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domingo, febrero 21, 2016

El marciano, de Andy Weir

Volvemos a Marte, y es que el planeta rojo no sólo mola ahora que el gobierno de los EEUU se plantea relanzar la carrera espacial y aparece en cartelera, así como por azar, una superproducción espacial de Hollywood cada año; es que aquí eso de viajar a Marte nos gusta desde hace tiempo. Esta vez nos lleva Andy Weir con su novela “El marciano” (“The Martian” es su título original, y en Francia la titularon “Seul sur Mars” -“Sólo en Marte”-. No entiendo por qué, pero me hace gracia). Todavía no he visto la adaptación al cine de Ridley Scott, con lo que me guardo otro billete para un nuevo viaje.

La novela, ya antes de que se estrenara la película, tenía colgado el cartel de best seller. La compré, siguiendo un razonamiento que demuestra por qué la sociedad de consumo funciona: porque tenía ganas de ver la película y como la portada del libro era la cartelera de la misma, pensé que mejor leerlo antes. Y, como ya me ha pasado tantas veces, el azuelo mordido tenía gusto amargo.

Nota mental: huir de todo lo que esté marcado como “Best Seller” en una librería, como se debe huir de un desconocido peinado con cortinilla que te ofrece un werters si vas con él a aquel callejón oscuro de ahí detrás y dejas que te enseñe una cosita.


domingo, enero 31, 2016

Propósitos para 2016

Venía a decir el otro día que eso de hacer listas de propósitos de lectura a principios de año no tiene mucho sentido... Así que, siguiendo esa línea argumental (o no), vuelvo aquí con una propuesta de lista de lecturas para este año, o para cualquier otro, puesto que la lista no propone títulos concretos.

Sí, ya lo sé, en Verne ya mostraron que todo el mundo hace listas de estas. La mía estaba en mi mente ya antes, pero eso no lo puedo demostrar.

Como pasa con todas estas listas, el objetivo es simplemente el de vestir de reto una ambición personal de abrir cada año un poco más mis lecturas. No es una obligación ni una imposición. No puedo ganar o perder. Tan sólo puedo leer un poco más, o no.

El objetivo es leer, cada año, al menos un libro que cumpla una de estas características. Un solo libro puede cumplir varias.
La lista:

- Un ensayo
- Un libro de divulgación científica
- Un clásico universal (traducido o no)
- Un clásico escrito en lengua castellana
- Una novela escrita por una mujer
- Una novela escrita por una persona de color
- Una novela norteamericana del s.XX
- Una novela europea del s.XX
- Una novela decimonónica
- Una novela negra
- Una novela de ciencia ficción
- Una novela de un autor que no haya leído antes
- Un libro en francés
- Un libro en inglés

martes, enero 12, 2016

Ruta alternativa

Todos los años hay que plantearse nuevos retos, nuevos objetivos que den sentido a los 365 días que nos quedan por delante antes de poder decir que otro año se ha ido y que ya no volverá. Hay que hacerlo. Es lo que hay. Yo hice mi reto a principios de 2015 y este es el resultado: 


Poco más del 50% de mis objetivos cumplidos no parece un buen balance. Puedo "maquillar" las cifras añadiendo otras dos lecturas que no estaban previstas al principio:

"El marciano", de Andy Weir
"Retorno de las estrellas", de Stanislaw Lem

O puedo simplemente reconocer que la primera mitad del año encontré excusas para no seguir la ruta prevista y la segunda mitad tuve que tomar una ruta alternativa:

"Le bébé est un mammifère", de Michel Odent
"Bésame Mucho", Carlos González
"Dormir sin lágrimas", de Rosa Jové
"Duérmete niño", de E.Estivill y S. de Béjar
"Les secrets d'une charmeuse de bébés", de Tracy Hogg

Moraleja: ¡Tirad el gps a la basura!

martes, octubre 27, 2015

La verdad sobre el caso Harry Quebert, de Joël Dicker

Allá por 2013, miles de lectores compraron el libro ignorantes de la trampa que se había preparado. Todas las señales apuntaban en una misma dirección. El Babelia y otras publicaciones literarias y culturales lo recomendaban, las escasas emisiones de radio y televisión que hablan de libros se hacían eco, las librerías lo ponían en primera fila, Alfaguara lo consideraba su publicación extranjera de la temporada, en Francia le habían concedido premios serios (el premio Goncourt de jóvenes escritores y el premio de novela de la Academia francesa) y la portada del libro mostraba un cuadro de Hopper taaaan evocador… De poco sirvió que algunas publicaciones como el ABC advirtieran de la trampa, o que la blogosfera (en 2013 todavía existía la palabra blogosfera) avisara. La verdad sobre el caso Harry Quebert engañó a miles de lectores indefensos.

Millones de ejemplares vendidos en todo el mundo. Rumores acerca de una cifra exorbitante pagada por Penguin para hacerse con los derechos y distribuirla en el mercado sajón. Comparaciones con Nabokov y Roth. Todo esto hace que las expectativas suban muy alto. Sobra decir que tras subir tan alto, la caída duele.

Pero, ¿si todo esto pasó en 2013 por qué, entonces, escribir sobre este tema ahora?

Para no olvidar. Para prevenir.

Y ahora precaución, spoilers.


domingo, septiembre 20, 2015

El sindicato de policía yiddish, de Michael Chabon

Americana es una etiqueta compartida por aquellas novelas que nos hablan sobre los EEUU. Aunque sean obras de ficción y gracias a que son obras de ficción, describen a la sociedad, la cultura popular y a sus gentes más allá del punto de vista de la Historia; más allá de una lista de sucesos y eventos. Así pues, Americana es más Historia que la propia Historia.

Michael Chabon (pronunciado /Cheibon/ ) es un escritor americano que pertenece a la generación X y su nombre se cita a menudo al lado de los de Foster Wallace, Franzen, Vollmann o Coupland. Ganó el premio Pulitzer en 2001 por Las aventuras de Kavalier y Clay. El sindicato de policía yiddish es su quinta novela, y arrasó en 2007 con casi todos los premios literarios que se conceden habitualmente a novelas de ciencia ficción. Pero no es ciencia ficción.

Como El hombre en el castillo, por poner un ejemplo, se trata de una ucronía. Una historia de ficción que tiene lugar en una realidad paralela que no es la nuestra pero que habría podido existir si el devenir de la Historia hubiese sido diferente. No obstante, desde la primera página nos queda claro que lo que vamos a leer es una novela negra. Etiquetas: Alcohol, ajedrez, detective, asesinato, judíos.


miércoles, julio 29, 2015

Retorno de las estrellas, de Stanislaw Lem

Nada mejor para terminar una semana de ciencia ficción que acabar con una novela de Lem. Así que entre los ratos libres que me han ido dejando el trabajo y las películas que he ido viendo por las noches, conseguí dar cuenta de Retorno de las estrellas, reeditada por Alianza hace un par de años.


Publicada originalmente en 1961, el mismo año en que en Polonia se publicó también Solaris, narra el regreso a la Tierra de la expedición que, a bordo de la nave Prometeo, surcó la Galaxia durante diez años en busca de contacto con otras civilizaciones. Sin embargo, debido a la velocidad a la que viajaron, el tiempo transcurrido en la Tierra en el mismo periodo fue de más de cien años.

domingo, enero 04, 2015

domingo, noviembre 23, 2014

para Gloria, de William T. Vollmann

Hace no mucho hablaba de llegar tarde a los sitios. Pues bien, aquí me encuentro frente a otra puerta de esas que nunca había abierto y ni siquiera había visto y parece que lleva ahí toda la vida y todo el mundo conoce. ¿Qué no conocéis a William T. Vollmann? Pues tarde. Llegáis tarde.

Wikipedia mode on

Nació en 1959 en Los Ángeles, se graduó summa cum laude en Literatura Comparada y al año de estar preparando el doctorado en Berkeley lo abandonó y se fue a Afganistán. Era 1982. Dicen que llegó a convivir con un grupo de muyahidines que combatían a los soviéticos. De retorno en los EEUU pasó por diferentes trabajos hasta que empezó a publicar y a vivir de sus textos. Hoy en día es uno de los escritores americanos más prolíficos. Obsesionado con lo marginal (tiene una trilogía de novelas sobre la prostitución) y con la violencia (Rising Up and Rising Down se compone de siete volúmenes que suman en total 3300 páginas sobre el tema), escribe sobre estos y otros temas tan dispares como la colonización de Norte América (otras siete novelas aún por completar que conforman la saga Seven Dreams: A Book of North American Landscapes) o el teatro Noh japonés (Kissing the Mask: Beauty, Understatement, and Feminity in Japanese No Theater). Casi nada de todo esto está publicado en castellano.

Wikipedia mode off.

jueves, octubre 02, 2014

Richard Yates, de Tao Lin

Me ventilo en menos de cinco horas este libro que me esperaba en la estantería desde hace un par de meses y en la lista de lectura cerca de tres años. He leído otras cosas publicadas por Alpha Decay y me gusta su línea, y además en Internet hay gente que se emociona mucho con Tao Lin (quizás demasiado), así que por qué no.

La contraportada promete una novela desarrollada a través de conversaciones de Gmail que refleja “la soledad, la alienación, el aburrimiento y el abandono de millones de adolescentes que ven discurrir sus vidas a través de las pantallas líquidas de sus ordenadores portátiles”. Haley Joel Osment y Dakota Fanning son los sobrenombres de los dos protagonistas y en la novela se relata su relación. “ 'Más adictiva que Internet', Richard Yates está destinada a convertirse en la nueva Biblia de la generación iPhone.”

Y, a pesar de todas estas señales, no la vi venir.

domingo, septiembre 07, 2014

El rayo verde

Suelo llegar tarde a los sitios, me pasa a menudo; y eso que soy puntual. Explico. La primera vez que sentí ese vacío, como si llegara a una fiesta y estuviera ya sonando la última canción fue al descubrir a Queen. El grupo inglés apareció en mi casa a mis nueve años cuando regalaron a mi padre por su cumpleaños el Greatest Hits II, era el 30 de octubre de 1991. Recuerdo bien el año porque Freddie Mercury murió apenas un mes después. Entonces sentí esa sensación de vacío, al comprender que Queen nunca más volvería a sacar un disco nuevo y no fue agradable. Luego descubrí que ese grupo había grabado una veintena de discos de estudio durante las dos décadas anteriores y me dediqué a rebobinar en su historia a recorrer el camino ya hecho, mientras los miembros vivientes del grupo se dedicaron a mirar al futuro editando y reeditando todo lo que su cantante hubiera dejado a medio grabar por ahí. Pero esas dos historias se quedan para otro día.

Otras veces la sensación no es tanto de un vacío sordo, sino más bien de desconcierto... Como si leyera un libro al revés, empezando por la última página y descubriendo la historia a destiempo. Me explico otra vez.

domingo, enero 26, 2014

Fluyan mis lágrimas, dijo el policía, de Philip K. Dick

Sigo con la racha de novelas de K. Dick. Uno debe confiar en su suerte y cuando viene una racha buena no hay que dejarla pasar. Que dure. Sin embargo, Fluyan mis lágrimas… resulta un tanto atípica ya que, de las que he leído hasta ahora, es con diferencia la más melancólica de todas. Es cierto que en todas sus historias hay algún personaje afligido al que la existencia le resulta difícil y pesada. La diferencia este caso es que creo que no hay personajes que no cumplan esta condición. Cada uno vive una situación diferente, pertenece a un distinto gremio y estrato social pero todos guardan un patrón común: su vida no es completa y viven condicionados por esa falta.

Por otra parte esto no deja de ser una novela de K. Dick, así que el decorado de fondo se consigue con coches voladores, drogas que alteran la percepción de la realidad, un estado policial que somete al ciudadano, objetos evocadores, casi místicos, a los que los personajes se atan y en los que depositan su amor por el mundo, etc. Aunque cada historia de Dick tenga lugar en un universo diferente, y a cada lectura tenemos que aprender unas normas nuevas, el código con el que están hechos, su esencia, es el mismo. La religión, el misticismo, es quizás el factor que más diferencia unos universos o historias de otros. En este caso, no está muy presente.


martes, enero 14, 2014

El hombre en el castillo, de Philip K. Dick

En 1961 Philip K. Dick seguramente no estaba tan lejos de la realidad como años después, lo que explica que escribiera novelas como esta, un tanto más “cercanas”. Los adjetivos “reales” y “posibles” los dejo de lado porque simplemente no pintan nada aquí, en un texto sobre K. Dick. Aunque esto no quiere decir que, a mi juicio, él sea uno de los escritores que mejor ha descrito nuestros días. La esquizofrenia y alienación que envuelven todo. El “no pienses, actúa; ¡pero sobretodo no pienses!” con el que nos bombardea constantemente la media, ese ruido de fondo que nos permite dejar que pasen los días sin reflexionar cómo, por qué y para qué hacemos lo que hacemos. Todo esto K. Dick lo comprende; lo comprendió hace cincuenta años y lo comprendía mejor que mucha gente que hoy sigue viva y sigue escribiendo sobre pobres mujeres indefensas, cenicientas de la vida, que esperan a que su príncipe azul –ahora rico archimillonario aficionado al BDSM- las destete. Vamos, que la he tomado con Grey como la habría podido tomar con cualquiera. Nada personal Grey. Tu sigue con tu cuero y tus azotainas y tu matrimonio, todo bastante sado la verdad. *** Fin de la digresión dentro de la digresión, la que va de Grey *** Creo que leo a Philip K. Dick porque él me entiende, y sus novelas me explican el mundo. Órdago. *** Fin de la primera digresión, la que explica por qué leo a K. Dick *** El hombre en el castillo, sin embargo, entra mucho más en el mundo de la ucronía que en el de la ciencia ficción. 


Hemos llegado a Marte, of course, hay drogas, religión, percepción de realidades alternativas, objetos sagrados que nos revelan verdades y personajes que de pronto se ven desposeídos de todo lo que tenían, y se dan cuenta de que vivían una mentira y se tienen que reconstruir a sí mismos partiendo de la premisa de que “todo aquello en lo que creías o no vale lo que pensabas, o no es lo que pensabas”. Vale, hasta ahí tenemos otra novela suya. Pero en esta, hay que reconocer que la premisa de partida mola bastante:

Los nazis ganaron la guerra.

viernes, enero 03, 2014

El francotirador paciente, de Arturo Pérez-Reverte

Para leer este post es indispensable hacer memoria. Dedicad 4 minutos y 21 segundos de vuestro tiempo a rememorar esto:



Y ahora podemos empezar. Aunque parezca mentira, algunas personas pueden acabar convirtiéndose en “Celibrities” de sí mismos. Esto pasa a menudo en la ficción (no hay más que ver las últimas de temporadas de Friends, en las que cada uno de los seis protagonistas se dedica a imitar a su propia versión de las cuatro primeras; ficción dentro de la ficción, un poco raro todo…) pero también les pasa a algunos personajes públicos que, a medida de que la media se hace una idea de su carácter, a cada aparición que sigue se espera un refuerzo de los estereotipos que los definen. O también, por qué no, nos ocurre a cada uno de nosotros cuando nos volvemos a reunir con nuestra pandilla de la infancia. Por mucho que tengamos 30 años y hayamos podido cambiar, en cada reunión los roles se mantienen y el gordo siempre será el gordo aunque corra maratones, el que se cagó una vez en segundo de EGB seguirá siendo “el_cacas”, el que ligaba en séptimo mantendrá su estatus de “dandy” y así hasta el infinito.

miércoles, diciembre 18, 2013

Una novela francesa, de Frédéric Beigbeder

Frédéric Beigbeder puede que no sea muy conocido en España, pero en el país vecino sí. Entra dentro de lo que ellos llaman “people” (ellos, que rehúyen tanto del inglés) y nosotros llamamos famoso o “celebrity” o que se yo. Mientras en Francia entre los famosos todavía quedan escritores, en España vivimos bajo el yugo de Ana Rosa Quintana. No eres nadie si no pasas por su programa. Punto para Francia.

Sin embargo Frédéric es un “BOBO”, un “BOhemian BOurgeois”, un vivalavida… Un jeta, vamos. Escribe en Vogue o no sé dónde por el día, y por la noche se va de farra. Los fines de semana, empero, escribe novelas. Supongo. Punto para Frédéric.

Llegué a él gracias a Michel Houellebecq, que lo convirtió en personaje de “El mapa y el territorio”. Luego me enteré de que Anagrama le había publicado en España una novela llamada “Una novela francesa” y la apunté. Dos años después me la he leído, pero ojo, en francés. Leer novelas en francés, en España, lo hacen Javier Marías y dos más, y ninguno de ellos sale en el programa de Ana Rosa, así que no los conocemos. Y es que leer en francés tiene un problema: que no me entero de la mitad. Me entero, sí, de cuándo sube las escaleras y cuándo las baja, pero no me doy cuenta de si apoya la mano en la barandilla o si la escalera siquiera tiene barandilla. Eso condiciona mi lectura y condiciona mi crítica, pero aún y así ¡vamos allá Frédéric!


domingo, noviembre 03, 2013

Nantes Interlude: Les Utopiales

Abandono por un post mi propia ficción sobre la vida nantesa para hablar de las ficciones de los demás. Este fin de semana ha tenido lugar en Nantes una nueva edición del festival de ciencia ficción Utopiales. Una nueva prueba de que sí que existen las ciudades que apuestan por distintas disciplinas y géneros artísticos, y no se contentan con los conciertos en la plaza de toros de la semana grande, y no pasa nada. La gente acude (o no, a voluntad), el dinero público se reparte (aunque aquí se cobraba la entrada diaria a 8€) y la vida sigue. Pero dejo de seguir por aquí, que me pierdo.


Para un alumno de primero de Ciencia Ficción, no resulta fácil acudir a un evento así. Conocía a dos autores literarios antes de empezar, Orson Scott Card y William Gibson, y el segundo se cayó del cartel y no apareció por allí. Así que tiramos de programa y nos fuimos pasando por las diversas conferencias y mesas redondas que nos parecían más interesantes a primera vista con la esperanza de enterarnos de algo, idiomas extranjeros y temáticos ajenos mediantes.

El resultado fue más que positivo, y si de algo me arrepiento fue de no haberme preparado el festival antes, y haberme informado sobre los autores que participaban. Una veintena de conferencias por día, una treintena de películas, 66 escritores y 26 dibujantes de cómic, además de arquitectos, cineastas, científicos y creadores de videojuegos condensados en tres días y medio merecen algo de cariño. Mucho me perdí, pero aquí va un pequeño resumen de lo que sí pude ver.

martes, agosto 27, 2013

Las arenas de Marte, de Arthur C. Clarke

Sigo con la CF, en un intento vano por acortar una lista infinita y divergente de obras de CF a leer. Esta vez toca una novela clásica, de la vertiente “científica” (entiéndase “posible” en sus intenciones o, al menos, con un enfoque creíble o pseudo-técnico). Al parecer una novela menor de Clarke –su primera historia larga-, según lo que se dice por Internet, pero Edhasa la acaba de publicar y había que aprovechar.

Básicamente, se cuenta la historia del primer viaje a Marte del famoso escritor de ciencia ficción Martin Gibson a bordo del crucero Ares, como su primer pasajero (al margen de la tripulación) en el vuelo inaugural. En Marte, les esperan las primeras colonias humanas del planeta de entre las que destaca Fort Lowell, la capital, que cuenta con unos 2000 habitantes. La relación de Gibson con el resto de tripulantes de la nave y los primeros colonos del planeta rojo, además de algunos descubrimientos que quedan por hacer del mismo, son las líneas argumentales que conforman la historia.

Pero esto la wikipedia ya lo sabe… Intentaré aportar algo más.

jueves, agosto 15, 2013

Hombres Salmonela en el planeta Porno, de Yasutaka Tsutsui


Leo el título del libro. Lo leo otra vez. Leo la faja: “En el aburrido panorama actual, este es un libro de cabecera para todos los que se ocupan de lo postmoderno, lo meta-narrativo, lo cibernético y pangeico y lo after pop en nuestro país.” Creo que Sergio Colina Martín apenas se descojonó cuando escribió esto.

No sé si me reconozco más en “pangeico” o en “after pop”, pero desde que me llamaron “transmoderno” (ojo, nada que ver con la transmodernidad), me siento con derecho a leerme esto y mucho más. Yasutaka, ahí vamos. Objetivo, el de siempre: sexo y naves espaciales. Es más, ¿puedo pedir el máximo? ¿Sexo en naves espaciales? Tengo que intentarlo.

El libro (publicado por Atalanta) nos ofrece seis cuentos de Yasutaka Tsutsui (polifacético y prolífico escritor de ciencia ficción japo que ha probado también con el cine, el manga y demás artes, al parecer): El bonsái Dabadaba, Rumores sobre mí, El límite de la felicidad, El mundo se inclina, El último fumador y el que da nombre al libro. Son historias disfrazadas de ciencia ficción pero que trazan un relato crítico sobre nuestro tiempo. No se plantean respuestas, solamente se nos propone ver las cosas desde otro punto de vista.


viernes, julio 26, 2013

Siete años, de Peter Stamm

Bienvenido a la mediana edad, hijo mío. Algo así parece querer decirnos Peter Stamm en esta novela, suerte de guía de la vida para el universitario a punto de convertirse en adulto. Una estupenda hoja de ruta que pretende avisarnos de todos los inconvenientes que vamos a encontrarnos en nuestro futuro próximo, de camino hacia la jubilación… Trabajo, matrimonio, paternidad, ascenso social, desencanto y decadencia del cuerpo. Sólo nos libra de la enfermedad, el bueno de Peter.

El caso es que la novela escrita en 2009 y publicada dos años después en España por Acantilado, fue muy bien acogida. Reseñada positivamente por aquí y por allá, e incluida en esas imprescindibles listas de las mejores novelas del año. Sin embargo, yo me he equivocado. He debido de leer otra cosa, porque no me he enterado de la novela redonda, ni del magistral diseño de personajes, ni del excelente retrato de una época sin certezas ni convicciones… Para mí, Siete Años cuenta una historia bien distinta.

No quiero destripar el argumento, puesto que aunque el devenir de los personajes no es lo principal, sí que hay una serie de revelaciones a lo largo de la historia que ayudan a construir la narración de forma interesante. Sí que se puede decir, no obstante, que Peter nos cuenta la historia de la vida de Alex, y su lucha interna por decidirse entre la vida que debe vivir y la que quiere vivir.

Así que nos encontramos siguiendo las experiencias de Alex, narradas por él mismo a través de dos relatos entrelazados (uno que va rememorando el pasado y otro presente, fijando desde el principio el momento del desenlace de la historia), y que centran su vida en dos aspectos: sus expectativas de vida y su egoísmo. En ese sentido, sí que podemos aceptar que Alex representa al hombre moderno, y por lo tanto la novela deja de leerse como una historia particular y pasa a convertirse en un relato generacional. Pero por otro lado, a algo llamado relato generacional le exijo un punto revelador, algo así como “¡ZAS! Mira hijo, esta es tu vida y ni te habías enterado” que esta historia no tiene. Alex es un frustrado de la vida y lo sabe él, Peter y cualquiera que entre en una librería buscando un libro.

Pero todo eso no quita que merezca la pena ser leída, no señor (ojo, que yo, daría mi bazo por escribir algo así, una cosa no quita la otra…). Volvamos a las dos ideas que empapan la novela, las expectativas de vida de Alex y su egoísmo, y desarrollemos un poco más.


domingo, marzo 17, 2013

Ciudad abierta, de Teju Cole

Primera novela del escritor Teju Cole, estadounidense de origen nigeriano (nota mental: creo que es la primera novela que leo escrita por un negro, hablando de la piel se entiende…) ganadora de unos cuantos premios (entre ellos el PEN/Hemingway) y citada en todos los medios imaginables. Es decir, le están dando bombo al amigo Teju.

Brevemente, Ciudad abierta cuenta, en primera persona, los paseos que el joven Julius, estudiante de doctorado de psiquiatría en NY, se da por la ciudad. Interactúa poco con la gente y camina mucho. Observa bastante y los pocos encuentros que tiene, los analiza y saborea al máximo. Un taxista, un ex profesor suyo, un amigo profesor, un corredor de la maratón (volviendo a su casa el día de la propia maratón, no es que se dedique a eso 365 días al año el hombre)… Entran y salen de la vida de Julius con una facilidad pasmosa, y le sirven de contrapunto a su discurso. Lo que leemos son los pensamientos de Julius, una especie de diario en el que explica sus pensamientos, los encuentros y conversaciones que tiene con estos secundarios, y las conclusiones que saca de las mismas. Novela sin argumento, novela “de ideas”.


“Yo aprendí a su lado el arte de escuchar y adquirí la capacidad de deducir una historia de lo que se omitía.”


Así que seguimos al bueno de Julius por toda la ciudad, hasta donde sus pasos le lleven, y somos testigos de sus encuentros ocasionales y de sus divagaciones sobre los temas que le interesan: música clásica, literatura, fotografía, pintura… La cultura parece ser la única vía de escape segura para el protagonista. Sabe que siempre está ahí, incorrupta, y que no le va a defraudar. En cuanto a su vida personal, aunque en ningún momento da la sensación de sentirse incómodo o siquiera desdichado, la realidad es que Julius vive bastante absorbido por un trabajo del que habla poco (sólo cuenta anécdotas de ciertos pacientes que le interesan más allá de lo profesional), pierde el contacto con su ex novia católica y no tiene muchos amigos. Viaja sólo, acude a conciertos sólo, como en restaurantes sólo… Pero lo dicho, esto sólo es un hecho, no parece que al personaje le afecte en ningún momento. Al contrario, se diría que rehúye de un exceso de contacto con el resto de la gente.

“Tomé conciencia de lo fugaz que era el sentimiento de felicidad, de cuán endebles son sus bases: un restaurante cálido después de la lluvia, olor a comida y vino, conversación interesante, la tenue luz del día en la lustrada madera de cerezo de las mesas. Mover el ánimo de un estado a otros costaba tan poco esfuerzo como mover piezas de un tablero de ajedrez. Hasta tomar conciencia de ello en un momento de felicidad era mover una pieza y volverse un poco menos feliz.”

Y entonces, ¿dónde está la chicha? Pues la chicha consiste en la visión existencialista de la vida que tiene el personaje (tras sospechar que Camus estaba por ahí detrás del escenario, va y lo saca a escena en un momento dado del libro) y en cómo, sutilmente, sin que parezca la primera intención, la novela/el protagonista repasa un catálogo de lo más completo de los actos miserables que inundan la vida: la violencia contra los débiles (asaltos sexuales a mujeres, agresiones a niños, robos con agresión); la decadencia del cuerpo: vejez, enfermedad y posteriormente muerte; la guerra; los conflictos entre distintas religiones y razas.

“Mire, yo conozco esos casos, esos jóvenes que van por ahí tomándose el mundo como una ofensa personal. Es peligroso. Que alguien sienta que es el único que sufre es muy peligroso. Semejante grado de resentimiento es una receta para tener problemas. Nuestra sociedad se ha abierto a gente como él, pero una vez que vienen sólo se les oye quejarse. ¿Qué sentido tiene mudarse a un sitio sólo para probar lo diferente que es usted? ¿Y por qué esa sociedad va a recibirlo contenta? Pero si vive tanto como yo, ya verá que en el mundo hay una variedad inaudita de dificultades. Es complicado para todos.”

Pero bueno, ¿quién coño quiere leerse algo así? Para responder a eso hay que recurrir a la concusión de Woody Allen al final de Annie Hall: “La vida está llena de soledad, miseria, sufrimiento, tristeza y, sin embargo, se acaba demasiado deprisa.” Y es queno hay mucho más que hacer que vivir la vida, no es que podamos elegir entre el monopoly y el cluedo, ni siquiera podemos empezar otra partida si esta nos ha salido mal. Es un pensamiento que siempre está ahí, y aunque es cierto que no es una carta que podamos jugar siempre (sino esto sería insufrible), no deja estar ahí presente, de forma perpetua.
“Salvar un bebé por instinto, un poco de felicidad; pasar un rato con ruandeses, los que habían sobrevivido, un poco de tristeza; la idea de nuestro anonimato último, un poco más de tristeza; deseo sexual colmado sin complicaciones, un poco más de felicidad; y así, sucesivamente, un pensamiento se encadenaba con otro. Qué pequeña me parecía la condición humana, sujeta a esa lucha constante por modular el medio interno, a ese incontrolado movimiento de nube. Como era de prever, la mente también apuntó este juicio y le asignó un lugar: un poco de tristeza.”
¡Atención, spoiler!

Corro el riesgo de reventar la novela a los que todavía no la hayan leído, así que si tenéis esa intención, saltaros esta parte final. A los que sigáis leyendo, hay un punto de la novela que, aunque muy ligado al argumento, merece ser contado. Quizás porque es la punzada que transforma el relato de una divagación continua, en algo más. Hacia el final de la novela, uno de los secundarios, la hermana de un amigo de la infancia del protagonista con la que “casualmente” se ha reencontrado en NY le hace una confesión: él había abusado de ella cuando tenían quince años. No lo denunció sencillamente porque no tenía sentido, nadie iba a creer que él, tan buen chaval, tan bien educado y tan amigo de su hermano, había siquiera imaginado hacer algo así. Pero ella no lo olvida, eso la ha traumatizado durante toda su vida, y el hecho de que él actúe como si no recordara nada en absoluto la ahoga aún más. Él, por su parte, ni responde.

Ahora bien, ¿qué hay de cierto en todo esto? Nosotros no sabemos lo que ocurrió (ni en su infancia ni durante la confesión de ella) sino lo que Julius nos cuenta. ¿Es verdad? ¿Abusó de ella? Él no responde. Esto nos obligaría a replantear toda la historia… Un encuentro fortuito que tuvo con una mujer en Bruselas en otro capítulo, ¿ocurrió tal y como él lo relata? ¿No sería diferente? El hecho de que este punto quede sin resolver, en el aire, que el protagonista ni se justifique ni lo aclare, y por lo tanto quede la puerta abierta a reinterpretar todo la historia es, probablemente, lo más acertado de la misma. Si alguien lo ha leído, agradezco segundas opiniones…

¡OK, fin del spoiler!
“Uno tiene que ponerse una meta, y debe encontrar una forma de cumplirla exactamente, sea lanzarse en paracaídas o desde un acantilado, sea sentarse una hora y quedarse completamente inmóvil, y por supuesto que la forma de cumplirla ha de tener su belleza.”
Sexo: Poquito. Un polvo y de refilón.
Naves Espaciales: Nada... ni la Estación Espacial Internacional es nombrada.

miércoles, enero 30, 2013

Ampliación del campo de batalla, de Michel Houellebecq

"¡Todos quietos! Esta noche manda mi polla" dijo el escritor, y se puso a escribir. Algo así, más o menos, debió ocurrir el día que Houellebecq comenzó su primera novela: Ampliación del campo de batalla.

Escritor y, sobre todo, personaje polémico, a la crítica literaria siempre le ha costado bastante disociar al escritor francés de su obra a la hora de criticar sus textos. Eso le ha beneficiado, sin duda alguna, en lo económico, pero probablemente le ha perjudicado en lo literario. Las opiniones vertidas por los personajes de sus libros siempre se han tomado como opiniones personales suyas, y la vida relatada en sus novelas se ha confundido con la suya propia. Él mismo ha seguido ese juego, como al insinuar que la madre hippie y drogada de los hermanos de Las Partículas Elementales estaba basada en su propia madre. Así pues, ¿qué nos queda? Un tipo misógino, individualista, pervertido, racista, xenófobo y acomplejado por su propia infancia que expone su vida personal a través de sus novelas. Venga, a ver qué tiene que contarnos.

Personalmente, ni me va ni me viene la realidad sobre Michel Houellebecq. Conozco poco o nada de su vida privada (más allá de saber que vive en Cabo de Gata) y ni me interesa. De sus novelas, por otra parte, he leído ya unas cuantas: Las Partículas Elementales, Plataforma, El mapa y el territorio y, por último, su primera obra: Ampliación del campo de batalla. Las tres primeras cronológicamente (Ampliación, Partículas y Plataforma), forman una trilogía cuyo tema principal es el aislamiento del hombre contemporáneo, y el análisis de cómo el sexo supone uno de los más violentos yugos que nos someten. Me refiero al sexo en toda su extensión. No sólo a la práctica física, sino también al sexo como medio de diferenciación, instrumento de la publicidad y valor moral por encima de cualquier otro valor aplicable al ser humano, según nuestra particular y contemporánea escala de valores (cualquier otro atributo del ser humano –poder, inteligencia, sentido del humor, sabiduría, riqueza- sólo tiene sentido si nos conduce al sexo. De lo contrario, es simplemente una pérdida de tiempo).

Resumiendo todo lo anterior: Houellebecq es como Camus, pero con frustrados sexuales (y muchas páginas de folleteo, que siempre da jugo –nunca mejor dicho-…). Camus escribe en Calígula: “Los hombres mueren y no son felices”. Houellebecq, escribe en Ampliación

He vivido tan poco que tiendo a imaginar que no moriré nunca. Me parece inconcebible que una vida humana se reduzca a tan pocas cosas. Sin embargo, tendemos a imaginar que algo nos va ocurrir, tarde o temprano. Terrible error. Una vida bien puede ser vacía y breve. Los días transcurren, pobremente, sin dejar ni rastro ni recuerdo. Y luego, de golpe, se paran.



Ampliación, es el primero y, probablemente, más flojo de sus intentos por revelar la trampa del ser humano contemporáneo.

Es una novela corta, contada en primera persona, que nos cuenta los viajes laborales que tienen que hacer a pueblos de provincias un par de empleados del Ministerio de Agricultura francés, con el fin de enseñar a manejar un nuevo programa informático a los empleados de las administraciones regionales. El protagonista, presa del “Desencanto”, se dedica a observar a las personas que le rodean y sus mecanismos de relación como el que mira animales en el zoo, como si la cosa no fuera con él. Para él, el sexo condiciona nuestras vidas, en igual medida que el dinero: 

Sin duda, me dije, en nuestra sociedad, el sexo representa claramente un segundo sistema de diferenciación, totalmente independiente del dinero, y se comporta como un sistema igual de despiadado. El liberalismo económico es la ampliación del campo de batalla, su ampliación a todas las edades y a todas las clases sociales. Igualmente, el liberalismo sexual es la ampliación del campo de batalla, su ampliación a todas las edades y a todas las clases sociales.

Para el protagonista, la vida moderna supone un mecanismo despiadado y cruel, que devora a los seres humanos que no son capaces de adaptarse a sus juegos. Así, de la misma forma que una persona que no consiga hacer dinero tendrá vetada la entrada a ciertos aspectos de la vida (una vida plenamente consumista, entiéndase), una persona que no consiga hacer valer su estatus sexual, será igualmente condenada en esta segunda escala de medida. Uno puede tener la idea de que no es necesario entrar al juego sexual de cara a mantener una vida integrada en la sociedad, pero aquí es donde la novela se pone firme: no se puede. El sexo se ha convertido en un valor ineludible para formar parte de nuestra sociedad. La publicidad está absolutamente condicionada por el sexo y, a su vez, muestra al sexo como objetivo final de la vida (la colonia te lleva a la chica, el coche te lleva a la chica, el Smartphone te lleva a la chica, y hasta el curso de guitarra de CCC te lleva a la chica…); las sociedades se distinguen por su tratamiento del sexo (algunos musulmanes viven convencidos de que en Occidente la vida y las mujeres son lujuriosas), etc. 

La sexualidad es un sistema de jerarquía social.

Para colmo, no sólo fijan el sexo como condicionante de nuestra vida, sino el sexo (o la vida sexual, mejor dicho) que tuvimos en nuestra adolescencia. El adulto es un adolescente debilitado. Para el protagonista, cualquier acto de nuestra vida adulta, es un mero intento de corregir nuestros defectos y carencias de la adolescencia, una lucha contracorriente por un objetivo inalcanzable, cambiar una época pasada de nuestra vida que nos ha dejado unas trazas imborrables. 

De todas formas, ya es tarde. El fracaso sexual, Rafael, que sientes desde tu adolescencia, la frustración que te persigue desde los trece años, te han dejado unas marcas imborrables. Aunque supongamos que, a partir de ahora, puedas disfrutar de las mujeres, no te servirá; nada te servirá. Siempre serás huérfano de los amores adolescentes que nunca conociste. En ti la herida es ya dolorosa, e irá a más. Una amargura atroz, sin remisión, acabará por llenar tu corazón. Para ti, no hay ni redención ni liberación posible. Es así.

Taraaaaan!

Niños y niñas del mundo, ahí tenéis aquí tenéis a Houellebecq, listo para ser leído en todas las clases de quinto de primaria que se precien, si es que los profesores quieren preveniros y ahorraros algún que otro trauma adolescente. Misógino (Ese agujero que ella tenía debajo del vientre debía de parecerle absurdamente inútil. Una polla siempre podemos cortarla, ¿pero cómo poder olvidar el vacío de una vagina?) e individualista (había tenido siempre, como todos los depresivos, una fuerte tendencia al egoísmo y a la ausencia de corazón). Vamos, como la vida misma. Entre el all-bran y Houellebecq, me quedo con el francés.

Sexo: Mmm, aquí hay trampa. Se habla mucho sobre sexo, pero en la novela apenas hay un par de masturbaciones y un poco de espionaje sexual (a dos que se lo montan en una playa). En esto Las Partículas gana de calle.  
Naves espaciales: Nada. Si hablamos de funcionarios franceses de provincias, no pega mucho que aparezcan cohetes ni por la tele. Otra vez será.