Claro que puede que esté confundiendo argumentos.
El caso es que todo esto poco importa, al lado de la declaración de intenciones que ha hecho el bueno de Richard con su nueva película, y más aún teniendo en cuenta las leyendas urbanas que circulaban sobre él y cierta manía suya de meterse ratas por orificios de su propio cuerpo tales como... ya sabéis... como por el culo. Supongo que Richard, descontento con la difusión de esta historia, y sus terribles insinuaciones de que él no amaba a los animales, decidió salir al paso de mentiras y calumnias para demostrar que él es un gran amante de cualquier criatura de Dios; especialmente si es suave, peluda y estamos en invierno.
Así es como llegamos a Hachiko. Una historia basada en hechos reales, una historia de amor entre un hombre y su perro, una historia de coraje, valentía, ruptura de normas sociales y enfrentamiento contra la turba envidiosa. El perro es de Richard, y se lo folla cuando quiere, pensé cuando vi el cartel en una parada de autobús cualquiera.
La cara de agobio del perro no hace justicia al romance. Hay que tener en cuenta que se trata de un perro chino, y los perros chinos no pueden mirar igual que los perros europeos, pues son chinos. Así que descartamos la posibilidad de que el perro no esté disfrutando al sentir las firmes manos del bueno de Richard asiéndole por las caderas (o como se llame el homólogo perruno). La cara de Richard, por su parte, también nos puede inducir a engaño. Podríamos pensar que tiene cara de decir “ostia, me habéis pillado a punto de envolver a este puto perro chino en celofán”, pero tengamos en cuenta que el buen budista también tiene un poco cara de chino, así que lo más seguro es que simplemente esté experimentando una sensación placentera al asir a un animal tan suave y calentito, incluso a través de unos guantes de cuero que no dejan huella (¿eh, Avalon?).Luego llegué a casa, y vi el tráiler.
Vale, puede que poner el tráiler con doblaje sudamericano mientras suena una canción popera japonesa, sea ponérselo demasiado fácil a uno mismo. Así que no comentaré más sobre la película, simplemente os contaré mi sueño. Un sueño basado en esta película, que a su vez está basada en la historia real de como Richard Gere se follaba a los animales, solo que cambiando su situación de muerde-almohadas por la de sopla-nucas, y cambiando al ratón por un perro chino.
En mi sueño, Richard pasea con Hachi por una calle de Nueva York, muy de mañana, a eso de las siete. Mientras, desde la otra acera, una manada de miembras del PETA le observan mientras esgrimen enfurecidas sus habituales pancartas, y se sienten tristes por dos motivos: El primero, que por mucho que sus pechos bailen al viento, y sus nalgas se aprieten la una contra la otra, firmes en cada salto, no consiguen atraer la mirada del bueno de Richard. Él sólo tiene ojos para el perro. El segundo, que según caminan amo y perro por la calle, todas las miembras del PETA se dan cuenta de algo, algo que puede parecer un efecto óptico, un error de la vista, y sin embargo no lo es. Todas observan como esa mañana, mientras Richard pasea sonriente y saluda amablemente al señor del kiosko que le vende el New York Times, su perro chino, Hachi, Hachiko, llora.












