sábado, julio 18, 2009

Bear Peak

También conocido como "El picu del osu", se encuentra a unos 2500 metros de altura y es la montaña más alta de las inmediaciones de Boulder. Dado que Boulder está a unos 1600 metros, la resolución de complejas ecuaciones diferenciales nos da una subida neta de unos 1000 metros. Eso es bastante, ya lo sé, pero es todavía más si la montaña está jodidamente cerca de aquí, porque la subida será muy muy vertical. Aquí todo el mundo hace "hiking", así que yo no voy a ser menos.

Sábado, 8:30 de la mañana: me levanto y, mientras desayuno, tomo mi ración diaria de periódicos y radio española (ah, como echo de menos la radio, el "me alegro buenos días" de Herrera mientras desayuno, a Alsina con su "les voy a decir una cosa" mientras voy al gimnasio, menos mal que las grabaciones de Cebrián llenan mis ratos muertos; Hek hay que ir al bosque a presentar nuestros respetos). Desayuno habitual: nesquik, cereales, galletas y tostadas con mantequilla y mermelada (tened en cuenta que luego como un sandwich). Playeros que antes eran de correr y ahora son multiusos, camiseta decathlon, mochila, sombrero y allá vamos.
Sábado, 9:30 de la mañana: recordando las palabras de Jack, encamino mis pasos a la ferretería más cercana, en el centro comercial de Table Mesa: "ándate con gueyu nun vaya a ser que atopayaste con un oseznu o un llobu feroz" *.

*N del T: puede que no estuviese en asturiano en el original

Mi intención: comprar un machete (Joaquín devuélveme el mío cabrón), que creo que puede ser una protección eficaz contra cualquier tipo de fauna salvaje. Pero salgo con algo mucho mejor: el mejor arma contra animales salvajes, recomendada por el Ejército Americano y por la asociación de dependientes de ferreterías.
Pues sí, un manojo de llaves que te cuelgas en la mochila para ir haciendo ruidito y espantar a las fieras.

Sábado, 10:00 de la mañana: mientras camino por el vecindario buscando el sendero donde comienza el camino de montaña, me pregunto una y otra vez que puertas abrirían esas llaves, que trasteros, cofres, baúles, portales, candados, dormitorios o verjas han pasado a formar parte de mi vida por el simple hecho de que alguien me ha dado las llaves que en algún momento sirvieron para guardar una vieja bicicleta, recuperar un vestido de hace años, almacenar una colección de cómics, abrir por primera vez la puerta de un nuevo hogar, o cerrar una maleta antes de unas vacaciones que fueron increíbles y que siempre quedarán en el recuerdo.

Sábado, 11:00 de la mañana: por fin encuentro el camino hacia Bear Peak, tras callejear un buen rato y tener que volver sobre mis pasos y preguntar por la calle que buscaba (estúpida Leigh street y su pronunciación). Cruzo un pequeño arroyo seco y de pronto me encuentro en medio de la nada.



Bueno, sí que hay cosas: una casa preciosa, probablemente la más apartada de la ciudad, que se puede ver al fondo en una de las fotos. El tiempo es inmejorable, así que acelero el ritmo hasta llegar al primer cruce (tengo el mapa en mi cabeza: 4 veces a la derecha y luego dos a la izquierda).

Bueno, parece que el asunto va en serio. Compruebo que mi manojo de llaves está cargado y listo para la acción, mientras pienso como cojones se "fight back" un ataque de un puto oso o de un león de montaña. Por suerte, viene a mi mente la valerosa reacción de Bertónidas en una situación de peligro real que viví hace ya mucho tiempo; el recuerdo es duro, e intento siempre apartarlo de mi cabeza, pero esta vez me será útil, así que no puedo menos que darte las gracias Bert; intentaré hacer algún amigo de camino para poder dejarlo tirado en caso de ataque (a ser posible un niño indefenso o una anciana).

Sábado 12:00 de la mañana: tras perderme otra vez, en esta ocasión por hacerle caso a una francesa que me dijo que me había pasado y me hizo volver atrás con ella, para luego decirme "uy, perdón, creo que me confundí, la desviación que buscabas está más allá de donde nos encontramos" (Dios, nos llevan jodiendo 200 años y no parece que se cansen), comienzo la verdadera ascensión.

Increíblemente, en el primer tramo de subida veo dos cachondas que bajan... CORRIENDO! pienso en moro y en hek, y en cómo estas mujeres les pintarían la cara con pincel fino.

Sábado, 1:00 de la mañana: la subida continua.











Sábado, 2:00 de la tarde: hago cumbre en Bear Peak. Es increíble porque no es una planicie ni una zona difícilmente diferenciable del resto, es realmente la definición de cumbre: una roca en la que te sientas y a tu alrededor ves las rocosas al oeste, Boulder debajo, Denver más al este, y por lo que me han dicho en días claros se ve hasta el límite del estado. Por fin, las mejores fotos: las de la cumbre.



Si amigos, así soy yo: cuando llego arriba tras dos horas y media de subida sin descanso y totalmente agotado, saco la cámara y me preparo para grabar un video y hacer varias fotos; entonces solo puede suceder una cosa, y no es que me encuentro una cachonda en bañador con un perro, no, más bien me quedo sin batería en la cámara y sin fotos de la cima. Así que tomé prestada esa de unos que no fueron tan gilipoyas y llevaron batería de sobra.

Creo que es la manera que Bear Peak tiene de decirme que quiere que vuelva, y así lo haré.

¿Habéis estado en la cima del mundo? Yo sí.

4 comentarios:

uosdwiS .r jewoH dijo...

En mi defensa de lo acontecido aquel día debería decir que corría por mi vida, pero vosotros sabéis que no.

Si Favila no se hubiese olvidado las llaves cuando salió de casa aquella mañana, la historia de España habría sido muy distinta.

srcocodrilo dijo...

3 horas, 900 metros de desnivel, 300 metros por hora... estás hecho un pro, miñññ.

Ahora eso sí, que nos digas que no sabes cómo "fight back" a un oso, tú, asturiano de formación y vasco de sangre, da que pensar.

¿Acaso tuvo que morir Favila en balde?

Morvader dijo...

Miññ este el desperdicio de energía potencial más gratuito que he visto en mi vida.

CaesarHec dijo...

Yo creo que la francesa hubiera sido una compañera ideal para, en caso de ataque de un oso, utilizar la formación de defensa de Bertónidas...

Claro que, con ese sombrero que llevas, lo más probable es que el oso os hubiera pillado a ti y a la francesa retozando por la hierva.