lunes, septiembre 12, 2011
Vestida de Azul
- Mamá, ¿vesme guapu?
Vuestra madre, como todas las demás (aunque digan que sólo hay una), sonreirá y os dirá que sí, que estáis muy guapos, que no hay nadie en el mundo más guapo que vosotros, y que si os hubiérais afeitado y quitado el pendiente ya hubiese sido la leche. Pero que sí, que muy guapos, y que la mocina, quienquiera que fuera, porque hay que ver que ya no le contabais nada a vuestra madre, vuestra única madre, pues eso, que la mocina que ibais a buscar era una mocina muy afortunada. Gracias mamá. Un besín.
Luego vas a buscar a la mozina. No hace falta que le cantéis al balcón ni que llevéis flores, basta con que os paséis por una tienduca decente, apañá que dicen por aquí y le compréis una camisetuca o un bolsín de esos que lleven les moces de hoy.
Después camináis hacia su casa, pero sin prisa, que por mucho que sea su cumpleaños un mozo debe tener un puntín orgulloso y tiene que hacerse de rogar. Además, total, ya sabéis que ella se va a retrasar. Una hora de retraso y firmáis, que ya la conocéis y sabéis lo que se retrasa siempre, y por más que le digáis una hora nada, ella venga a retrasarse y venga a peinarse y venga a probarse vestidos -¿para qué querrá tantos vestidos?- y vosotros os desesperáis, y dais vueltas por la calle porque claro, a ver quién se atreve a picarle al timbre y tener que sentarse en el salón de su casa una hora, con la madre venga a ofrecerte casadielles y bizcochos y pastas, y la abuela venga a miraros por encima de las gafas mientras hace punto y no para de reirse y claro, lo peor, el padre, que no está en el salón pero como si lo estuviera. Su presencia se siente en toda la casa y las dos veces que se asoma a ver si seguís ahí sentados, deseando que os hayáis quemado ahí, en el sofá tapizado de flores, y que ya no os podáis llevar a su hija lejos de él, y vosotros notáis como su mirada os calienta en la nuca, y os volvéis a ver si os va a decir algo, e intentáis decir que buenos días señor, pero nada, que no hay manera, que lo único que conseguís es bajar la cabeza y poneros colorados. Y él, que se sabe ganador por un segundo, os mira insolente y vengativo, marcando terreno. Y luego todo cambia.
Se abre una puerta por ahí, el padre se asusta, la madre y la abuela se paran, contienen el aliento a la vez que vosotros, y miran al pasillo. y ahí está ella, y todo lo que habéis tenido que pasar hasta ahora os da igual, y todo queda compensado y olvidado, y no hay nadie en este mundo tan feliz, sólo pienso en ti... Nada, no pasa nada, se os va la cabeza cantando a Victor Manuel pero eso es normal, porque por muy playus que seáis, vuestro corazonzín tenéis, y en estos momentos se está derritiendo ante la radiante imagen de vuestra mozina, que por supuesto, como no podía ser de otra manera, va vestida de azul.
Se me olvidaba, que la tienduca donde le compréis el regalo sea esta:
De verdad. Es un privilegio y una gozada ver cómo día a día, estas dos mozas se lo curran.
¡Estáis invitados!
martes, septiembre 06, 2011
Acceso no autorizado, de Belén Gopegui
Belén juega a meterse en la cabeza de una persona con tanto poder – y a la vez tan condicionada y cohibida- y fabula no sobre su vida privada, sino sobre la vida entre bastidores del gobierno. La novela no va sobre la vida privada de un dirigente de un país, no se interesa en sus ambiciones ni en sus sueños, la novela trata de las entretelas del poder y pone el dedo en la llaga al poner de relieve lo atado y firme que está todo, lo poco que uno puede improvisar y lo poco que uno poco puede decidir, sin importar lo alto que esté en la pirámide de poder.
Pero la ministra no está sola. Desde más abajo en la pirámide, una persona anónima, tan anónima como para aparecerse a la ministra y a nosotros como la flecha con vida propia del ordenador personal de la segunda persona más importante del gobierno; así de anónimo y sin embargo, según se mire, igual de poderoso. Lo suficiente al menos para inspirar a la señora Julia y para compartir con ella el mismo anhelo, el de tratar de cambiar las cosas, aunque sólo sea un poco.
En el camino de esta historia quedan muchos párrafos dedicados a las acciones informáticas de “la flecha”, que bien llenan páginas pero tampoco sacian, y lo mejor de todo, un repaso a personajes del PSOE que según se comenta por ahí, no ha gustado nada en Ferraz. Un presidente a la deriva y carente de ideología, un Felipe González (también llamado así en la novela, para que no haya dudas) puesto a caldo, y un insospechado malo de película: el vicepresidente primero Álvaro, un hombre menudo, con la frente despejada y el pelo característicamente engominado en la nuca, luchando de tú a tú con la ministra por aumentar su cuota de poder, o por seguir manteniéndose a flote según se mire.
Acceso no autorizado no será la novela del año, ni será un relato generacional, pero tampoco se queda en el mero entretenimiento. En un momento en el que todos nos planteamos para qué sirven las instituciones, y si realmente nos defienden y velan por nosotros como se supone, también nos preguntamos qué podemos hacer nosotros para cooperar y participar. Esta novela no da ninguna respuesta, pero sí que nos permite ver las cosas desde otro punto de vista. No es poco.
martes, agosto 30, 2011
VBRL3: La recta final
La última vez que hablamos de la VBRL3, ni siquiera se había llegado al ecuador de la competición. Ahora, casi tres meses después, todos tenemos claro quién va a ganar el campeonato de F1 del año 2011, pero la VBRL nunca ha estado tan emocionante.

En un año en el que cuatro equipos han sido líderes (un absoluto récord en esta competición) y todavía restan siete carreras, todo está aún por decidir. Los equipos todavía tendrán que elegir alineaciones tres veces más, siendo la última de ellas válida tan sólo para la última carrera. La clasificación por ahora está tal y como se indica en la tabla:

El Puzolana Entertainment System lidera la clasificación general, seguido a escasos 16 puntos por el Red Caesar Playu's Team, quien tiene además la ventaja de elegir el MOR-Through para la siguiente carrera, debido a que en las últimas tres es el que menos puntos ha sumado. Esto da una idea de lo reñida que está siendo la VBRL esta temporada.
De cara a la resolución de la VBRL3 n papel crucial lo jugarán las restricciones de los equipos a la hora de elegir las alineaciones para las siguientes carreras, puesto que, recordamos, tan sólo se puede elegir a cada escudería o piloto dos veces en la temporada. Son muchas las opciones que los equipos han agotado ya, y para alguna de las últimas tandas, varios de ellos se verán obligados a elegir a un equipo que no sea Red Bull, McLaren o Ferrari, lo que les podría llevar -junto con un MOR-atp- a una puntuación bajísima en alguna de las carreras restantes. A estas alturas del campeonato, es un riesgo difícil de asumir.
Las próximas alineaciones entrarán en vigor a partir de la próxima carrera, y cada carrera será una final en sí misma. Tan cerca del fin de la VBRL3 y con tan poca diferencia entre los equipos, cualquier fallo se pagará muy caro. La tensión se masca en el ambiente y la igualdad entre equipos no puede ser mayor: esto es un campeonato emocionante.
martes, agosto 09, 2011
Asterios Polyp, de David Mazzuchelli
Se narra la historia del viaje iniciático de Asterios Polyp, un “arquitecto de papel” que merced a sus miedos y a estar centrado en sí mismo ha terminado por aislarse del mundo que le rodea y de sus seres queridos (su pareja), y en el camino se ha comportado toda su vida como un engreído egoísta, incapaz de valorar los logros ajenos por inferioridad (creo yo). Se relata todo el proceso de aprendizaje que el protagonista ha de cumplir, desde la chispa desencadenante hasta la culminación, pasando por numerosas pruebas, o más bien situaciones que ponen a prueba al protagonista. Es decir, se nos narra la Odisea personal de un hombre de nuestro tiempo.
Al parecer la novela gráfica ha recibido no pocas críticas a causa de su “poco profundo” argumento. En mi opinión, si bien no estamos ante una historia reveladora que jamás haya sido contada, la crítica se pasa de largo. Asterios Polyp, es, por así decirlo, una nueva forma de narrar la antigua historia de la búsqueda de uno mismo y su propia aceptación. Pero el hecho de que no sea nueva no significa que no sea buena.
*** Ojo, que viene spoiler ***
Las casi 400 páginas conforman un relato que mezcla dos secuencias temporales distintas, a las que se añaden los reveladores sueños del protagonista, y la historia está repleta de detalles. Las menciones a la cultura griega, a través de La Odisea o del mito de Orfeo y Eurídice por ejemplo, son numerosas. En un momento dado, el protagonista dice que su apellido “Polyp” es una contracción de su nombre de familia de origen griego. Eso nos podría llevar al nombre de “Polyphemus”, el gigante de un solo ojo que fue vencido por el propio Ulises. Así mismo, podríamos decir que Asterios sufre una “pérdida de visión” en el plano sentimental, al ser incapaz de interpretar las manifestaciones de sentimientos ajenas. Y curiosamente, su tara se corrige al quedarse físicamente tuerto, momento en el que pierde la profundidad de campo de su visión a cambio, esa que le ha servido en su carrera profesional. Ironías de la historia que marcan sutilmente el cambio de prioridades del protagonista.
*** Tranqui, fin del spoiler ***
Pero es en la estética donde Asterios Polyp brilla más. Es formalmente sensacional. El autor pone a su servicio todos los recursos que el tebeo posee: el color, el espaciado entre viñetas, la tipografía, el trazo de los dibujos… todo para poder mostrar diferentes sentimientos y sensaciones que solo podrían narrarse con unas cuantas páginas descriptivas. Notar como poco a poco dos personas van congeniando gracias a que los estilos con los que están dibujados se van entrelazando hasta formar un nuevo estilo, percibir como el protagonista va polarizando la conversación para acabar quedando por encima del resto de forma muy condescendiente gracias a un foco que ilumina a los personajes o evocar a una persona amada a través de las instantáneas que conforman los recuerdos de una vida compartida, son recursos que escapan no sólo a otros géneros como el cine o la literatura, sino también a la mayoría de los tebeos.
David Mazzuchelli da una auténtica clase magistral sobre las posibilidades del tebeo, llevándolo hasta extremos donde sólo las obras más emblemáticas del género han llegado. Los tonos de color, por ejemplo, marcan los distintos tiempos en que transcurre la historia, dejando el amarillo y el violeta para el presente y los sueños del protagonista, y el cyan y el magenta para el pasado. El verde y el naranja sólo aparecen cuando ambas historias convergen.
Asterios Polyp lucha contra sí mismo (su hermano gemelo Ignazio, en sus sueños), y contra sus parciales y tajantes visiones de la vida y la muerte, la relación con los padres, la pareja, la gente que nos rodea, el trabajo y nuestras aficiones… Nada con lo que no tengamos que luchar cada uno de nosotros, lo que hace que seamos tan capaces de despreciarlo y desearle mal, como de comprenderlo y ponernos en su lugar, e incluso desear que su historia sea nuestra historia, como el autor nos permite en una de las viñetas finales, borrando las caras de los personajes y dejando espacio para que la imaginación de cada uno complete esas caras como quiera. En resumen, en vuestra próxima visita a Salamanca pedirle este tomo a vuestro Álvaro, merece la pena.
Referencias:
Shades of Meaning, de Douglas Wolk para el NY Times.
Some Thoughts on Asterios Polyp, de Scott McLoud en su blog.
Annotations for Asterios Polyp, de Stumptown Trade Review.
lunes, agosto 01, 2011
Una mañana en los médicos
jueves, julio 28, 2011
CARACAS, AÑO 444, MES 0
La casualidad ha propiciado la coincidencia de estas dos efemérides: año 444 del nacimiento de la ciudad de Caracas, mes 0 de mi vida en ella. Coincidencia en la que por supuesto nadie a parte de mí ha caído y que sólo yo, protagonista de uno de los sucesos, podría poner en plano de igualdad, pero si os paráis a pensarlo es un gesto de generosidad por mi parte... quiero empezar con buen pie.
La cuestión es que llevo tres semanas en la ciudad y es momento de preguntarme si ya estoy adaptado. Evidentemente me queda todo por descubrir, pero no se trata tanto de evaluar mis conocimientos sobre el país sino de valorar mi grado de adaptación al medio. A nivel logístico las cosas no fueron complicadas, llegué con trabajo y casa así que el resto son pequeños ajustes que voy solventando a buen ritmo. El apartamento está bien, y vivo sólo por primera vez en mi vida, para algunos una pesadilla, para mí la quintaesencia de la felicidad. El trabajo es interesante en lo relativo a los análisis políticos del país, el diseño de estrategias y la elaboración de acciones en consonancia con los dos pasos previos. En cambio, la implementación de las acciones resulta un tanto mecánica y tediosa. Pero el equipo de trabajo en la oficina es fantástico, y en ese sentido soy afortunado. Luego está el tema del dinero, un tabú público, todos lo saben, todos lo utilizan, pero que no te pillen hablando de ello, y menos en el ejercicio de tu trabajo, de forma que las instrucciones que recibí a este respecto antes de llegar no fueron muchas. Si tenía un cabo suelto al llegar al país ese era el del cambio de divisas. Hace unos años el valor del Bolívar comenzó a bajar de forma extraordinaria, a lo que el Comandante respondió quitándole tres ceros al Bolívar en su cambio por dólares, y pasando a llamarlo Bolívar Fuerte. Así de fácil. Ahhh si los griegos pudieran hacer lo mismo... Esta medida fue acompañada de un férreo sistema de control cambio, vamos que aquí no puedes ir al banco y decirle cámbieme estos bolívares por dólares o euros”, de haber sido así los Venezolanos hubieran multiplicado por mil su capacidad económica, pero los bancos les hubieran dicho “va a cambiarte perres quien yo te diga, oyisti”, así, con acento de Noreña. Aunque hubiera estado bien que por una vez ganaran los ciudadanos, cuenta el historiador inglés Eric Hobsbawm en su libro “Age of Extremes: the short twentieth century, 1914-1991” que la inflación de entreguerras hizo que su padre se gastara el total de su jubilación tras toda una viuda trabajando en un café. Con Hobsbawn un amigo y yo iniciamos una curiosa tradición en la universidad, buscábamos un autor de referencia e interveníamos en clase cambiando el acento o la pronunciación de su apellido de forma exagerada, luego nos dedicábamos a ver cuantos prubinos se pasaban el año repitiendo la paletada. A veces creo que Pablo hace lo mismo con los pilotos de Fórmula 1. Pero me estoy yendo por las ramas, aunque parece lógico si como dice mi amigo Ale tengo la cabeza con forma de rama, que es la única explicación posible para entender la de paxiarinos que se posan en ella. Paxiarinos no, Ale, le dijo siempre, Accipiter gentilis, ya sabéis como los llamamos en Asturias. El caso, si cambias euros en un banco o pagas con tarjeta de crédito, esta ciudad es tan cara como Tokio o Moscú, un desfase. Afortunadamente existe el cambio paralelo, en el que multiplicas por dos el valor de tu moneda. ¿Pero quién es tan tonto como para darte bolívares a la mitad de su valor oficial? Gente que tiene cuentas en el exterior y necesita euros o dólares, porque como he dicho, aquí no puedes comprar las divisas extranjeras que quieras, ni mucho menos. Aún así, Caracas dista mucho de ser una ciudad barata.
Conocer y manejar los mecanismos de cambio era una cuestión fundamental, pero nada tiene que ver con estar instalado en una nueva ciudad. Yo, para sentirme en casa, necesito tener una rutina. Y en mi caso tener una rutina se limita a dos sencillas actividades: leer y hacer deporte. Una hora al día para leer, una hora al día para hacer deporte, no necesito más para ser feliz, con eso puedo llamar “hogar” a cualquier sitio. Al día siguiente de llegar ya estaba corriendo por el parque del este, epicentro de mi actividad deportiva durante la semana. A los ocho días de llegar corrí mi primera carrera, 10km, 43:54, entre 60 y 75 segundos más de lo que esperaba, pero no está mal teniendo en cuanta que el recorrido no era nada llano y que hacía mucho calor. Y eso que la carrera empezó a las 7 de la mañana, pero ni con esas. Claro, a esas horas salí de casa sin dorsal y sin chip, bastante que me acordé de poner las bambas. Afortunadamente en este país dan la camiseta cuando recoges el dorsal y no al final de la prueba, menos mal porque todo el mundo sabe que los atletas amateur corremos única y exclusivamente por la camiseta conmemorativa y los favores sexuales que creemos esta nos va a granjear (mmm, corriste la san silvestre vallecana mmm poséeme...). Difícil pero no imposible, sin embargo en previsión de no cumplir tales expectativas, la organización premió a los participantes con el impagable aliento de las chicas “rexona” a un kilómetro de meta, a sus falditas cortas, a sus labios carnosos, a sus pompones rosas rasgando el aire les debo un último kilómetro a cuatro minutos. Hay tanto que aprender de este país. Y por si fuera poco, en la meta nos esperaban las chicas “Dove”, con sus camillas y sus cremas dispuestas a masajearnos como si no hubiera mañana. En serio, tanto que aprender. Dentro de 10 días tengo una carrera de montaña por el Ávila, 12km partiendo de una cota de 1000m y acabando a 2100m, va, un desnivel acumulado curiosín. Creo que puedo decir que ya he conseguido incorporar el deporte a mi día a día. Con la literatura me costó más, me pasé casi dos semanas si leer una página, pero desde el pasado fin de semana he cambiado la tendencia. A ello ha contribuido conocer a Rodrigo Blanco Calderón, joven promesa de las letras venezolanas y profesor de teoría de la literatura en la universidad central de Caracas, me he comprado uno de sus libros de relatos y en septiembre me incorporaré a algún curso de la facultad. La lectura de “Las rayas” me ayudó a recuperar el ritmo y ya he logrado un espacio diario para literatura, lugar que ya han ocupado Herta Müller y Tabarovsky, Massiani espera su turno. Por tanto, también he encajado esta pieza.
En resumen, ya no sólo vivo en Caracas, ahora resulta que también es mi casa.... hay que joderse.
¿Y las mamellas? Bien gracias.
sábado, julio 23, 2011
Calorama
Me vuelvo a despertar, el sueño ha sido ligero y no he conseguido dormir mucho. Miro el reloj de nuevo y esta vez marca 3:14. “Pi”, pienso, y cambio de postura para ponerme de costado ya que mi espalda está totalmente empapada. A mis oídos vuelve a llegar el llanto del bebé pero queda eclipsado por unas risas estruendosas, que intuyo son las que me han despertado esta vez. Las risas duran unos minutos más, vienen de uno de los pisos del otro lado del patio pero desde la cama no alcanzo a ver cuál es. Sólo calman cuando una voz de mujer suena en todo el patio:
- Silencio, respetad a los vecinos.
Las risas cesan, y una voz indignada las sustituye:
- Vamos, ¡estaría bueno que me manden callar en mi propia casa! –y las risas se renuevan. Al parecer hay un personaje en la televisión que es muy gracioso, o patético, o ambas cosas a la vez. Pero la voz misteriosa vuelve al ataque:
- Si no os calláis, ateneos a las consecuencias –y por fin puedo volver a cerrar los ojos.
El bulto que duerme plácidamente a mi lado sigue imperturbable, sumido en un sueño que se me antoja inalcanzable. “Sueño con un sueño.” Los llantos de bebé parecen haberme vuelto a despertar, pero esta vez los acompaña una voz de hombre:
- ¡No puedo más! ¿Me entiendes? ¡Ya no lo puedo soportar! –y mientras el bebé sigue llorando de fondo, transcurre el tiempo suficiente para que una voz inaudible responda, hasta que el hombre responde:
- ¡Te digo que no lo aguanto más! O los callas tú o no sé qué hacer…
Por fin decido levantarme de la cama, me quedo sentado unos segundos, me doy cuenta de que tengo que respirar hondo para poder sentir aire en mis pulmones. No sé qué temperatura puede haber, pero la suficiente para no poder dormir, salvo para el bulto, que no se queja, y que se sigue meciendo con su suave respirar.
Camino hasta la cocina, cojo un vaso, abro el grifo y dejo correr el agua. Dejo que pasen unos segundos, lleno el vaso y al beber tengo que escupir el agua, debo haberme equivocado porque está caliente. Vacío el vaso, abro el otro grifo y dejo que vuelva a correr el agua, pero no tarda en asomar el vapor de agua. Parece que sólo tenemos agua caliente. Me asomo al balcón y observo todos los pisos del vecindario. Todos tienen las luces apagadas y las ventas abiertas, todos esperan que entre algo de brisa por sus ventanas, pero todo lo que conseguimos son amenazas y llantos y risas y calor. Una noche así no parece real, y que el cielo en lugar de negro sea naranja no ayuda a cambiar de opinión.
Me salgo del balcón y me dirijo al cajón de las medicinas, a ver si encuentro algo que me pueda ayudar a descansar, pero no hay suerte. Omeprazol, paracetamol, sintron, aero-red, antibióticos, dylar, gasas, metamizol (caducado), un envase sin etiqueta pero lleno de pastillas blancas, caramelos de menta, espididol (caducado), plantabén, aspirinas, cremas varias, aután (caducado) y por último, al fondo de todo el cajón, un bote de betadine abierto que ha impregnado medio cajón con una capa roja ahora ya seca y parece una grande y oscura mancha de sangre seca. “¿Quién guardaría sangre en un cajón?” Meto todas las medicinas de nuevo en el cajón salvo las caducadas, y me vuelvo a acostar. Antes de cerrar los ojos miro la hora: 5:34.
No me sorprende abrir los ojos de nuevo, pero sí que me extraño al ver la hora: las 4:42. Juraría que antes era más tarde, y es que la noche se me está haciendo eterna. Me giro, y en lugar del familiar bulto a mi lado duerme un gato persa, blanco intuyo a pesar de la reltiva oscuridad, hecho un ovillo y con expresión de felicidad. Respira profundamente. Mi oído se despereza entonces, y escucho nítidamente las risas de un bebé junto a las otras, las de antes, pero en lugar de reírse de alguien de la televisión parecen estar burlándose de un hombre mientras este se lamenta: “¡no lo soporto más! ¿Por qué os reís de mí?” Desde otro piso una voz avisa: “Atente a las consecuencias, te habíamos avisado.” Me compadezco del hombre y cierro los ojos.
Me despierto otra vez, ahora porque algo me golpea la cara. El bulto que dormía plácidamente a mi lado, ha resultado ser una mujer, posiblemente mi compañera. Se ha cambiado de posición y me ha atizado con la mano, aunque parece no haberlo hecho a propósito puesto que duerme, o eso parece. Miro el reloj y marca las 5:58, casi he conseguido superar la noche. Por primera vez, ningún ruido parece perturbar la tranquilidad, así que una vez el bulto ha vuelto a encontrar la quietud, yo vuelvo a cerrar los ojos; y espero que sea la última.
Y de nuevo: vuelvo a despertarme. Miro la hora pero no sé cuál es, ya que el reloj tan solo dice ER:RO. Trato de cerrar los ojos, me cambio de posición, doy vueltas en la cama sobre mí mismo y no consigo conciliar el sueño, parece que mi cuerpo ya ha alcanzado el amanecer. Resignado, me levanto de la cama dejando atrás al bulto, que sigue disfrutando de un reposo que se me antoja inalcanzable; me dirijo a la entrada del piso y cojo unas llaves y la cajetilla. Subo las escaleras un par de pisos, abro la puerta y salgo a la azotea. Ante mí y bajo el cielo anaranjado se presenta toda la ciudad. El horizonte vibra y se derrite por culpa del calor. Saco un cigarrillo y este se enciende al contacto con el aire, le doy un par de caladas e inspiro profundamente. Miro a mi alrededor y la ciudad, al contrario que yo, parece dormir profundamente, como el bulto. Busco el sol hacia el este, pero todavía no ha salido. Tampoco se insinúa su aura y sin embargo, un neón rojo que jamás había visto brilla con intensidad a unas pocas manzanas en esa misma dirección. Se diría que él sólo es el culpable del color del cielo, de la temperatura y de mi falta de sueño. Una gran estufa, una sola palabra que lo enciende todo: CALORAMA.
lunes, julio 18, 2011
Una de Fourteneers
















