miércoles, diciembre 18, 2013

Una novela francesa, de Frédéric Beigbeder

Frédéric Beigbeder puede que no sea muy conocido en España, pero en el país vecino sí. Entra dentro de lo que ellos llaman “people” (ellos, que rehúyen tanto del inglés) y nosotros llamamos famoso o “celebrity” o que se yo. Mientras en Francia entre los famosos todavía quedan escritores, en España vivimos bajo el yugo de Ana Rosa Quintana. No eres nadie si no pasas por su programa. Punto para Francia.

Sin embargo Frédéric es un “BOBO”, un “BOhemian BOurgeois”, un vivalavida… Un jeta, vamos. Escribe en Vogue o no sé dónde por el día, y por la noche se va de farra. Los fines de semana, empero, escribe novelas. Supongo. Punto para Frédéric.

Llegué a él gracias a Michel Houellebecq, que lo convirtió en personaje de “El mapa y el territorio”. Luego me enteré de que Anagrama le había publicado en España una novela llamada “Una novela francesa” y la apunté. Dos años después me la he leído, pero ojo, en francés. Leer novelas en francés, en España, lo hacen Javier Marías y dos más, y ninguno de ellos sale en el programa de Ana Rosa, así que no los conocemos. Y es que leer en francés tiene un problema: que no me entero de la mitad. Me entero, sí, de cuándo sube las escaleras y cuándo las baja, pero no me doy cuenta de si apoya la mano en la barandilla o si la escalera siquiera tiene barandilla. Eso condiciona mi lectura y condiciona mi crítica, pero aún y así ¡vamos allá Frédéric!


domingo, diciembre 01, 2013

Nantes 7: On the beach/At the beach

La azafata me despertó cuando el avión ya había tomado tierra, se diría que ni siquiera habíamos volado. Sin embargo yo volví de un sitio muy lejano cuando ella comenzó a hablarme en susurros. Abandoné una penumbra lejana a medida que empezaba a procesar sus palabras:

- Sr. Cocodrilo, ya hemos llegado, puede levantarse. No se olvide de desabrocharse el cinturón antes de salir.

Así que me desperecé, incapaz de recordar lo que había soñado, y me uní al resto de pasajeros que hacían cola para salir. Una vez fuera del avión, mientras caminábamos hasta el edificio más cercano de aquel aeródromo desconocido para mí, una mano me cogió del brazo. La azafata que me había despertado me dijo:

- Su viaje no ha terminado aquí. El resto de sus compañeros se quedan, pero nosotros tenemos que coger otro vuelo, sígame.

domingo, noviembre 24, 2013

Motor Lab Monqi, de Miguel Ángel Martín

Llego tarde, lo sé, pero estas cosas pasan. Leer y comentar en 2013 por primera vez un tebeo de Miguel Ángel Martín y además hacerlo con uno de 2012, saltándose toda su bibliografía previa, es como decir ahora que la nocilla va a ser sepultada por la nutella, o que la game gear no tiene futuro, o que el blandiblu no durará más de un par de años. Llego tarde. ¿Y quién es Miguel Ángel Martín? Pues el que dibuja así:

miguel angel martin subterfuge records el demoniete

Sus dibujos son Subterfuge, el sello español por excelencia del indie de los noventa; Austrialian Blonde, Doctor Explosion, Mercromina, Sexy Sadie… Aprenderse de memoria la revista Tipo todos los meses y pensar qué guay sería escuchar todos esos discos… Oye, ¿y por qué no te los bajas? Pues porque estoy en 1997, Napster todavía no existe e intercambiar canciones por mIRC con un módem de 33,6kb es una odisea. Ostias qué putada, ¿y entonces qué hacéis? Engañamos a nuestros padres para que nos dejen comprar un par de discos al mes, nos intercambiamos cd’s, grabamos todavía alguna casette, y pagamos 300ptas al chulo de la clase que tiene un grabador de cd’s de 4 velocidades para que nos lo grabe. ¿Retrofuturismo? Apenas, Miguel Ángel, pero me has mandado de una patada 15 años atrás. Has dibujado el Odd tracks out! de Sexy Sadie, si es que se puede dibujar un disco.

Motor_lab_monqi_ miguel angel martin rey lear

domingo, noviembre 17, 2013

Le Transperceneige, de Jaques Lob y Jean-Marc Rochette


Estaba el otro día en el cine, a punto de ponerme las gafas 3D para ver Gravity (uau!), cuando pusieron este tráiler:


Y al margen del director coreano para una película hollywoodiense, de una Tilda Swinton Tatcherizada, y de una sensación de (ahí va que brutos…), me quedé con que al final de los créditos decía “based on the graphic novel The Snowpiercer”, y en mi vida había oído hablar de ese tebeo. Cosas de la vida, una semana después, rebuscando entre los ejemplares de la mediateca de la empresa me encontré con esto (deberes):


snowpiercer, transperceneige, transglacial, rompenieves

domingo, noviembre 10, 2013

Nueva imagen, más alpacas

La vida sería más feliz, más fácil, si estuviéramos todos rodeados de alpacas, ¿verdad?


Así que el VB se llena de estos seres entrañables, tan blandos por fuera, que se dirían todo de algodón, que no llevan huesos, pero que en cuanto te despistas te escupen. Y esa mancha no se quita.


domingo, noviembre 03, 2013

Nantes Interlude: Les Utopiales

Abandono por un post mi propia ficción sobre la vida nantesa para hablar de las ficciones de los demás. Este fin de semana ha tenido lugar en Nantes una nueva edición del festival de ciencia ficción Utopiales. Una nueva prueba de que sí que existen las ciudades que apuestan por distintas disciplinas y géneros artísticos, y no se contentan con los conciertos en la plaza de toros de la semana grande, y no pasa nada. La gente acude (o no, a voluntad), el dinero público se reparte (aunque aquí se cobraba la entrada diaria a 8€) y la vida sigue. Pero dejo de seguir por aquí, que me pierdo.


Para un alumno de primero de Ciencia Ficción, no resulta fácil acudir a un evento así. Conocía a dos autores literarios antes de empezar, Orson Scott Card y William Gibson, y el segundo se cayó del cartel y no apareció por allí. Así que tiramos de programa y nos fuimos pasando por las diversas conferencias y mesas redondas que nos parecían más interesantes a primera vista con la esperanza de enterarnos de algo, idiomas extranjeros y temáticos ajenos mediantes.

El resultado fue más que positivo, y si de algo me arrepiento fue de no haberme preparado el festival antes, y haberme informado sobre los autores que participaban. Una veintena de conferencias por día, una treintena de películas, 66 escritores y 26 dibujantes de cómic, además de arquitectos, cineastas, científicos y creadores de videojuegos condensados en tres días y medio merecen algo de cariño. Mucho me perdí, pero aquí va un pequeño resumen de lo que sí pude ver.

miércoles, octubre 23, 2013

Good ol’ memories

Dejo aquí un texto (levemente corregido) que escribí en 2004, cuando era un tierno erasmus sin blog. Lo envié por correo a unos cuantos amigos. Ya va siendo hora de que vea la luz pública.

Hay historias que se tienen que contar, a pesar de que vayan en detrimento de uno mismo y se corra el riesgo de perder cualquier rastro de dignidad en la vida. Esta historia acaba de suceder hace escasa media hora, así que si me faltan las palabras perdonadme pero es que todavía sigo paralizado por los hechos. Os he elegido a vosotros para contaros la historia, bien porque sabréis apreciarla, o bien porque albergo la esperanza de que a pesar del relato no me quitaréis el saludo. Vamos a los hechos.

jueves, octubre 03, 2013

Nantes 6: Les dangers d’une politique nucléaire

Me quité aquella especie de traje de artificiero, hecho de un tejido que parecía papel albal y lo guardé dentro de la misma papelera de la que lo había sacado una hora antes. Por supuesto, antes me había asegurado de que efectivamente el contador geiger que tenía el traje integrado había cesado de hacer aquel horrible ruido. Puede que no confiara en aquel traje, pero al menos era mejor que nada.

Con eso podía dar por terminada la última misión absurda que me había sido encargada para observar el enésimo suceso absurdo e incomprensible de la región. Nadie diría, a priori, que Nantes es una región prolífica para los temas paranormales, pero también es cierto que el trabajo que estoy llevando a cabo aquí no lo había hecho antes. ¿Y si fuera así en todas partes? ¿Y si estuviéramos rodeados de sucesos paranormales… o mejor dicho absurdos, y no nos diéramos cuenta, y solamente una organización conspiranoica como Transparence se dedicara a analizarlos y registrarlos sin tener un propósito aparente? Por mucho que mi “trabajo” para Transparence se hubiera convertido en una parte habitual de mi vida, haciendo recados para ellos durante ya varios meses, no acababa de encontrarle sentido alguno. Y claro, sucesos como este tampoco ayudaban mucho que digamos.


sábado, septiembre 21, 2013

Tres ideas y un link en condiciones sobre el affaire catalán


Tras la resaca de la Diada, del fracaso olímpico y en plena vuelta al cole, parece que el tema de la independencia de Cataluña vuelve a monopolizar los titulares principales, contando con la venia Bale, por supuesto.

En las redacciones de los periódicos los becarios han vuelto a sus rincones, y las primeras espadas entran con fuerza. Elvira Lindo, Soledad Gallego Díaz, Javier Cercas y demás hacen de El País del pasado fin de semana una edición monotema sobre el tema catalán mientras que Ibarra, por su parte, se lamenta del trabajo hecho en la Transición. Así podría continuar con el espectro mediático patrio, sino fuera porque temo adentrarme en ciertos parajes. De toda esta maraña de análisis y opiniones le queda a uno claro la bandera que enarbola cada cronista, aunque por otra parte, poco poso de análisis. Y después de haberme pasado medio fin de semana hojeando estas y otras páginas, aprovecho el VB para dejar constancia de dos o tres ideas que he sacado de todo esto. Vamos, que me subo al carro.

martes, agosto 27, 2013

Las arenas de Marte, de Arthur C. Clarke

Sigo con la CF, en un intento vano por acortar una lista infinita y divergente de obras de CF a leer. Esta vez toca una novela clásica, de la vertiente “científica” (entiéndase “posible” en sus intenciones o, al menos, con un enfoque creíble o pseudo-técnico). Al parecer una novela menor de Clarke –su primera historia larga-, según lo que se dice por Internet, pero Edhasa la acaba de publicar y había que aprovechar.

Básicamente, se cuenta la historia del primer viaje a Marte del famoso escritor de ciencia ficción Martin Gibson a bordo del crucero Ares, como su primer pasajero (al margen de la tripulación) en el vuelo inaugural. En Marte, les esperan las primeras colonias humanas del planeta de entre las que destaca Fort Lowell, la capital, que cuenta con unos 2000 habitantes. La relación de Gibson con el resto de tripulantes de la nave y los primeros colonos del planeta rojo, además de algunos descubrimientos que quedan por hacer del mismo, son las líneas argumentales que conforman la historia.

Pero esto la wikipedia ya lo sabe… Intentaré aportar algo más.

jueves, agosto 15, 2013

Hombres Salmonela en el planeta Porno, de Yasutaka Tsutsui


Leo el título del libro. Lo leo otra vez. Leo la faja: “En el aburrido panorama actual, este es un libro de cabecera para todos los que se ocupan de lo postmoderno, lo meta-narrativo, lo cibernético y pangeico y lo after pop en nuestro país.” Creo que Sergio Colina Martín apenas se descojonó cuando escribió esto.

No sé si me reconozco más en “pangeico” o en “after pop”, pero desde que me llamaron “transmoderno” (ojo, nada que ver con la transmodernidad), me siento con derecho a leerme esto y mucho más. Yasutaka, ahí vamos. Objetivo, el de siempre: sexo y naves espaciales. Es más, ¿puedo pedir el máximo? ¿Sexo en naves espaciales? Tengo que intentarlo.

El libro (publicado por Atalanta) nos ofrece seis cuentos de Yasutaka Tsutsui (polifacético y prolífico escritor de ciencia ficción japo que ha probado también con el cine, el manga y demás artes, al parecer): El bonsái Dabadaba, Rumores sobre mí, El límite de la felicidad, El mundo se inclina, El último fumador y el que da nombre al libro. Son historias disfrazadas de ciencia ficción pero que trazan un relato crítico sobre nuestro tiempo. No se plantean respuestas, solamente se nos propone ver las cosas desde otro punto de vista.


viernes, julio 26, 2013

Siete años, de Peter Stamm

Bienvenido a la mediana edad, hijo mío. Algo así parece querer decirnos Peter Stamm en esta novela, suerte de guía de la vida para el universitario a punto de convertirse en adulto. Una estupenda hoja de ruta que pretende avisarnos de todos los inconvenientes que vamos a encontrarnos en nuestro futuro próximo, de camino hacia la jubilación… Trabajo, matrimonio, paternidad, ascenso social, desencanto y decadencia del cuerpo. Sólo nos libra de la enfermedad, el bueno de Peter.

El caso es que la novela escrita en 2009 y publicada dos años después en España por Acantilado, fue muy bien acogida. Reseñada positivamente por aquí y por allá, e incluida en esas imprescindibles listas de las mejores novelas del año. Sin embargo, yo me he equivocado. He debido de leer otra cosa, porque no me he enterado de la novela redonda, ni del magistral diseño de personajes, ni del excelente retrato de una época sin certezas ni convicciones… Para mí, Siete Años cuenta una historia bien distinta.

No quiero destripar el argumento, puesto que aunque el devenir de los personajes no es lo principal, sí que hay una serie de revelaciones a lo largo de la historia que ayudan a construir la narración de forma interesante. Sí que se puede decir, no obstante, que Peter nos cuenta la historia de la vida de Alex, y su lucha interna por decidirse entre la vida que debe vivir y la que quiere vivir.

Así que nos encontramos siguiendo las experiencias de Alex, narradas por él mismo a través de dos relatos entrelazados (uno que va rememorando el pasado y otro presente, fijando desde el principio el momento del desenlace de la historia), y que centran su vida en dos aspectos: sus expectativas de vida y su egoísmo. En ese sentido, sí que podemos aceptar que Alex representa al hombre moderno, y por lo tanto la novela deja de leerse como una historia particular y pasa a convertirse en un relato generacional. Pero por otro lado, a algo llamado relato generacional le exijo un punto revelador, algo así como “¡ZAS! Mira hijo, esta es tu vida y ni te habías enterado” que esta historia no tiene. Alex es un frustrado de la vida y lo sabe él, Peter y cualquiera que entre en una librería buscando un libro.

Pero todo eso no quita que merezca la pena ser leída, no señor (ojo, que yo, daría mi bazo por escribir algo así, una cosa no quita la otra…). Volvamos a las dos ideas que empapan la novela, las expectativas de vida de Alex y su egoísmo, y desarrollemos un poco más.


lunes, junio 17, 2013

Nantes 5: Le mystère du serpent

El tiempo pasa rápido cuando uno es nuevo. Bueno, y cuando uno no lo es también, pero esa es otra historia. Tres meses pasan ya de mi llegada a la ciudad, y apenas he llegado. No puedo decir que conozca a mucha gente, ni muchos bares, ni los pueblos de alrededor ni la gastronomía típica. Tampoco se puede decir que domine mi nuevo trabajo, así que esa sensación de eterno aprendizaje, de guiri, en la que se supone que es mi propia casa, contribuye a que los días vuelen sin dejar poso alguno aparente.

Llega a ser sorprendente los pocos contactos que se deben realizar con otros seres humanos cuando uno elige el anonimato como estrategia, y es que se limitan a contactos pagados: camareros, dependientas de supermercado, algún mecánico y alguna dependienta de una tienda de ropa son las pocas personas que pueden dar cuenta de mi presencia aquí, al margen de mis compañeros de trabajo, claro está, pero una relación estrictamente profesional tampoco lleva a conocer a una persona. Allí ni vestimos ni nos comportamos como lo hacemos habitualmente, así que en cierto sentido no dejamos de ser actores durante esas ocho horas diarias. Pero todo esto poco importa.

Empiezo a pensar que precisamente ese puede ser la razón por la que me han elegido. Ignoro el propósito de la elección, pero ya no puedo negar que efectivamente cuentan conmigo. He dedicado cierto a tiempo a auditarme a mí mismo y no he conseguido encontrar nada destacable: no soy especialmente fuerte, ni mucho menos listo, no soy hábil con las manos, no tengo contactos con gente importante ni poseo acceso a información privilegiada y el dinero, como a casi todos, me queda muy lejos; además no conozco la región, no puedo pasar por alguien de aquí... “¿Qué puedo aportar entonces yo a Transparence?” me he preguntado varias veces, y sólo he llegado a una posible respuesta: el anonimato.

***

Prueba de ello fue mi última misión. El móvil me despertó un sábado a las cinco y media de la mañana con un mensaje enviado desde un número oculto:
« Investigue suceso extraño. Localización: Saint-Brévin-les-Pins / Pointe de Mindin. S »
Comprendí el mensaje por el final. Primero me embargó una extraña emoción al imaginar que esa “S” no era sino la firma de Soizic. Después, bajé la cabeza avergonzado al darme cuenta de que había caído en un juego infantil. La “S de Soizic”, era la firma de Transparence, no de ella. La seguían utilizando como reclamo para atraer mi atención, pero no era ella. No podía ser.

Sin más instrucciones que las del mensaje y sin que Internet pareciera tener noticias recientes sobre la Pointe de Mindin de St Brévin-les-Pins, me levanté sin despertar a mi pareja y conduje a través de la noche los cincuenta kilómetros que me separaban de la desembocadura del Loira, hasta la punta de Mindin. Cuando llegué, el sol empezaba a insinuar su presencia, pero nada más se movía. Dejé el coche en el aparcamiento principal de aquello que era St Brévin-les-Pins en el mapa, pero en la realidad no parecían más que una veintena de casas, dos bares y un pequeño puerto, todo ello bajo el imponente puente de St-Nazaire. Al otro lado de la desembocadura, la población del mismo nombre vigilaba. Empecé a dar vueltas en círculos alrededor del aparcamiento, cada vez más amplias, tratando de ver algo que me llamara la atención hasta que vi una luz azul, de un coche de policía, que giraba tras unos árboles en lo que parecía ser un paseo marítimo. Me acerqué hasta que lo vi.














El coche de policía intentaba cortar el paso, cruzado en la acera. Dos policías caminaban por la arena sin rumbo fijo aparente y un perro ladraba desesperadamente en todas direcciones. Un poco más atrás vi a su dueño. No había nadie más y nadie pareció reparar en mí, absortos como estaban en la contemplación de aquella criatura o mejor dicho, de sus restos. No sé si me sorprendió más el tamaño de aquella serpiente o el hecho de que fuera un mero esqueleto lo que se había quedado varado en la orilla, pero comprendí que la sorpresa no era lo que Transparence esperaba de mí. Desde mi desconocimiento absoluto de todo aquello, de mí sólo podían esperar una cosa: fotos. Ellos no esperaban de mí que hiciera preguntas. Saqué mi móvil e hice todas las que pude: con zoom, sin zoom, con más luz, con menos… sólo me abstuve de poner el flash.

El dueño del perro acabó a mi lado o yo al suyo, no sé bien, y de forma espontánea iniciamos una conversación inútil sobre el tema. Él sabía tanto como yo, o menos. De lo que le pude entender, su intuición le llevaba a inclinarse porque la criatura era pariente (si no el propio) monstruo del Lago Ness. Me encogí de hombros, aunque tampoco él preguntó mi opinión. Tras un silencio torpe e incómodo acerté a pedirle que me hiciera una foto con la serpiente, para no tener que responder a preguntas sobre mi carácter puramente turístico en aquel lugar. Después, se marchó para alivio de su perro, que por fin pudo perder de vista a aquel bicho. Aquel hombre tenía un aspecto bastante normal, nada que mereciera la pena recordarlo, salvo por un detalle. Cuando fue a poner la correa a su perro, vi que tenía una cicatriz en la muñeca izquierda, bajo el pulgar.


En total estuve una media hora rondando el lugar, aunque siempre mantuve la precaución de no acercarme demasiado a los restos de la criatura. Uno de los dos policías finalmente se acercó para preguntarme qué hacía allí, y para pedirme que me fuera sin esperar a escuchar la respuesta de la primera pregunta. Volví al coche y emprendí el camino de vuelta, cruzándome a la salida del pueblo con un convoy militar de una media docena de coches y carros. Paré a desayunar en una estación de servicio, que para mi sorpresa anunciaba disponer de wifi para los clientes. Me conecté con el teléfono, entré en mi página de usuario de Transparence y descubrí que disponía de una nueva opción: Archivos. Pude subir todas las fotos y cerré la sesión. Las borré del móvil y me llevé cuatro croissants de la estación de servicio. Regresé a casa cuando el sol ya había asomado por completo. Puse la cafetera en el fuego y me senté a esperar a que pitara. Había cumplido con mi trabajo y nadie más lo sabía, salvo S.

domingo, mayo 12, 2013

El retorno del Pony (Bravo)

Y sí que está bravo esta vez.

Sarkozy-kozy-kozy
Sarkozy-cosí-cosá


Hará cosa de un par de meses los sevillanos publicaron su tercer disco, De Palmas y Cacería. Casi cuarenta minutos y 9 canciones más para la lista de los cuatro ponys, que guardan ciertos rasgos comunes con sus publicaciones anteriores: música rítmica, estilos variados y letras a medio camino entre el chiste y la crítica “social”.


Aunque llevo pocas escuchas, no parece que en mis preferencias personales vaya a superar a su primer disco, Si bajo de espaldas no me da miedo. Sin embargo, cada vez que lo pongo y a medida que me voy familiarizando con las canciones, mejora.

Música disco (en la inquietante Ibitza, por dios, esa voz susurrante le puede quitar el sueño a cualquiera) , guajiras (Guajira de Hawaii), rock andalusí (es lo más cercano que queda de Zambra de Guantánamo, el sonido de Medina Azahara), rap (desahogándose de lo lindo con el moderneo musical en Mi DNI), guitarras flamencas (de fondo en Turista Ven a Sevilla)… Siguen probando nuevos estilos, puede que con suerte desigual, pero con pocas ganas de encasillarse, lo que siempre es de agradecer.

Cheney! Cowboy de mierda que todo lo puede

¿El pony comprometido? Siempre les ha gustado dar caña en sus letras, pero en los discos anteriores combinaban cortes de “crítica social” con otros más líricos (ahí quedan el guarda forestal o la rave de dios). En De Palmas y Cacería podríamos decir que estamos en un disco de canción protesta (con perdón de Ismael Serrano), si no fuera porque no lo es (¡). Vale que salgan Cheney y la CIA y Eurovegas y la policía siempre controlando… pero el tono de sátira y la instrumentación abren un mundo. Que nadie se equivoque, aunque el pony se queje y proteste e intente poner el dedo en la llaga, el pony sigue de fiesta.

Eurovegas! Se reparten fichas con la cara del rey

Más Pony Bravo quiere decir más mantras y más ritmos pegadizos para cantar en sus conciertos, siempre divertidos, y eso no nos lo quitan. La prometida hora y media de baile y desahogo de cada año. Y es que, como todos sabemos… Lo que pasa en Eurovegas, en Eurovegas se queda.

Y como no, más Pony Bravo sigue queriendo decir creative commons, así que podéis seguir visitando su rancho para descargaros gratis su música.

domingo, mayo 05, 2013

Discos de modernos: The Avalanches – Since I Left You

Corría el año 2001 y uno disfrutaba de sus tiernos 18 años y de su primer año de universidad. La vida era simple: de lunes a viernes clases, academias, prácticas y tardes en la biblioteca, y viernes y sábado salir todo lo posible. El primer año de universidad se descubren carreras que uno desconocía que existían en su ciudad gracias a las fiestas que organizan. Turismo, Enfermería, veinte Ingenierías, Empresariales, ADE (sigo sin saber qué hacen, y sospecho que ellos también)… una gozada. Y en todas las fiestas el mismo plan: beber con los amigos sin despegar el codo de la barra, por lo que pueda pasar. Y como ya sabemos, nunca pasa nada. Además, la música era una mierda. Menos mal que todavía funcionaba la MTV.

Por esa época, el canal de vídeos musicales todavía no había descubierto lo interesante que era la vida de la gente mísera y The Strokes, The Libertines y demás no habían iniciado el revival post-punk que monopolizaría al mundillo alternativo hasta nuestros días. En otras palabras, había espacio para grupos que, o bien no fueran de Montreal (barbas y camisas leñadoras), o bien no fueran de NY/UK (pantalones pitillo, camisetas de H&M y ojeras).

Incluso había espacio para grupos que no tocaban ninguno de los instrumentos “habituales”, ni cantaban, ni nada que uno pueda esperar de un grupo ordinario, y que además no se llamara The Chemical Brothers o Daft Punk. Es más, hasta podían ser de Australia.


The Avalanches hicieron un disco (y no más, hasta la fecha) titulado “Since I Left You” en el que todas las canciones se componían, atentos, de una sucesión y repetición de samples. Hasta 3500 samples usaron. El libreto no da de sí para la lista de créditos. Una fórmula original que dio resultado a unos cortes sorprendentemente homogéneos. Uno a uno, los samples no guardan relación entre ellos pero en conjunto ganan una segunda vida.

Since I Left You suena a muchas cosas: The Beastie Boys, Basement Jaxx, Jamiroquai están ahí, aunque los samples fueran de Madonna, Maurice Jarre o Françoise Hardy, pero es un disco original en la forma y en el resultado. Sobre todo destacan la canción que da título al disco y Frontier Psychiatrist (con su característico scratching). 

That boy needs therapy! You're a nut, you're crazy in the coconut!

Nadie previó el éxito del disco. De hecho, The Avalanches tuvieron problemas para recopilar toda la lista samples empleados para indicarlos en los créditos, puesto que no pensaban que se les fuera a escuchar fuera de Australia. Pero tuvo tanto éxito en su país de origen que tuvieron que exportarlo. 9’s y 10’s en toda la prensa especializada, premios y un buen marketing (los vídeos de las dos canciones mencionadas merecen la visita a youtube) hicieron el resto.

¿Qué pasó después con The Avalanches? La fama, las drogas, el matrimonio, los hijos, el Desencanto… quién sabe, pero lo cierto es que la promesa del segundo álbum se lleva arrastrando demasiados años, así que quizás convenga guardar Since I Left You como el capricho único que es.

domingo, abril 28, 2013

Nantes 4: L’affaire Cahuzac et son impact sur la société française

No hacía más que repetirme a mí mismo que todo aquello no tenía sentido, que había caído en un absurdo sueño –que ni siquiera llegaba a pesadilla. Pero tampoco sabía cómo escapar de él. Recién llegado a una nueva ciudad, a un nuevo país, sin conocer el idioma ni la gente ni sus costumbres y, aunque intuyendo que todo aquello no era muy diferente a lo que yo ya conocía, no dejaba de resultarme exótico. Y en medio de todo, una empresa fantasma, prácticamente inexistente, intermediaria para no sé qué de la empresa que me había traído hasta aquí, pero que parecía esperar de mí mucho más. El sobre que sujetaba entre mis manos estaba ya reblandecido por el sudor.

Me costó abrirlo un par de días.

Las ganas de olvidarme del asunto y de asumir que todo era una fantasía fueron vencidas por la curiosidad por saber qué escondía dentro, qué nueva mujer iba a recibirme para agradecerme no sé qué y para pedirme un nuevo favor. Y a lo lejos, siempre, Soizic, un fantasma con el que había hablado una vez por teléfono y bien podría ser un contestador automático, pero que en mi mente había crecido hasta eclipsar cualquier otro pensamiento. Abrí el sobre pensando que Soizic estaría allí dentro, miré la tarjeta que decía “Domingo, 18h, Pannonica” buscándola a ella, y guardé el sobre más pequeño en el único cajón que tenía a estas alturas en Nantes (la guantera del coche) como si fuera la llave de mi diario y yo fuera una niña de doce años en una película americana. Internet me explicó que Pannonica era un club de jazz.

Los cuatro días siguientes, previos a mi nueva posible cita con una sustituta de Soizic, los pasé conociendo mi nuevo lugar de trabajo y tratando de no pensar mucho en Transparence. No hablé del tema con la gente del trabajo, me había quedado claro que todo esto era ajeno a ellos. Sí que busqué en Internet algo más de información, pero fue casi en vano. Tan sólo aparecían nombrados en un listín de empresas de una firma llamada Russell Bedford, supuesta red internacional de empresas auditoras independientes. Un número de teléfono, 4 nombres y una dirección de París, a menos de cien metros del Arco de Triunfo. Pero no me atreví a usar nada de eso. Soizic no estaba allí, Transparence me importaba más bien poco y me daba bastante miedo. Llegó el domingo.

Organicé mi papeleo francés durante la mañana para calmar los nervios. Planché ropa, traté de leer algo y finalmente opté por la manera más sencilla de perder el tiempo: divagué por Internet el tiempo justo hasta la hora de la cita. Salí de casa una hora antes y me encontré con la ciudad completamente vacía. Los domingos son unos días muy tristes en Francia. Nadie por la calle, bares y cafeterías cerradas y casi ningún coche en movimiento. Pensé que si era víctima de un robo, o de un accidente, nadie podría ayudarme. Parecía como si hasta los edificios estuvieran vacíos. Caminé hasta la dirección del Pannonica, rodeé el edificio de la dirección, bajé por unas estrechas escaleras y me encontré ante una puerta trasera con el nombre del bar escrito a mano. Encima de la puerta se veía todavía el hueco de lo que en su día pudo ser un neón. Llamé a la puerta y un señor con los ojos pequeños y gafas gruesas, las mejillas coloradas y una cerveza en la mano me invitó a pasar.


Dentro había una treintena de mesas y más de cien personas. Al fondo, sobre el escenario, un pianista, un bajo, un batería, un guitarra, un saxo y un trompeta acompañaban a una mujer que cantaba Love for Sale. En frente, una barra mal iluminada. Me dirigí allí para tratar de tener una mejor visión de toda la parroquia, y me costó dos cervezas darme cuenta de que había una mujer sentada en una mesa, sola, mirando hacia mí en lugar de hacia el escenario, sonriéndome, como divertida. Me acerqué a ella, le pregunté si me podía sentar y, cómo no, me respondió:

- ¿Qué tal está, Sr. Cocodrilo? Ya pensaba que no me iba a encontrar y que tendría que acercarme yo a la barra. No me hubiese gustado dejar escapar esta mesa, no es fácil conseguir una. Todo el mundo llega pronto.
- ¿Lleva mucho tiempo esperando?
- Llevo una hora pero no se preocupe, usted llega puntual. Todos los domingos la gente se reúne aquí para escuchar la música que tocan ellos mismos, es una session ouverte. ¿Usted no toca ningún instrumento, Sr. Cocodrilo? Anímese y suba al escenario - pero no esperó mi respuesta, sonrió y volvió su mirada a los músicos. Habían terminado la pieza y mientras la mitad se bajaba del escenario, otros tantos esperaban para reemplazarles. Efectivamente, casi toda la gente del público tenía a mano un estuche con forma de instrumento.
- Tú no eres Soizic, ¿verdad? - dije justo cuando empezó a sonar la música, así que pensé que ella no había llegado a escucharme. Sin embargo sin mover la mirada hacia mí, aparentemente atenta al concierto, respondió:
- No, claro que no. Si lo sabe, ¿para qué lo pregunta? – y al poco añadió:
- No entiendo la fascinación que ella ejerce sobre ustedes, son todos iguales, no se crea usted una excepción. ¿Quiere que le diga algo? Ella le defraudaría. Podría añadir un par de cosas más pero claro, eso no les gustaría, así que será mejor que me calle. ¿Tiene el sobre? Disfrute de la música, esta pieza me encanta.

No reconocí la pieza pero había un chico de unos veinte años con un trombón de varas que arrancó los aplausos de todo el público tras su solo. Tenía la cara roja por el esfuerzo, parecía que le fuera a explotar. Yo me sentía así.

- Tome - le tendí el sobre por encima de la mesa lo más disimuladamente posible, sin mirarla a los ojos, aunque al final no lo pude evitar y giré la cabeza para ver si lo había cogido o no. En conjunto, resultó un movimiento bastante patético.
- Tinker, tailor, soldier, spy, ¿ha visto esa serie? Debería, se la recomiendo. Le vendrá bien para su nuevo trabajo - y esta vez ya no pudo reprimir su risa. Cogió el sobre sin mirarme y yo bajé la cabeza, rojo de vergüenza.

Fui incapaz de pronunciar una palabra en la siguiente media hora. La mujer se limitó a hacer algunos comentarios sobre los músicos (parecía conocerlos a todos) y sobre alguna de las piezas que tocaron. A la media hora, se despidió de mí:

- Ha sido un placer Sr. Cocodrilo. Ahora me tengo que ir. Le ruego se quede aquí un rato más. Pídase otra cerveza si quiere, paga Transparence. Ha hecho un buen trabajo y la empresa, como de costumbre, se lo agradece. Desconozco si tiene más planes para usted, pero supongo que sí. No se preocupe, ellos sabrán cómo contactarle. ¡Ah! Y le daré recuerdos a Soizic de su parte. Cuídese.

No esperó a que la pieza terminara, y yo tampoco. En cuanto salió por la puerta corrí tras ella, me asomé a las escaleras y al no verla las subí de tres en tres. Llegué arriba con el tiempo justo para ver cómo un Mercedes negro con los cristales tintados la golpeaba y la arrastraba diez metros calle arriba, para luego desaparecer. No había nadie en la calle. Nadie pedía auxilio. Nadie había visto el accidente. Recogí el sobre del suelo y me alejé de allí corriendo sin parar. No fui directamente a casa, sino que opté por perderme por las calles de la ciudad. Me he refugiado en un bar con la mitad de las mesas ocupadas, sin música. El sobre ya no está sudado, pero se ha quedado reblandecido.

viernes, abril 19, 2013

El rayo mortal, de Daniel Clowes

Qué majo el bueno de Daniel, metiendo el dedo en la llaga. La cultura underground, “la negra espalda del sueño americano” que diría Marías (y que creo que ya he escrito alguna vez), que se opone al quarterback, a las animadoras y a los negros que llegan a ser presidentes del gobierno. El ser humano es un desastre, la vida es una mierda y la salvación del individuo un mito. Nuestras vidas son los ríos que van a dar a la mar, que es la muerte. Cinco siglos y seguimos con lo mismo. España es el Lazarillo de Tormes, la clase media americana los villanos y Emilio Botín un señor feudal de esos que viven en torres de cristal en lugar de torres de piedra y ya no mueren de gota, porque van a gimnasios y tienen dietistas. El derecho de pernada también existirá, supongo. Que le pregunten a Berlusconi o a DSK.

Volvamos con Daniel. ¿Recordáis cuándo pasabais los días en el colegio, desapercibidos, ajenos a todo lo que os rodeaba y esperando el día en que todo estallara y no tuvierais que volver? ¿Recordáis a las chicas que os ignoraban y que según Houellebecq os perseguirán toda la vida como a Ricardo III sus fantasmas? ¿Recordáis el día que la chica más guapa de todo el instituto se sentó, para sorpresa vuestra, a vuestro lado en clase de literatura? ¿Y recordáis, acaso, cómo por las tardes leíais tebeos y jugabais con el ordenador, tratando de alcanzar otras vidas? Pues por si no lo recordáis, Daniel viene en vuestro rescate.


El rayo mortal nos cuenta la historia de Andy, adolescente estándar americano que hemos visto en películas y series cientos de veces: el margi. En él, la misantropía campa a sus anchas y no podemos saber con exactitud qué fue antes, la marginación social que recibía de fuera o las ganas de aislamiento que le salían de dentro. Tiene un amigo, Louie, que aunque lo intenta un poco más en esto de socializar consigue lo mismo. El doble de cero sigue siendo cero, chaval, así que, en cierto sentido, fracasa mucho más, pero igualmente la historia se centra en el anodino Andy. Tiene una novia que vive en otra ciudad y no le responde las cartas, vive con su abuelo y salvo Louie, pocas personas hablan con él a lo largo del día.

Andy no participa de los ritos sociales del instituto y poco a poco va virando del desapego al desprecio, poco a poco los otros seres humanos se le hacen insoportables, y entonces llega la magia. Ta-raaaaan. Una caja con objetos que su padre le dejó en herencia antes de morir, y que su malvada tía guardaba sin motivos aparentes; un extraño suceso y la consecuente aparición de los poderes de Andy; una máscara, un traje y ya estamos listos. Andy y Louie ya pueden hacer frente a la amenaza de la humanidad… ella misma.

***

Partiendo de las historias de super-héroes, Daniel vuelve a construir el relato del adolescente inadaptado, que entra en la edad adulta y no es capaz de comprender el mundo que lo rodea. Los ritos y reglas sociales se le hacen extraños y carentes de sentido. No entiende qué rige que algo o alguien sea “guay” o sea “una mierda”, y no se siente contagiado por las emociones comunes. Algo por lo que ha pasado toda persona que haya tenido adolescencia, por supuesto, pero que no por eso deja de merecer ser leído. Clowes pone el dedo en la llaga, sí, y nos recuerda esos años de desorientación, también, pero además nos acerca (no sé si deliberadamente o no) a sentimientos más extremos. ¿Tan lejos están los niños de Columbine? Leyendo El rayo mortal no lo parece. Atención, esto no es una apología de nada, pero siempre hay que defender que para comprender al vecino hay que tratar de ponerse en su piel. Para juzgar sus actos hay que tratar de comprenderlos.

Daniel nos habla de lo difícil que es esa transición de la infancia a la edad adulta y lo extraño que resulta participar en un juego al que no hemos escogido jugar, simplemente nos han obligado, y además viene sin instrucciones. Por si fuera poco, en el momento que comprendemos que el juego no tiene principio ni fin, ni se puede ganar o perder, participar en él todos los días resulta aún más absurdo.


Yo no sabía dibujar, así que no hacía tebeos. Sin embargo, era protagonista de mi propio tebeo imaginario. Mensualmente rotulaba una página en la que contaba qué peligros acechaban al héroe (yo). Los enemigos eran las chicas que me gustaban (las “eses” que dan el plural son deliberadas) según el mes. Algunos de esos enemigos volvían a aparecer y otros no, según esas chicas siguieran apareciendo en mi vida real o no. La numeración del tebeo era la de mi vida real. Un mes por cada mes de vida. Recuerdo que llegué al 200, así que tuvo que ser entre los 16 y los 17. Esas hojas estarán por casa de mis padres, en alguna carpeta perdidas.

Lo haces bien, eres bueno. Pero, la próxima vez, cuéntame algo que no sepa, Daniel.

viernes, abril 12, 2013

Nantes 3: Le Festival du cinéma espagnol

Llegar al extranjero, a una ciudad pequeña como Nantes, y encontrarse carteles que anuncian un festival de cine español no es lo más habitual del mundo. Que encima te cuenten que llevan más de 20 ediciones del festival, y que es uno de los más importantes y sólidos festivales dedicados a cine español del mundo (ojo, que en España hay mucho festival de cine pero dedicado al español… ¿Málaga?, ¿Valladolid?), pues lo hace todo aún más curioso.

Nantes es una ciudad muy inquieta en lo relativo a la cultura. Por tamaño, es la sexta ciudad de Francia y por “calidad de vida”, una de las cinco primeras del país (eso dicen las estadísticas...). Nantes ha sido tradicionalmente ciudad de paso para grupos de música extranjeros, sobretodo ingleses, y la ciudad está llena de bares que ofrecen conciertos gratuitos de grupos amateurs de la región. Hay decenas de salas de jazz (aunque eso es algo relativamente habitual en Francia) y en cuanto al arte contemporáneo se refiere también hay varias galerías y un centro regional bastante importante (en cuanto a volumen y calidad, apparently). La universidad es bastante grande, lo que siempre potencia la actividad cultural.

El festival incluye una cincuentena de películas, prácticamente todas españolas, y numerosos actores y realizadores españoles vienen a presentarlas. No penséis que el cine español tiene gran difusión en este país, la gente normalmente responde “Almodóvar” a la pregunta de “¿qué cine español conoces?” y ya está. Así que imagino que esto será una buena oportunidad para dar difusión a nuevas películas que intenten entrar en el complicado mercado galo. También incluyen películas antiguas (Buñuel, Saura, Borau…) dentro de alguna retrospectiva o ciclo de temática específica y finalmente se entregan media docena de premios (del jurado, del público, joven, ópera prima, documental y corto).

Seis películas, seis, vi. Repasar la temática y los “tags” de todas ellas da un poco de vértigo. ¿Una radiografía de España? Ahí va.


Fin (2012), de Jorge Torregrossa
Adaptación de la novela de David Monteagudo (aún por leer). Es la película española que más se aleja del tópico patrio de todas las que vimos. ¿El argumento? Un grupo de amigos llegando a los cuarenta se reúne, después de muchos años sin verse, en una casa rural para rememorar viejos tiempos y ponerse al día. Primera parte. Segunda parte. Algo raro pasa en el mundo y el Apocalípsis llega. “There can be only one…”, sólo los elegidos sobrevivirán y al final, lo que verdaderamente importa, es el amor. Habrá que leer el libro para ver si David se hizo más o menos pajas que Jorge. No obstante, la historia pinta mejor para una novela. En la pantalla, los actores y los espectadores tuvimos que aguantar la inexplicable presencia del modelo Andrés Velencoso en la película. Eso sí que es un enigma por resolver…

Leo (2000), de Jose Luis Borau
Último largo de Borau, aunque ya hace más de diez años del film y Borau murió el año pasado. Icíar Bollaín y Javier Batanero bordan esta historia de polígono. Una historia de amor entre una luchadora (la “a” es correcta) y un prosegur. Pero ojo, no es cine social. Borau tiene un punto absurdo, como Kaurismaki (finlandés, humor finlandés…), que hace que sus historias resulten al mismo tiempo dolorosamente cercanas y absurdamente extrañas. De fondo, el polígono madrileño, el acento cañí, el café con churros, la cerveza y la virgen.

Eden à l’Ouest (2009), de Costa-Gavras
Este es el gazapo de las películas que vimos. Invitado de honor, presidente de la cinemateca francesa y amigo de Semprún, Costa-Gavras es medio griego y medio francés, pero nada de español. Tiene relación tangencial con el país por sus amistades y relaciones profesionales, pero tampoco su cine se asemeja al patrio. Es un buen invitado para el festival, conocido en Francia y respetado en el mundo del cine, pero eso es todo. Su película, es la enésima interpretación de la Odisea moderna, de esa persona del tercer mundo tratando de llegar al “primer mundo” para tener una vida mejor. Un viaje de aprendizaje y desencanto para el protagonista, y un viaje de arrepentimiento y vergüenza ajena para el espectador. Recuerda que todo lo que tienes, todo lo que disfrutas, es a costa de algún miserable. Luego sales del cine, te tomas una cerveza, cenas algo y te vas a acostar, porque la vida sigue y al día siguiente madrugas…

Grupo 7 (2012), de Alberto Rodríguez
Me gustó más de lo esperado. Me negué a ver esta película cuando todavía estaba en España, creo que únicamente por la presencia del insufrible Mario Casas, pero el caso es que esta historia de una patrulla de policía en la Sevilla Pre-Expo está muy bien contada y está representada por unos muy buenos actores (salvo el ínclito).

El trapo es la patrulla que limpia el centro de Sevilla de la droga, por encargo de unos políticos que quieren vender una ciudad moderna y al día, y la carnaza es la de siempre, la clase media mirando con miedo a la élite que pasa por encima de todo sin mancharse, y con desprecio a una clase baja que no tiene dónde caerse muerta y hace lo que puede por sobrevivir. No es una historia exclusiva de la península, pero la Giralda, los patios y la cruzcampo de fondo la hacen más nuestra. Merece la pena.

Los amantes pasajeros (2013), de Pedro Almodóvar
El director de cine llamado “Pedrooooooooooooo” quiso hacer una comedia desenfada, así, como las hacía antes. Pero no puede. En los años ochenta había mierda que limpiar, había ganas de reír y motivos para hacerlo, porque España era un sitio muy gris y muy feo, y los únicos que levantaban la voz era los cantautores y como que en los ochenta eran muy aburridos. El SIDA no existía, la heroína y la cocaína eran guays y todos éramos jóvenes y teníamos un cheque en blanco. En ese contexto, cualquier película de las primeras de Almodóvar es a la vez un dardo envenenado a todo lo anterior, y un caramelo muy dulce para todo lo nuevo. “Los amantes pasajeros”, por el contrario, es el humor visto desde el punto de vista de un burgués. Cuesta más hacer reír, y hay que tirar más del caca-culo-pedo-pis, aquí llamado coca-polla-teta-pis. Jack Nicholson dijo que después del 11-S sólo iba a hacer comedias. ¿Recordáis alguna? Pues eso. Sin embargo, el personaje de Cecilia Roth-Bárbara Rey contando cómo tiene grabados sus encuentros con el rey… Priceless.

Blancanieves (2012), de Pablo Berger
La más patria de todas. Triunfadora de los Goya, amén (¿). Película en blanco y negro y muda, parece ser que pensada antes que “The Artist”. Guión pensado para que Maribel Verdú se luzca hasta el extremo, y de fondo salen toros, flamenco, guardias civiles, perlas, mantillas, curas, cruces y seis enanitos. A blancanieves que le den. De pequeña es una maravilla pero de mayor para salida de un anuncio de compresas, todo la emociona hasta el extremo. SPOILER. Que no haya príncipe me parece bien, pero que se enamore de un enano… FIN DEL SPOILER. ;)

martes, abril 02, 2013

Nantes 2: Les nouveaux embauchés

Van entrando uno a uno, ordenadamente, en el edificio que tiene escrito “Accueil” en la fachada. Una vez allí dentro, se encuentran en una sala de unos veinte metros cuadrados llena de gente. Poco a poco van llenando los espacios libres y se van haciendo hueco unos a otros como ovejas en el redil. Al fondo, un mostrador en el que dos chicas no dejan de atender al teléfono, hablan por unos auriculares con micrófono y no levantan la vista de la pantalla. Pasa el tiempo y sigue entrando más gente que repite el mismo protocolo: sonríen al entrar, saludan, miran a toda la sala buscando una cara conocida y acto seguido, ante el silencio que obtienen como respuesta, borran la sonrisa, bajan la cabeza y buscan su hueco en el rebaño.

Pasa media hora desde que entra el último hasta que alguien viene a buscarles. Caras largas, bostezos, vistazos al reloj y, sobretodo, gente pegada a su móvil, mirando fijamente la pantalla como si al no hacerlo fueran a ser castigados.

- Buenos días a todos, sois todos nuevos, ¿verdad? Por favor, seguidme. –y todos siguen a la chica con pecas pelo cobrizo que se parece a la amiga de Snoopy con veinte años más. Fila india, algunos pequeños grupúsculos de gente que aparentemente ya ha comenzado tibias relaciones y cambio de edificio.

Dos pasillos y unas escaleras más tarde, los nuevos se encuentran en un pequeño salón de actos, con unas cinco filas de asientos acolchados y cabida para unas cien personas. Todos los asientos miran a una pared blanca a la que tres proyectores que cuelgan del techo apuntan. Les piden que se vayan sentando donde quieran. Por un lado de la sala lo pide la amiga de Snoopy y por el otro, tras una atril, habla otra chica con un increíble parecido a una cabagge patch kid. Todo el mundo se va sentando diligentemente y tímidas sonrisas se intercambian entre los vecinos de asiento. Una vez todos se han sentado, la muñeca repollo habla:

- Hola a todos y bienvenidos. Ante todo, disculpas por el retraso. No obstante, lo importante es que ya estáis todos aquí y que hoy es vuestro primer día en esta empresa. ¿Estáis contentos?... ¿Nerviosos, quizás? –nadie responde – Bueno, no os preocupéis. Todo irá bien. Lo más difícil ya ha pasado. Ahora ya sois parte de esta gran empresa, que como veréis, es una gran familia. O al menos así nos gusta verlo a nosotros, los empleados.

Se queda en silencio, mira a todos uno por uno, y cuando el silencio pesa ya demasiado sobre la sala y la gente empieza a mostrar su inquietud a base de leves carraspeos, continúa su discurso.

- Bueno, como ya sabréis, hoy es un día de toma de contacto. Por la mañana os haremos varias presentaciones de la empresa y distintos aspectos que debéis conocer sobre normativa de seguridad etcétera, después comeremos todos juntos y ya por la tarde vuestros respectivos responsables y jefes vendrán a buscaros. Ellos os enseñarán vuestro futuro lugar de trabajo y os presentarán a vuestros nuevos compañeros. ¿Alguna pregunta? Bien, imaginaba que no. Primero os dejaremos con un vídeo presentación de la empresa. Disfrutadlo y bienvenidos.

Algunos le dan las gracias a la chica mientras ella ignora al grupo y sube las escaleras hasta salir de la sala. En algún momento del breve discurso la amiga de Snoopy ya se ha ido. Se apagan las luces y los proyectos comienzan a reproducir la misma imagen por triplicado en la pared. Sale el logotipo de la empresa, y una música (¿juvenil?) empieza a sonar. A continuación, se suceden fotografías de gente sonriendo. Se deduce que son trabajadores de la empresa aunque no todos llevan uniforme. Poco a poco, las imágenes de la gente sonriente se van entremezclando con otras de la fábrica, tanto vista desde fuera como del interior. Así, imágenes de gente feliz se mezclan con fotos de edificios grises y aparcamientos para centenares de coches y con otras fotos de maquinaria industrial, tornos, fresas, cortadoras y demás maquinaria de control numérico. La música sube en intensidad y al final, tras atravesar una especie de agujero de gusano de colores, el logotipo de la empresa luce fulgurante por triplicado. Fundido en negro y se encienden las luces.

- Ahora, si os parece bien, hasta que llegue nuestro compañero para seguir con la presentación, podemos hacer una pausa y tomar un café. Venid conmigo.

Todos los nuevos contratados salen ordenadamente de la sala y siguen a la chica por el pasillo hasta la sala de café. Al pasar uno de los últimos, un brazo sale de la penumbra y lo agarra.
- Buenas Sr. Cocodrilo. –y se entrevé la figura de una mujer rubia, joven, vestida con traje de chaqueta y falda gris con raya diplomática, y camisa blanca –nos alegra tenerlo a bordo.
- ¿Soizic? –responde el hombre.
- No, pero no se preocupe, formo parte de su equipo. Me manda recuerdos para usted. –sonríe. –Escuche, Sr. Cocodrilo, tenemos un pequeño encargo que encomendarle. No es nada importante, pero estamos seguros de que podrá ayudarnos. Le prometo que no le supondrá ningún contratiempo y por otra parte, nosotros le estaríamos muy agradecidos.

El hombre, aturdido, no acierta a formular ninguna respuesta coherente. Se limita a indicar a la mujer con gestos que prosiga.

- De acuerdo. La empresa queda en deuda con usted. Estoy segura de que se lo sabrá compensar.
- Pero, un momento, ¿Qué empresa?
- Transparence, por supuesto –y la mujer se muestra sorprendida, como si hubiera tenido que decir algo demasiado obvio.
- Bueno… Dígame… ¿Qué debo hacer?
- Tenga este sobre. Dentro hay otro sobre y una tarjeta con una fecha y un lugar indicados. Deberá entregar el sobre del interior a una persona. Esta persona le reconocerá por un nombre en clave. Le preguntará “¿Qué tal está, Sr. Cocodrilo?”
- Un momento… ¿Sr. Cocodrilo? ¡Pero si ese es mi verdadero nombre! ¿Qué clase de nombre en clave es ese? Y luego… ¿Dónde tengo que llevarlo? ¿Por qué yo? ¿Por qué no un email? ¿Qué quieren de mí? –según se suceden las preguntas, aumenta la expresión de tensión en la cara del hombre.
- No se preocupe señor, todo irá bien. –la mujer le pone una mano en el hombro –Le aseguramos que este encargo no entrañará ningún problema para usted. Por otro lado, para nuestra empresa significaría mucho. Y por descontado, no olvidará su gratitud. –y aumenta levemente la presión sobre el hombro.
- Le dejo que continúe con su día de bienvenida en su nueva empresa. ¡Ah! ¡Y enhorabuena por el trabajo! –la mujer avanza por el pasillo dejando atrás al Sr. Cocodrilo y al sobre, sin mirar atrás.

El resto del día se siguieron las presentaciones (seguridad, salud e higiene, transporte, calendario laboral, Comité de Empresa…), todos los nuevos comieron juntos en el comedor, intercambiaron breves frases sobre su pasado profesional y sobre sus expectativas puestas en su nuevo trabajo, tomaron café sin ya mucho que decirse, volvieron a mirar las pantallas de sus teléfonos móviles y por la tarde cada uno se reunió con su futuro grupo de trabajo.

Al final de la jordana, la amiga de Snoopy y la muñeca repollo, que les habían acompañado durante todas las presentaciones, no dejaron escapar la oportunidad de preguntarse la una y la otra quién le habría dado aquel sobre al nuevo extranjero, y por qué no se había querido separar de él en ningún momento.

domingo, marzo 17, 2013

Ciudad abierta, de Teju Cole

Primera novela del escritor Teju Cole, estadounidense de origen nigeriano (nota mental: creo que es la primera novela que leo escrita por un negro, hablando de la piel se entiende…) ganadora de unos cuantos premios (entre ellos el PEN/Hemingway) y citada en todos los medios imaginables. Es decir, le están dando bombo al amigo Teju.

Brevemente, Ciudad abierta cuenta, en primera persona, los paseos que el joven Julius, estudiante de doctorado de psiquiatría en NY, se da por la ciudad. Interactúa poco con la gente y camina mucho. Observa bastante y los pocos encuentros que tiene, los analiza y saborea al máximo. Un taxista, un ex profesor suyo, un amigo profesor, un corredor de la maratón (volviendo a su casa el día de la propia maratón, no es que se dedique a eso 365 días al año el hombre)… Entran y salen de la vida de Julius con una facilidad pasmosa, y le sirven de contrapunto a su discurso. Lo que leemos son los pensamientos de Julius, una especie de diario en el que explica sus pensamientos, los encuentros y conversaciones que tiene con estos secundarios, y las conclusiones que saca de las mismas. Novela sin argumento, novela “de ideas”.


“Yo aprendí a su lado el arte de escuchar y adquirí la capacidad de deducir una historia de lo que se omitía.”


Así que seguimos al bueno de Julius por toda la ciudad, hasta donde sus pasos le lleven, y somos testigos de sus encuentros ocasionales y de sus divagaciones sobre los temas que le interesan: música clásica, literatura, fotografía, pintura… La cultura parece ser la única vía de escape segura para el protagonista. Sabe que siempre está ahí, incorrupta, y que no le va a defraudar. En cuanto a su vida personal, aunque en ningún momento da la sensación de sentirse incómodo o siquiera desdichado, la realidad es que Julius vive bastante absorbido por un trabajo del que habla poco (sólo cuenta anécdotas de ciertos pacientes que le interesan más allá de lo profesional), pierde el contacto con su ex novia católica y no tiene muchos amigos. Viaja sólo, acude a conciertos sólo, como en restaurantes sólo… Pero lo dicho, esto sólo es un hecho, no parece que al personaje le afecte en ningún momento. Al contrario, se diría que rehúye de un exceso de contacto con el resto de la gente.

“Tomé conciencia de lo fugaz que era el sentimiento de felicidad, de cuán endebles son sus bases: un restaurante cálido después de la lluvia, olor a comida y vino, conversación interesante, la tenue luz del día en la lustrada madera de cerezo de las mesas. Mover el ánimo de un estado a otros costaba tan poco esfuerzo como mover piezas de un tablero de ajedrez. Hasta tomar conciencia de ello en un momento de felicidad era mover una pieza y volverse un poco menos feliz.”

Y entonces, ¿dónde está la chicha? Pues la chicha consiste en la visión existencialista de la vida que tiene el personaje (tras sospechar que Camus estaba por ahí detrás del escenario, va y lo saca a escena en un momento dado del libro) y en cómo, sutilmente, sin que parezca la primera intención, la novela/el protagonista repasa un catálogo de lo más completo de los actos miserables que inundan la vida: la violencia contra los débiles (asaltos sexuales a mujeres, agresiones a niños, robos con agresión); la decadencia del cuerpo: vejez, enfermedad y posteriormente muerte; la guerra; los conflictos entre distintas religiones y razas.

“Mire, yo conozco esos casos, esos jóvenes que van por ahí tomándose el mundo como una ofensa personal. Es peligroso. Que alguien sienta que es el único que sufre es muy peligroso. Semejante grado de resentimiento es una receta para tener problemas. Nuestra sociedad se ha abierto a gente como él, pero una vez que vienen sólo se les oye quejarse. ¿Qué sentido tiene mudarse a un sitio sólo para probar lo diferente que es usted? ¿Y por qué esa sociedad va a recibirlo contenta? Pero si vive tanto como yo, ya verá que en el mundo hay una variedad inaudita de dificultades. Es complicado para todos.”

Pero bueno, ¿quién coño quiere leerse algo así? Para responder a eso hay que recurrir a la concusión de Woody Allen al final de Annie Hall: “La vida está llena de soledad, miseria, sufrimiento, tristeza y, sin embargo, se acaba demasiado deprisa.” Y es queno hay mucho más que hacer que vivir la vida, no es que podamos elegir entre el monopoly y el cluedo, ni siquiera podemos empezar otra partida si esta nos ha salido mal. Es un pensamiento que siempre está ahí, y aunque es cierto que no es una carta que podamos jugar siempre (sino esto sería insufrible), no deja estar ahí presente, de forma perpetua.
“Salvar un bebé por instinto, un poco de felicidad; pasar un rato con ruandeses, los que habían sobrevivido, un poco de tristeza; la idea de nuestro anonimato último, un poco más de tristeza; deseo sexual colmado sin complicaciones, un poco más de felicidad; y así, sucesivamente, un pensamiento se encadenaba con otro. Qué pequeña me parecía la condición humana, sujeta a esa lucha constante por modular el medio interno, a ese incontrolado movimiento de nube. Como era de prever, la mente también apuntó este juicio y le asignó un lugar: un poco de tristeza.”
¡Atención, spoiler!

Corro el riesgo de reventar la novela a los que todavía no la hayan leído, así que si tenéis esa intención, saltaros esta parte final. A los que sigáis leyendo, hay un punto de la novela que, aunque muy ligado al argumento, merece ser contado. Quizás porque es la punzada que transforma el relato de una divagación continua, en algo más. Hacia el final de la novela, uno de los secundarios, la hermana de un amigo de la infancia del protagonista con la que “casualmente” se ha reencontrado en NY le hace una confesión: él había abusado de ella cuando tenían quince años. No lo denunció sencillamente porque no tenía sentido, nadie iba a creer que él, tan buen chaval, tan bien educado y tan amigo de su hermano, había siquiera imaginado hacer algo así. Pero ella no lo olvida, eso la ha traumatizado durante toda su vida, y el hecho de que él actúe como si no recordara nada en absoluto la ahoga aún más. Él, por su parte, ni responde.

Ahora bien, ¿qué hay de cierto en todo esto? Nosotros no sabemos lo que ocurrió (ni en su infancia ni durante la confesión de ella) sino lo que Julius nos cuenta. ¿Es verdad? ¿Abusó de ella? Él no responde. Esto nos obligaría a replantear toda la historia… Un encuentro fortuito que tuvo con una mujer en Bruselas en otro capítulo, ¿ocurrió tal y como él lo relata? ¿No sería diferente? El hecho de que este punto quede sin resolver, en el aire, que el protagonista ni se justifique ni lo aclare, y por lo tanto quede la puerta abierta a reinterpretar todo la historia es, probablemente, lo más acertado de la misma. Si alguien lo ha leído, agradezco segundas opiniones…

¡OK, fin del spoiler!
“Uno tiene que ponerse una meta, y debe encontrar una forma de cumplirla exactamente, sea lanzarse en paracaídas o desde un acantilado, sea sentarse una hora y quedarse completamente inmóvil, y por supuesto que la forma de cumplirla ha de tener su belleza.”
Sexo: Poquito. Un polvo y de refilón.
Naves Espaciales: Nada... ni la Estación Espacial Internacional es nombrada.

domingo, marzo 10, 2013

Nantes 1: L’arrivée

Llegamos al aeropuerto de Nantes y, en contra de los que nos habían advertido, el cielo está azul y no se observa ni una sola nube. Nuestras maletas aparecen las primeras en la cinta transportadora y justo al salir del edificio de la terminal, un amable taxista nos pregunta que si somos de fuera y que adónde queremos ir.

Hacemos el check-in en el hotel, me entregan una carta que había llegado a mi nombre y tras tomar un par de sándwiches en el bar, nos retiramos a descansar a la habitación. La carta contiene unas amistosas palabras de bienvenida de Soizic, un listado de los pisos candidatos que han encontrado para nosotros y que vamos a ver al día siguiente, una tarjeta con las señas de Soizic que tiene escrito en el reverso “A las 9:00 os recogeremos en vuestro hotel” y una tarjeta con la dirección de su página web y mi usuario y contraseña. Enciendo mi ordenador, me conecto a la wifi del hotel y tecleo en el navegador el nombre de la empresa Transparence. Como Google no encuentra nada relacionado, tecleo directamente la dirección de la página:

https://www.transparence-groupe.eu

Accedo a mi perfil personal que tal y como esperaba, recoge todos los datos que Soizic había confesado tener sobre mi pareja y sobre mí. Además, se recoge la información de los pisos incluida en la carta. Reviso el correo y apago el ordenador. Toca descansar.

***

Desayunamos en abundancia y volvemos a la habitación del hotel para prepararnos cuando llaman desde la recepción; diez minutos antes de lo convenido, nos esperan en el recibidor del hotel.

La sala solamente está ocupada por la recepcionista del hotel y una chica de unos treinta años. Viste ropa cómoda y lleva el pelo recogido en una cola de caballo. Nos mira nada más entrar en el hall y de las que nos dirigimos a ella se levanta y a su vez se nos aproxima.

- Buenos días, ¿Sr. Cocodrilo? -me pregunta sonriente.
- Efectivamente. Buenos días. ¿Soizic?
- No, lo siento, me temo que ella no ha podido venir hoy. Pero no se preocupen, estoy totalmente al corriente de su perfil y del tipo de piso que buscan y tengo preparada toda la visita. Confíen en mí. Mi nombre es Ekaterina, pero pueden llamarme Kate. -inclina la cabeza hacia la derecha y sonríe como si salir a pasear con nosotros en la lluvia fuera el mejor plan que jamás pudiera imaginar.

Nos subimos al coche y de la que arranca suena un disco de Dominique A. Por la expresión de mi cara se debe deducir que lo reconozco.

- ¿Le gusta, Sr. Cocodrilo? Pensé que lo conocerían -y nos sonríe de una forma tan dulce que un escalofrío me recorre toda la espalda.

Kate conduce como si hubieran cortado todas las calles de la ciudad para nosotros, y uno pensaría que así es. En todas las vueltas que damos alrededor del centro de la ciudad apenas nos encontramos tráfico, y tampoco los semáforos parecen poner oposición a nuestro avance. Esto nos permite ver en escasas cuatro horas nada menos que ocho pisos. Todos ellos similares, todos ellos tal y como habíamos deseado: soleados, con terraza, suelo de parqué, dos dormitorios, situados en calles tranquilas, con vistas a zonas ajardinadas; resultará difícil decidirnos. Entre cada visita, Kate nos va presentando la ciudad y nos va indicando los sitios que más nos puedan interesar: cines en VO, salas de conciertos, mercados de comida fresca, piscinas municipales, médicos de todo tipo. Finalmente, nos propone hacer una breve parada para invitarnos a comer (por supuesto, corre a cargo de su empresa, nos indica).


Sentados cómodamente en una de las mesas de la lujosa La cigale, Kate sigue llevando el ritmo de la conversación y nos hace un breve repaso de todo lo que hemos visto hasta el momento. A los postres, nos anuncia que tiene una pequeña sorpresa preparada para nosotros. Aguanta el tiempo lo suficiente como para que la intriga se dibuje en nuestras caras y continúa:

- Veréis -a estas alturas del día ya nos tutea -nos queda un último piso que ver, que no está en la lista. En principio está en un edificio un poco antiguo, y puede que no se ajuste a la idea que teníais antes de venir, pero nos entró la oferta a última hora y nos decidimos a incluirlo en las visitas aunque no tuviéramos tiempo de consultároslo. Espero que no os parezca mal. Además, está muy bien de precio. -nos mira divertida esperando nuestra respuesta.
- Por supuesto Kate, no nos importa en absoluto visitarlo. -digo tras un breve intercambio de miradas mi pareja. -“¡Bien! Ya veréis, os encantará” añade ella, y coge el último macaron del plato que nos habían servido.

***

Nos encontramos frente a un edificio de esos típicos de París, con cuatro plantas más un ático abuhardillado, ventanas altas, solemnes, de piedra arenisca y techo gris oscuro, metálico. No abundan mucho por Nantes. Entramos y subimos al tercer piso en un antiguo ascensor de madera, de esos que por puertas tienen unas rejillas que hay descorrer para poder salir. Seguimos por un pasillo estrecho enmoquetado hasta el piso 311 y entramos.

Los techos del piso están a unos tres metros de alto, hay tres dormitorios, salón, dos baños y una cocina unidos por un extraño pasillo serpenteante. Armarios empotrados casi en cada rincón y, sorprendentemente, una cocina totalmente nueva y equipada. Por lo demás, el único mueble que tiene la casa es una lámpara de araña en el salón. Al darnos la vuelta tras observar la calle desde la terraza, nos encontramos con una vieja señora en medio de la habitación. Damos un respingo y ella se ríe divertidamente y saluda a Kate.

- ¡Hola cielo!
- ¿Qué tal señora Castevet? ¿Cómo se encuentra?

La conversación se desarrolla de forma que aprendemos que estamos viendo este piso gracias a que la señora Castevet ha avisado directamente a Kate, a quien conoce desde hace años por ser amiga de sus abuelos. Nos explica que el edificio, aunque viejo, está en muy buenas condiciones porque el casero se preocupa mucho por ellos a pesar de lo bajo que les mantiene el alquiler. “Seguro que se trae negocios sucios…” nos dice, y se ríe divertida de su propia ocurrencia. Resulta que el edificio pertenece por completo a la misma y desconocida persona y curiosamente, todos los inquilinos trabajan o han trabajado en Transparence. En nuestro caso, me explica Kate en un momento que la amable señora Castevet está enseñando no sé qué a mi pareja, estarían dispuestos a hacer una excepción debido a nuestra estabilidad económica.

- ¿Para que la necesitan, si el alquiler está tan bajo? -digo con ironía, pero a Kate parece no divertirle y me mira con gesto extrañado. No me responde.
- Bueno, está claro que no tenemos mucha elección, nos has traído a un candidato ganador. -añado, para intentar cambiar la expresión de Kate. Y lo consigo. Me pone una mano en el hombro y me dice:
- Me alegro. Es una decisión excelente.

***

Ya en el hotel, descansando y poniendo nuestras impresiones en común, mi pareja me relata la extraña conversación que tuvo con la entrañable señora Castevet. Ella se quejaba de que quizás el piso era demasiado grande para nosotros por tener tres dormitorios. La señora Castevet le quitó importancia en seguida y añadió “además, ¿no tenéis niños?” y ante la respuesta negativa de mi pareja añadió:

- Bueno, no pasa nada. Este es un buen sitio para tenerlos. Como en el edificio somos todos gente ya mayor, no hay niños pequeños que correteen por los pasillos y se les echa de menos. No te preocupes, os cuidaremos bien. Os ayudaremos en todo lo que os haga falta.

Que la señora Castevet se frotara las manos de forma nerviosa de la que le dijo eso, no ayudó a que mi pareja sintiera un ya familiar escalofría recorriéndole la espalda.

sábado, marzo 02, 2013

Sr. Chinarro - Enhorabuena a los cuatro

Vuelve a la carga el Sr. Chinarro con su disco número 14, el quinto consecutivo publicado con Mushroom Pillow. Este se titula Enhorabuena a los cuatro (un juego de palabras sobre una felicitación a una pareja y a sus respectivos amantes).

Por ahora sólo tiene una escucha, pero me parece que sigue la estela de los dos últimos, Presidente y ¡Menos Samba!: Poca instrumentación, muy sencilla, y el peso de las canciones en las letras, con su humor socarrón, sus críticas al poder y a la sociedad, y sus amoríos.

Parece que le siguen dando cierta coba comercial, y para este disco en la promo están haciendo gala de que han colaborado Annie B. Sweet, Guille Mostaza y Pau de La Habitación Roja entre otros.

Antonio Luque, por su parte, a través de entrevistas que le están haciendo en los medios, viene a decir algo así del disco:
"Quería reflejar el fracaso de la idea del amor romántico como el principio del fracaso en la sociedad en su conjunto. El fracaso comienza individualmente, se expande entre las relaciones más próximas y acabamos fracasando como país... La crisis de la sociedad va en paralelo a la crisis de la pareja y de la idea del amor... Porque ahora las relaciones entre hombres y mujeres son también competiciones a ver quién gana. Si por lo menos se practicara el amor libre y nos lo pasásemos bien, pero es que nos la seguimos cogiendo con papel de fumar."



Parece que por aquí saben cómo suena. Habrá que escucharlo un poco más.

miércoles, febrero 20, 2013

Nantes 0. La préparation

- Buenos días.
- Buenos días, ¿quién es?
- Hola, verá. Le llamo de parte de su empresa. Nos han contratado para que organicemos su colocación en Francia y su partida de España. Yo me llamo Soizic y me pongo en contacto con usted para explicarle las condiciones del traslado.
- Hmm… Perdone, ¿cómo ha dicho que se llama?
- Soizic.
- .
- Soizic, se pronuncia “Suasic”.
- ¡Ah, gracias! OK, Suasic, dime.
- Pues como le decía, nos ponemos en contacto con usted debido a que su empresa nos ha informado de sus intenciones de mudarse a Francia. Nuestra tarea será facilitarle esta mudanza a través de una serie de servicios que si me permite, me gustaría explicarle.
- De acuerdo.
- ¿Está ocupado ahora? ¿Le vendría mejor que habláramos en otro momento?
- No, no, Suasic, ahora me viene bien. Dime.
- Bueno, pues nuestro trabajo comienza por identificar sus necesidades y gustos. Sólo de esta forma podremos asegurarnos de que le estamos ofreciendo el servicio adecuado. Para ello, me gustaría confirmar con usted algunos datos suyos que tenemos en nuestra base de datos.
- ¿Datos míos?
- Sí, sí. Pero no se agobie… Jeje… Son en su mayoría datos fiscales que su compañía nos ha facilitado.
- Ah. Bueno, adelante pues.
- #Nombre, #Dirección, #Fecha de nacimiento, #Correo electrónico, #Puesto de trabajo, #Salario, #Años de experiencia laboral… ¿Correcto?
- Sí, sí. Todo correcto –Perfecto, seguimos.
- Se muda usted a Nantes. Bien. Bonita ciudad.
- Gracias Suasic.
- Le gustará, seguro. Y viaja usted con pareja, ¿correcto?
- Eh, sí.
- Perfecto. Ahora, si me permite, me gustaría repasar con usted los datos que tenemos de su pareja.
- ¿Cómo? ¿Tienen datos de mi pareja? Pero si en mi empresa no los tienen…
- Ya, bueno, pero como le he dicho, nuestro trabajo consiste en facilitar lo máximo posible su adaptación y la de su familia a su nuevo hogar. No se preocupe, se trata sólo de información de carácter genérico. Confíe en mí.
- Además no estamos casados. ¿Qué información tienen?
- Tan sólo se trata de información de carácter general. Se encuentra en nuestra base de datos, y le aseguro que además de su carácter genérico y nada comprometido, el uso que nuestra empresa pueda hacer de ella es estrictamente confidencial y para su único y exclusivo beneficio. No tema, se lo aseguro. ¿Me permite contrastarlos con usted?
- Bueh…
- #Nombre, #Dirección, #Fecha de nacimiento, #Correo electrónico, #Puesto de trabajo, #Salario, #Años de experiencia laboral… ¿Correcto?
- Aha.
- Bien. Sigamos. Ahora que hemos confirmado estos datos de carácter general, me gustaría comentarle algunos factores que pueden condicionar la búsqueda de vivienda en Nantes y que hemos tratado de deducir a partir de sus perfiles patrón. ¿Le parece bien que continúe?
- Eh, sí, sí, claro. ¿Perfil patrón? Bueno, sigue por favor.
- Gracias. Bueno, al ser una pareja joven, hemos supuesto que entre sus aficiones y gustos podemos incluir: andar en bicicleta, salir de bares; música, con una leve preferencia a la música alternativa o independiente de habla inglesa, sin olvidar a grupos españoles como Sr. Chinarro o Nacho Vegas; leer, sobre todo escritores norteamericanos del siglo XX como Delillo o Palahniuk o Easton Ellis sin olvidar, claro está a algunos escritores españoles como Marías o Mendoza; televisión no mucha, pero en su caso sí que disfruta de la fórmula uno y su pareja, bueno, podemos decir que siente predilección por el cine social y los programas concurso; por supuesto, lo sabemos, detestan los realities; en cuanto a la comida, entendemos que como pareja joven que sois, disfrutáis tanto de la comida tradicional de la región como de la comida internacional más en boga, como pueda ser la japonesa (prefiriendo los nigiris a los makis, y el salmón al atún, entendemos), la ya casi tradicional italiana e incluso algunas propuestas más novedosas como la peruana (y los ceviches de pescado) o a la india. ¿Correcto?
- .
- OK, sigo. En cuanto al deporte, hemos deducido que su pareja prefiere ir a la piscina debido a sus crónicas aunque leves problemas de espalda y cuello. Por su parte usted, debido a una clara pseudoartrosis en el escafoides de la mano izquierda mal diagnosticado, no creemos que quiera volver a practicar deportes de raqueta y el footing se plantea como una ventajosa opción (además de la piscina, claro está). Es por eso que buscaremos un piso cercano a un parque o a una zona habilitada para la práctica de ejercicios de mantenimiento como caminar o correr. Además, sabiendo que tienen familia tanto en el norte de España como en el sur, les interesará tener fácil acceso tanto al aeropuerto como al ferry, desde el que podrán tomar la famosa autopista del norte. Sabemos que no tienen niños, pero tampoco es algo que podamos descartar. Veamos que tengo anotado por aquí… educación laica, pública… perfecto, esto no supondrá problema alguno. ¿Está de acuerdo con la hipótesis que nuestra empresa ha realizado hasta ahora?
- Aha.
- Estupendo. Creo que entonces estamos en condiciones de comenzar la búsqueda de un piso que se ajuste a sus requisitos y gustos. Confíe en nosotros, sr. Lagarto. Nuestra empresa hará todo lo posible por encontrarle un hogar que se adapte a sus requisitos y preferencias.
- Suasic, ¿puedo hacerte una pregunta?
- Por supuesto. Dígame.
- ¿Cómo se llama “vuestra” empresa?
- Pues verá, no solemos comentarlo con nuestros clientes, pero por ser usted uno tan especial, haré una excepción. Nuestra empresa se llama “Transparence”.
- ¿En serio? ¿“Transparence”? ¿Qué sois, la empresa del villano de una película de James Bond?
- Más o menos. Por cuestiones de publicidad cuando actuamos en sus películas adoptamos el nombre de Spectre.
- Suasic, creo que me estoy enamorando.
- No se preocupe, a muchos clientes les ocurre, estoy acostumbrada. Es un placer para mí ayudarle en todo lo posible. Todo.

miércoles, enero 30, 2013

Ampliación del campo de batalla, de Michel Houellebecq

"¡Todos quietos! Esta noche manda mi polla" dijo el escritor, y se puso a escribir. Algo así, más o menos, debió ocurrir el día que Houellebecq comenzó su primera novela: Ampliación del campo de batalla.

Escritor y, sobre todo, personaje polémico, a la crítica literaria siempre le ha costado bastante disociar al escritor francés de su obra a la hora de criticar sus textos. Eso le ha beneficiado, sin duda alguna, en lo económico, pero probablemente le ha perjudicado en lo literario. Las opiniones vertidas por los personajes de sus libros siempre se han tomado como opiniones personales suyas, y la vida relatada en sus novelas se ha confundido con la suya propia. Él mismo ha seguido ese juego, como al insinuar que la madre hippie y drogada de los hermanos de Las Partículas Elementales estaba basada en su propia madre. Así pues, ¿qué nos queda? Un tipo misógino, individualista, pervertido, racista, xenófobo y acomplejado por su propia infancia que expone su vida personal a través de sus novelas. Venga, a ver qué tiene que contarnos.

Personalmente, ni me va ni me viene la realidad sobre Michel Houellebecq. Conozco poco o nada de su vida privada (más allá de saber que vive en Cabo de Gata) y ni me interesa. De sus novelas, por otra parte, he leído ya unas cuantas: Las Partículas Elementales, Plataforma, El mapa y el territorio y, por último, su primera obra: Ampliación del campo de batalla. Las tres primeras cronológicamente (Ampliación, Partículas y Plataforma), forman una trilogía cuyo tema principal es el aislamiento del hombre contemporáneo, y el análisis de cómo el sexo supone uno de los más violentos yugos que nos someten. Me refiero al sexo en toda su extensión. No sólo a la práctica física, sino también al sexo como medio de diferenciación, instrumento de la publicidad y valor moral por encima de cualquier otro valor aplicable al ser humano, según nuestra particular y contemporánea escala de valores (cualquier otro atributo del ser humano –poder, inteligencia, sentido del humor, sabiduría, riqueza- sólo tiene sentido si nos conduce al sexo. De lo contrario, es simplemente una pérdida de tiempo).

Resumiendo todo lo anterior: Houellebecq es como Camus, pero con frustrados sexuales (y muchas páginas de folleteo, que siempre da jugo –nunca mejor dicho-…). Camus escribe en Calígula: “Los hombres mueren y no son felices”. Houellebecq, escribe en Ampliación

He vivido tan poco que tiendo a imaginar que no moriré nunca. Me parece inconcebible que una vida humana se reduzca a tan pocas cosas. Sin embargo, tendemos a imaginar que algo nos va ocurrir, tarde o temprano. Terrible error. Una vida bien puede ser vacía y breve. Los días transcurren, pobremente, sin dejar ni rastro ni recuerdo. Y luego, de golpe, se paran.



Ampliación, es el primero y, probablemente, más flojo de sus intentos por revelar la trampa del ser humano contemporáneo.

Es una novela corta, contada en primera persona, que nos cuenta los viajes laborales que tienen que hacer a pueblos de provincias un par de empleados del Ministerio de Agricultura francés, con el fin de enseñar a manejar un nuevo programa informático a los empleados de las administraciones regionales. El protagonista, presa del “Desencanto”, se dedica a observar a las personas que le rodean y sus mecanismos de relación como el que mira animales en el zoo, como si la cosa no fuera con él. Para él, el sexo condiciona nuestras vidas, en igual medida que el dinero: 

Sin duda, me dije, en nuestra sociedad, el sexo representa claramente un segundo sistema de diferenciación, totalmente independiente del dinero, y se comporta como un sistema igual de despiadado. El liberalismo económico es la ampliación del campo de batalla, su ampliación a todas las edades y a todas las clases sociales. Igualmente, el liberalismo sexual es la ampliación del campo de batalla, su ampliación a todas las edades y a todas las clases sociales.

Para el protagonista, la vida moderna supone un mecanismo despiadado y cruel, que devora a los seres humanos que no son capaces de adaptarse a sus juegos. Así, de la misma forma que una persona que no consiga hacer dinero tendrá vetada la entrada a ciertos aspectos de la vida (una vida plenamente consumista, entiéndase), una persona que no consiga hacer valer su estatus sexual, será igualmente condenada en esta segunda escala de medida. Uno puede tener la idea de que no es necesario entrar al juego sexual de cara a mantener una vida integrada en la sociedad, pero aquí es donde la novela se pone firme: no se puede. El sexo se ha convertido en un valor ineludible para formar parte de nuestra sociedad. La publicidad está absolutamente condicionada por el sexo y, a su vez, muestra al sexo como objetivo final de la vida (la colonia te lleva a la chica, el coche te lleva a la chica, el Smartphone te lleva a la chica, y hasta el curso de guitarra de CCC te lleva a la chica…); las sociedades se distinguen por su tratamiento del sexo (algunos musulmanes viven convencidos de que en Occidente la vida y las mujeres son lujuriosas), etc. 

La sexualidad es un sistema de jerarquía social.

Para colmo, no sólo fijan el sexo como condicionante de nuestra vida, sino el sexo (o la vida sexual, mejor dicho) que tuvimos en nuestra adolescencia. El adulto es un adolescente debilitado. Para el protagonista, cualquier acto de nuestra vida adulta, es un mero intento de corregir nuestros defectos y carencias de la adolescencia, una lucha contracorriente por un objetivo inalcanzable, cambiar una época pasada de nuestra vida que nos ha dejado unas trazas imborrables. 

De todas formas, ya es tarde. El fracaso sexual, Rafael, que sientes desde tu adolescencia, la frustración que te persigue desde los trece años, te han dejado unas marcas imborrables. Aunque supongamos que, a partir de ahora, puedas disfrutar de las mujeres, no te servirá; nada te servirá. Siempre serás huérfano de los amores adolescentes que nunca conociste. En ti la herida es ya dolorosa, e irá a más. Una amargura atroz, sin remisión, acabará por llenar tu corazón. Para ti, no hay ni redención ni liberación posible. Es así.

Taraaaaan!

Niños y niñas del mundo, ahí tenéis aquí tenéis a Houellebecq, listo para ser leído en todas las clases de quinto de primaria que se precien, si es que los profesores quieren preveniros y ahorraros algún que otro trauma adolescente. Misógino (Ese agujero que ella tenía debajo del vientre debía de parecerle absurdamente inútil. Una polla siempre podemos cortarla, ¿pero cómo poder olvidar el vacío de una vagina?) e individualista (había tenido siempre, como todos los depresivos, una fuerte tendencia al egoísmo y a la ausencia de corazón). Vamos, como la vida misma. Entre el all-bran y Houellebecq, me quedo con el francés.

Sexo: Mmm, aquí hay trampa. Se habla mucho sobre sexo, pero en la novela apenas hay un par de masturbaciones y un poco de espionaje sexual (a dos que se lo montan en una playa). En esto Las Partículas gana de calle.  
Naves espaciales: Nada. Si hablamos de funcionarios franceses de provincias, no pega mucho que aparezcan cohetes ni por la tele. Otra vez será.