), pero me preocupa que al reducir el tiempo de búsqueda de respuestas acabes olvidando el propósito de la pregunta. Parafraseando a Antonio Machado, es bueno saber que los vasos son para beber, pero no deberíamos olvidar qué es la sed.

Notas mentales: Biorregionalismo, McLuhan

martes, abril 24, 2012

Objetivo: Distopía

Las recientes medidas del Gobierno orientadas teóricamente a reducir el déficit español, propuestas en el mes siguiente a la publicación de los presupuestos generales del Estado y antes de su aprobación, marcan claramente la línea de acción del nuevo gobierno. Y esta línea tiene un problema.

El problema no es la apuesta por reducir el déficit. Tampoco lo es el hecho de que estas medidas difícilmente puedan contribuir a reducir la tasa de desempleo española, verdadero problemón del país. (Hay que recalcar que el principal problema de España no es la deuda del Estado y los balances anuales deficitarios, sino la elevada tasa de desempleo. Sin bajar la tasa de desempleo, no hay recuperación posible, y ninguna de las medidas propuestas por el gobierno en el último mes puede ayudar en manera alguna a reducir dicha tasa. Aún así, este no es El problema).

Empecemos por el principio.

La estabilidad de cualquier sociedad, Estado, país o unión de estados depende principalmente de tres factores:

- Igualdad de los ciudadanos ante la justicia.
- Cobertura sanitaria universal.
- Libre y ecuánime acceso a la educación.

No se puede concebir una sociedad pacífica y equilibrada que no se asiente en estos factores, puesto que el incumplimiento de cualquier de ellos produce unas desigualdades que al final se tornan insostenibles. La Declaración de Derechos Universales recoge estos tres puntos (artículos 7, 22, 25 y 26), y aunque no los recogiera, igualmente se sobreentiende que estos principios se encuentran por encima de cualquier ideología política.

Las últimas medidas propuestas atacan principalmente al sistema sanitario y al educativo. Se puede discutir largamente sobre la situación actual de ambos en este país. Hablando de la sanidad, podemos hablar de listas de espera, de patologías que quedan fuera de las coberturas, de excesiva burocracia en el sistema y de desigualdades entre regiones. Sin embargo, no pueden quedar lugar a dudas acerca del más que aceptable funcionamiento del actual sistema. Por mucho que se trate de un modelo mejorable, todos estamos orgullosos de Seguridad Social.

Por otro lado, el sistema educativo nacional arrastra desde hace años ciertas flaquezas. La formación profesional no termina de recibir el prestigio social que merece, ni el apoyo de las instituciones necesario para convertirse en el objetivo de algunos jóvenes. Por su parte, la educación universitaria, aunque económicamente asumible, adolece de una excesiva descentralización, de un peso político en sus organismos de gobierno que lastra el sistema, y de una más que dudosa oferta formativa de calidad en cuanto a ciertas titulaciones se refiere (podríamos decir que el sistema educativo no responde a las necesidades del mercado laboral, y por lo tanto, estamos generando potenciales desempleados). Además, nos estamos enfrentando a una realidad oculta, algo que los medios de comunicación no parecen captar: hoy en día, la titulación universitaria (es decir, el tope de la educación pública, al margen de los doctorados –orientados a una vida profesional de investigación) no es suficiente para acceder a ciertos puestos de trabajo.

Hoy en día se presentan a cada oferta de trabajo miles de personas con títulos universitarios y excelentes notas. Los parámetros diferenciadores de los CV’s son los idiomas (que muchas veces necesitan de experiencias en el extranjero, usualmente más caras que la educación universitaria en el país y sólo parcialmente cubiertas por las becas), o los másteres. Estos cursos, si son de carácter técnico, entran dentro del catálogo de la universidad, pero si lo que se demandan son másteres de gestión, los populares MBA’s, nos tenemos que ir a escuelas privadas, y los presupuestos empiezan en 18.000€ y acaban en los 120.000€. La práctica totalidad de los puestos de responsabilidad en las empresas patrias exigen en el CV la aparición de uno de estos caros estudios post-universitarios, lo que nos deja ante una palpable realidad: los puestos directivos quedan fuera del alcance de personas carentes de medios económicos, independientemente de su valía (y la disminución de los presupuestos de becas no ayuda precisamente). Esto fomenta la perpetuación de una sociedad de clases: crea diferencias.


Pero ahora viene lo bueno. El gobierno actual, una vez ha asumido que las medidas necesarias para sanear la economía española pasan por una subida de impuestos, tenía dos líneas de acción para atacar el problema:

- Subir los impuestos directos
- Subir los impuestos indirectos

Atacando los impuestos directos, se tendrían que haber tomado medidas como gravar las rentas de forma progresiva, mantener el impuesto sobre el patrimonio (que el PSOE quitó y recuperó) y sobretodo, trabajar en medidas que castigaran duramente el fraude fiscal y la evasión impuestos.

Actuando sobre los impuestos indirectos, es decir, gravando el consumo, se puede toca el IVA (subido por el gobierno del PSOE, y que de momento no ha sido modificado por el actual gobierno) y se han tocado las tasas universitarias (un 50% más altas) y el consumo de fármacos. Esto sí que es un problema.

El Estado, por definición, tiene una función de reparto de la riqueza. No es Robin Hood; no se trata de quitar a los ricos bolsos de Louis Vuitton para darles a los pobres viajes en Ryanair. Estamos hablando de repartir las rentas de forma que todos tengamos igualdad ante estos servicios básicos: sanidad y educación. La apuesta radical por gravar el consumo y no la renta, sencillamente aleja a unas clases sociales de otras. El lema de “el que quiera algo que se lo pague” lo podemos emplear para los lujos, para el ocio, pero no para unos servicios tan esenciales. Todo esto no se trata de izquierdas y derechas, ni de PP o PSOE (el propio PSOE ya tomó medidas ciertamente contrarias al pensamiento de izquierdas), se trata simple y sencillamente de gente de arriba contra gente de abajo. Se trata de estrangular a la clase media, se trata de proteger a los ricos y poco a poco convencer a los pobres de su condición, y convencerles también de que no tiene sentido que lo intenten, jamás entrarán. La sociedad no está hecha para ellos o, mejor dicho, la sociedad contemporánea se basa precisamente en que por cada uno que goza de privilegios, nueve trabajen para mantenérselos. Luego hablamos de épsilones y de betas y de alfas, y ya nos metemos en distopías, y parece que divagamos y encima nos dicen que no prestamos atención.

sábado, marzo 17, 2012

Las tribulaciones del catedrático

Pasaba las páginas de El Mundo un día de la semana pasada (es lo que tiene leer el periódico en una cafetería, que te tienes que conformar con lo que te toque) buscando algo que no fuera excesivamente ligero o descaradamente panfletario para leer. Tras pasar demasiadas páginas (oh my god! menos mal que esto era un periódico de centro) me encuentro con que le habían dejado una página enterita al señor Manuel Jiménez de Parga, catedrático de Derecho Constitucional, presidente emérito del Tribunal Constitucional y miembro de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas. Toma ya. Ese era el artículo que quería leer, o eso creía. El título era “El fin de la soberanía nacional”.

Empecé a leer y el señor Jiménez de Parga se quejaba: el poder ya no reside en el pueblo español, como dice nuestra Constitución, porque Bruselas nos “exige” ajustes económicos. Mmm.

Seguí, y el artículo divagaba durante 7 párrafos. Una buena y breve clase de “historia del concepto de soberanía en Europa”. Algo así como:

Blablabalablabla Dios blablablablablabla sistema feudal blablablablablablablablablab lablablablablabla blablabla Rousseau blablablabla Revolución francesa blablabla blablablablablablablablabla blablabla blablablablablabla Alemania nazi blablablablablabla Hitler blablablablablablablablabla blablabla blablablablablabla blablabla blablablablablablablablabla blablabla URSS blablabla blablabla blablabla blablabla apertura de los mercados blablabla blablabla blablabla el auge del turismo y otros fenómenos hasta hoy inéditos en la Historia de la Humanidad.

Hasta que llegué al último párrafo:

“En este momento actual, los gobiernos europeos han de estar pendientes de que sus programas se aprueben por quienes mandan de verdad en la Comunidad. Algo parecido sucede, ante los gigantes todopoderosos, en otras zonas del planeta. Por lo que a nosotros se refiere, dentro de poco se colocará la idea de soberanía nacional en el armario de los recuerdos históricos, junto al feudalismo y -si no se interpreta que exagero- junto al hacha de piedra.

Nuestro horizonte político, en definitiva, está cargado de novedades. En el siglo XXI se convivirá de unas formas por ahora desconocidas.”


Y lo releí un par de veces.

La primera palabra que me vino a la mente fue “autarquía”, y la segunda la había leído en el texto: nazi. Para qué irme más lejos, si el tema favorito de todo Internet estaba al alcance de la mano.

Entropa, de David Černý. ¡Construye tu propia Europa!

No alcanzo a comprender cómo una persona con el bagaje de este señor puede escribir este artículo y dormir tranquilo por la noche. Para empezar, tendríamos que hacer un contra-artículo, en el que explicáramos el concepto de nación, que a mi juicio el tan mal emplea.

Entiendo que existen dos acepciones distintas para el término nación: una sentimental y otra legal. La acepción sentimental nunca me ha gustado, y junto con la religión ha sido (y es) uno de los más dañinos conceptos ideados por el ser humano. OK, hasta aquí ya nos los sabemos. Aunque pueda tener su vertiente positiva (en cuanto a la preservación de las distintas identidades culturales se refiere), en general se ha empleado como elemento diferenciador entre personas y pueblos, y por lo tanto ha sido y es una razón de disputa (es decir, guerra). ¿Soy español?, ¿soy asturiano?, ¿soy gijonés?, ¿calagurritano, quizás? Honestamente: espero que ninguno de los cuatro, aunque al mismo tiempo no puedo negar que todos sean ciertos. El sentimiento nacional propio, por oposición al del vecino, nunca nos ha traído alegrías.

Por otro lado, asumo que la acepción legal del término ha de existir y es necesaria. Lo que no alcanzo a comprender, es por qué el señor Jiménez de Parga limita ese concepto al territorio español. Por un lado resulta obvio, pues lo establece la Constitución, pero esto es una obviedad que no necesita ser escrita ya más veces. Y por otro, escribiendo un artículo sobre el futuro de la soberanía popular, uno esperaría encontrarse con algún tipo de propuesta… no sé… ¿como la de extender el concepto de nación a toda Europa, por ejemplo?

Son muchas las voces que claman contra la unión de Europa en los respectivos países, algo que entiendo como normal, el concepto de acción-reacción nos lo enseñó Newton hace un par de siglos. Pero me ocurre lo de siempre, y es que no deja de sorprenderme escuchar estas opiniones por boca de gente educada, casi erudita, gente implicada en el gobierno de otra gente. Este artículo lo podría firmar algún Le Pen, si no fuera por la clase de Historia que ofrece, la cual imagino fuera del alcance de la saga política francesa.

En estos días, y es algo que he echado de menos en campaña electoral (creo que ya lo he comentado por aquí), es más necesario que nunca hablar de Europa, como concepto y como realidad. No podemos aceptar una unión económica, una unión de mercado, ¡una unión de moneda! y no luchar por una unión de derechos y obligaciones que traten a todos por igual y cohesionen a todos los territorios y ciudadanos implicados. Europa necesita (es decir, los ciudadanos que vivimos en Europa necesitamos) integrarnos en un mismo marco jurídico que responda a la realidad social actual.

No estamos a tiempo de debatir sobre Europa sí / Europa no, señor Jiménez de Parga. Es tiempo de debatir sobre cómo construimos Europa, y conseguimos redefinir su idea de soberanía nacional.

martes, enero 10, 2012

Otro aburrido debate

El otro día me desperté con un curioso regalo en la mesa de noche. Había apuntado en un papel la siguiente frase: “Continuar con el estéril debate sobre la legalidad del matrimonio homosexual es un lastre que impide al hombre llegar a Marte.” Bastante bien. Deduje que la noche anterior, en medio de la duermevela, una repentina inspiración hizo que brotara, aunque ni recordaba haberla escrito ni le encontré mucho sentido al toparme con ella a primera hora de la mañana. A qué vendría eso.

Así que dediqué el día a poner en orden mi cabeza, y a tratar de adivinar qué me había provocado escribir esa frase en pleno sueño y sin poder recordar cómo. Pero claro, la primera parte de la frase no es difícil de situar. De camino al trabajo, en la radio alguien dijo algo así como que “si a mí no me importa que se casen, lo que no entiendo es por qué lo tienen que llamar matrimonio”. Y es que ahora resulta que somos unos apasionados de la semántica en este país.

Pero las aclaraciones no terminaron ahí. En el descanso del café alguien comentó que por qué una niña de 16 años no puede comprar cervezas y sí que puede abortar; en el periódico un político catalán decía que España oprimía a su pueblo al impedirles expresarse en el idioma de su país; por la tarde, en un bar, en el grupo que estaba detrás de mí alguien protestó “¿por qué hablan de la eutanasia? Yo creo que de lo que hay que hablar es del derecho a la vida”; y al llegar a casa escuché a mi vecina gritar a quien tuviera al otro lado del teléfono y a todo el vecindario que por qué a ella la seguridad social no le pagaba el aumento de pechos si a los transexuales les estaban pagando el cambio de sexo. ¿Sigo?


Decía Herzog en la novela homónima de Saul Bellow, que “erramos al figuramos que una vez se ha descrito en los libros la crueldad, ya se ha terminado.” Y yo me permito añadir que podríamos sustituir su “crueldad” por términos como ley de dependencia, aborto, eutanasia, regionalismos, matrimonio homosexual… todos estos debates me pesan, me impiden avanzar como persona, y además me aburren. Por otro lado, es un error pensar que por el hecho de que ya hayamos escrito la solución a todos ellos incontables veces, no vayamos a tener que escribirla incontables más.

Pero que conste que esto no es un ataque contra la libertad de expresión. Todo lo contrario, deberíamos sentirnos empujados hacia nuevos debates, hacia nuevos retos. Y tampoco es un ataque a la religión, o al menos en parte (a pesar de mencionar varias de sus puntas de lanza). No es un ataque directo al pensamiento religioso, sino a los repetitivos debates que los autoproclamados representantes de dios en la tierra se empeñan en mantener en las primeras páginas de la prensa con el único afán de desmarcarse, de parecer algo diferente. Yerran el tiro.

Estamos en el s.XXI, el ser humano ha dejado de tener relaciones sexuales con el único afán de la reproducción desde… ¿cuándo? ¿Hace tres mil años? Dejemos tranquilos a los homosexuales. Luego nos dicen que el problema está en los niños que educan, y aunque no sólo las parejas homosexuales engendran hijos homosexuales, uno intuye que el tiro va por ahí. Sin embargo, ¿cuántos tipos de familias heterosexuales disfuncionales tenemos que soportar? Padres alcohólicos y violentos con sus hijos, egoístas descuidados con sus retoños, veganos que mal nutren a los suyos… me niego a seguir. Tengo casi 30 años. Creo que tengo derecho a no tener que perder el tiempo volviendo a debatir sobre obviedades así. Y además la intención del post iba por otro lado. Me dejaba la segunda parte de la frase.


¿Cómo relaciono el hecho de que temas estériles y propios de civilizaciones ancestrales centren el debate social y político del presente con llegar a Marte? Pues ahí vamos.

Dejemos Marte de lado. Más fácil: la investigación con células madre. Dejando al margen el hecho de que haya que acordar ciertos límites éticos a cualquier tipo de investigación, ¿cómo puede dudar alguien de la necesidad de avanzar en este campo? Pues el mundo no sólo duda, sino que se opone. No nos merecemos esto.

Venga, ahora otro ejemplo un poco más cercano a las estrellas: el CERN. El mayor laboratorio del mundo. La institución fue creada en 1954, y a día de hoy se compone de 20 países miembros, aunque la institución, ubicada entre Francia y Suiza, no está sometida a ninguna de las dos jurisdicciones, por considerarse una institución internacional. En ella participan 2400 empleados a tiempo completo, y 7931 investigadores de 608 universidades y 113 nacionalidades. No está mal para un laboratorio. ¿Y sabéis por qué funciona? Pues porque no está sometido a ningún cuerpo político.

¿Os imagináis qué ocurriría si algún órgano de gobierno, por ejemplo el euro parlamento tuviera algún poder sobre el CERN? Tendríamos que escuchar al político de turno protestando porque no se respeta la cuota del idioma de su país en los artículos que el laboratorio publica cada año; otro preguntaría por el impacto real de los neutrinos en las cifras de paro de su región, ya que a él y a sus conciudadanos no les parecía relevante, y el de más allá reclamaría incrementar la cuota de empleados de su comarca. En conclusión: seguro que acabaríamos desmantelando el CERN, para construir otros 20 aceleradores de partículas, uno en cada estado miembro, para satisfacción de ministros insensatos y votantes necios y para desgracia de la ciencia. Así de fácil se acaba con el conocimiento y el progreso, niños.

La ciencia no puede estar sometida a los ciclos de cuatro años de los políticos. Así mismo, estos no deberían estar condicionados (al mismo tiempo que realimentando) por unos debates pueriles. Parece que en mi frase no me refería solamente a llegar Marte y al matrimonio homosexual, la cosa era bastante más general, pero el ejemplo me vale. Lo que sí que me queda claro es que todos estos debates nos lastran, nos anclan a tiempos pasados, nos impiden mejorar. Nos merecemos otros temas, otros intereses, otras discusiones que nos permitan crecer como sociedad y como personas. Progresar en el ideario común, es una de las pocas vías a través de la cual todavía podemos dejar un mundo mejor a los que vengan después, ahorrándoles discusiones ingratas y egoístas. La idea de llegar a viejo discutiendo sobre los mismos temas con los que tenía que lidiar a los 16 me produce angustia.

Todo esto se trata de vacunarnos frente a la pasividad y a la necedad. No vaya a ser que luego creamos que estamos haciendo la revolución y nos la estén colando. Que nadie se engañe, todo está relacionado. El matrimonio homosexual, Marte y el Estado de Bienestar. Todo depende de que le pongamos un poco más de ganas al asunto.

viernes, noviembre 18, 2011

El cetro envenenado

Corría el año 2013, y el país alcanzó uno de los momentos más bajos de su democracia. Tras casi cuarenta años de elecciones democráticas, se formó un gobierno sin la elección del pueblo. El gobierno saliente había sido incapaz de hacer frente a la presión que los mercados ejercieron sobre el Estado durante una crisis que duraba ya cinco años; la luz al final del túnel de la crisis no se veía.

La solución es por todos conocida, se convocó un gobierno de tecnócratas elegidos a dedo, vinculados casi todos ellos a diversos bancos y contando con pocos representantes de la esfera política, tal y como había ocurrido con Italia, Grecia y otros países de la UE en años anteriores. El nuevo gobierno provocó muchas inseguridades en la ciudadanía, y tuvo que responder tanto de las medidas impopulares que tomaron ellos, como de las que habían tomado acción los gobiernos anteriores. La entrada del copago en la sanidad, la redefinición de las pensiones y su consecuente mengua, las subidas en las tasas universitarias hasta doblar de media las que teníamos dos años atrás y la subcontratación de ciertos servicios por parte del Estado en materia de seguridad, sanidad, educación, justicia y defensa. Todas estas medidas agotaron la paciencia y lo que es peor, la esperanza de los ciudadanos, que salieron a protestar a la calle en numerosas ocasiones. No obstante, el país nunca necesitó de fondos de rescate europeos o del FMI como sí que lo hicieron algunos de sus vecinos europeos, el euro se mantuvo como moneda, y toda la comunidad financiera internacional alabó los esfuerzos que hizo el conjunto del país.

Han pasado ya 400 días desde que el gobierno de tecnócratas tomó posesión del poder, y nos quedan apenas dos semanas para las próximas elecciones democráticas. Estamos a mediados de 2014 y echando la vista atrás, vemos todas las cosas que han cambiado en la esfera política en este país en los últimos años. La derecha sufrió un varapalo terrible al no poder contener a los mercados y tener que ceder el gobierno a unos técnicos. La población no lo perdonó, pero lo que realmente hizo mella en el PP fueron las divisiones internas. Así, por primera vez en democracia, la derecha acude dividida en dos partidos a las elecciones. La ley democrática sigue esperando su reforma, así que sólo son dos partidos los que aspiran a alcanzar la presidencia del gobierno, aunque las encuestas indican que esta vez tendrá que ser un gobierno de coalición. Por otro lado, esta será la primera ocasión en la que dos mujeres sean las principales candidatas a lograr la presidencia del gobierno, hito histórico en nuestro país.


El reto para el gobierno entrante será sin duda alguna el de recuperar el terreno perdido por las funciones sociales del estado. Sabemos que lo que perdimos en una noche, tardaremos años en recuperarlo, y que los mercados no van a aflojar su presión sobre los estados por mucho que la economía haya reflotado. Pero la realidad es que así es. Por primera vez en un lustro, el PIB va a crecer por encima del 3%, y la tasa de desempleo, aunque sigue en un alto 16%, está en una tendencia que hace esperar que en el plazo de dos años más podamos estar por debajo del 10%. Esto nos lleva a pensar que el partido ganador de las próximas elecciones, tiene muchas posibilidades de ganar dos partidos seguidos. Estas, y las próximas elecciones. Navegar con viento favorable siempre es más sencillo.

Lejos quedan ya las elecciones generales de aquel 2011, y pocos se acuerdan ya de la debacle que sufrió el PSOE. Aquel batacazo electoral producido por su pobre gestión de la primera etapa de la crisis financiera mundial, por el que le auguraban una factura de muchos años, ha probado ser menos duro que el golpe que el PP no ha sabido encajar en los años siguientes. Con un partido dividido en dos (habrá que ver qué pactos estarán dispuestos a hacer ambos grupos después de las elecciones), y una prensa de derechas dividida y entretenida en echarse los trastos a la cabeza los unos a los otros en lugar de trabajar unida como antaño, las encuestas le dan al PSOE una ligera ventaja. Ligera, pero impensable en los inicios del gobierno de Rajoy a principios del 2012. Parece que los electores han considerado mayor traición la de la derecha, entregando el gobierno a unos técnicos sin mediar una consulta popular, que las anteriores acciones de los socialistas.

Lejos queda ya aquel 20N pero, visto en perspectiva, aquella victoria fue un cetro envenenado para Rajoy, una batalla vencida pero que ha resultado fatal para la guerra. Hoy, con la suficiente distancia ganada, sabemos que aquel día fue para Rajoy, el primero del final de su carrera política.

jueves, noviembre 10, 2011

El próximo gobierno

Dice que tiene un plan, y su plan es crear empleo. Fin del post.

Bueno, me lo tendré que currar un poco más que el bueno de Mariano, porque la verdad es que él poco se lo ha trabajado.



Pero así es la política española, tampoco se lo han puesto difícil. Está claro que los dos partidos principales llegaban a las elecciones en una absoluta desigualdad de condiciones. Unos cargando con la responsabilidad política de una crisis financiera a nivel mundial, unido al desprestigio de una pobre gestión de la misma, y otros que simplemente han necesitado del beneficio de la duda. Pero esto ya lo sabíamos, ¿y qué más ofrece la campaña electoral?

Pues el resto son todo incógnitas. Parece mentira que sumergidos en plena campaña no se consigan despejar casi todas las dudas respecto a las intenciones de los diversos partidos, pero la baja calidad del debate político pasa factura, y como en un buen capítulo de Perdidos, tendremos que esperar al próximo, ese que empieza a partir del 20N, para despejar algunas de las muchas preguntas sin responder que, a mi juicio, se van a quedar sin una sola opinión concreta antes del domingo próximo.

La primera y la más importante de todas ellas, es cómo va a afrontar el PP el gobierno. Con la mayoría absoluta en el bolsillo y los 2/3 de la cámara a tiro, quedaremos a merced de Rajoy y de su verdadera imagen. Parece mentira, pero tras ocho años del gallego como líder del partido, todavía no se puede intuir la alineación que elegirá. ¿Coparán los moderados del partido como Gallardón, Basagoiti o Feijoó los ministerios? ¿Cuánta cuota de poder se quedará nuestro Tea Party patrio con Arenas, Esperanzas, Trillos y Pons varios? En resumidas cuentas, la campaña electoral no ha servido para despejar las dudas acerca del talante del nuevo gobierno, y votamos sin saber que versión tendremos dentro de esa tan amplia derecha española. Lo de siempre: todavía no sabemos si los recortes que vienen los harán con la cabeza gacha como han hecho los socialistas durante los últimos tres años, o si los harán con una radiante sonrisa como la que nos ofrecen desde la presidencia de la comunidad de Madrid acompañando a cada perla ideológica que desde allí nos salpica a todos.

Y la segunda incógnita es la más importante: ¿Cuánto más nos obligarán a humillarnos los mercados? Los partidos políticos siguen evitando el principal sujeto de debate, el aspecto verdaderamente crítico de estos tiempos: qué tipo de Europa estamos creando. El euro está poniendo en tela de juicio la ya frágil Unión Europea y las políticas comunes son más que una necesidad, representan la única vía para mantener ese estado del bienestar que prácticamente ha desaparecido -si es que alguna vez existió- del resto de continentes, y Europa era su mayor adalid. En los debates políticos y los noticiarios esto se ha obviado por completo. Se habla mucho de Merkel y de Sarkozy, y de Grecia y de Portugal pero, ¿realmente los partidos han aportado algo? Aquí hay un buen artículo, para los curiosos, que habla de los errores que están cometiendo los gobiernos del viejo continente, pero los partidos han pasado por encima de este tema descaradamente.

Pero bueno, la verdad es que el futuro gobierno no es el único que plantea dudas que han quedado sin resolver tras la campaña. Por mucho que el sistema electoral prácticamente ignore a los partidos nacionales minoritarios, eso no implica que ellos mismos se sigan tirando piedras contra su propio tejado. Ahí está IU, que a pesar de que los sondeos les dan una ligera subida gracias al presunto descalabro del PSOE, sigue su imparable camino hacia la extinción. Y es que es una pena que la izquierda española haya sido incapaz de renovar su discurso, como sí que lo han conseguido los partidos de izquierdas de otros países europeos, y además se auto flagelen con una bicefalia en la que ninguna de las dos cabezas convence.

De UPyD creo que no merece la pena ni hacer comentarios. Se han autoproclamado como tercera vía sin tener un programa concreto, más allá del "votadnos porque somos la tercera vía". ¿Son la tercera vía porque su programa es ser la tercera vía? Creo que no lo entiendo.

¿Y qué decir de los partidos regionalistas?

Pues lo más destacado me temo que será el triunfo de Amaiur. Las encuestas dan un resultado muy apretado en Euskadi, comunidad en la que cuatro partidos pueden conseguir entre cuatro y cinco diputados. Amaiur no sólo está en la pelea, sino que los recientes anuncios de ETA pueden llevar a la formación abertzale a ser la más votada de la región. Eso sería un éxito sin precedentes para su ideología (tras el éxito de las municipales de este año), y puede cambiar drásticamente el mapa político de la región, lo que afectará directamente al proceso de desaparición de la organización terrorista. Aunque el terrorismo parece ya no importar a los españoles, creo que es un momento muy importante para el País Vasco y para toda España por extensión en lo que al problema del terrorismo se refiere, y los próximos cuatro años bien gestionados podrían acabar de una vez por todas con esta lacra, o podrían seguir prolongando su agónico fin. No nos queda más remedio que seguir a la espera.

Y como no, para el final me tengo que reservar al partido favorito de los asturianos. Que el partido de Cascos haya decidido terminar lo que Pelayo no pudo completar, y reconquistar así toda la Península Ibérica como propuesta para llegar a Madrid con partido propio y no como miembro del grupo mixto, no sé si merece reír o llorar,  pero sí que sé que es lastimoso que nuestra región abandere una forma de hacer política berlusconiana, por así decir.

Por supuesto que todas estas dudas no creo que afecten al devenir del país, que nuestro futuro no depende de todo esto, y el partido más importante se juega en el mercado de trabajo, pero sí que creo que esta campaña electoral ha hecho un flaco favor a la política en general, me refiero al debate político; es probable que nunca hayamos tenido uno de tan baja calidad en este país, y eso no nos beneficia.