jueves, agosto 15, 2013

Hombres Salmonela en el planeta Porno, de Yasutaka Tsutsui


Leo el título del libro. Lo leo otra vez. Leo la faja: “En el aburrido panorama actual, este es un libro de cabecera para todos los que se ocupan de lo postmoderno, lo meta-narrativo, lo cibernético y pangeico y lo after pop en nuestro país.” Creo que Sergio Colina Martín apenas se descojonó cuando escribió esto.

No sé si me reconozco más en “pangeico” o en “after pop”, pero desde que me llamaron “transmoderno” (ojo, nada que ver con la transmodernidad), me siento con derecho a leerme esto y mucho más. Yasutaka, ahí vamos. Objetivo, el de siempre: sexo y naves espaciales. Es más, ¿puedo pedir el máximo? ¿Sexo en naves espaciales? Tengo que intentarlo.

El libro (publicado por Atalanta) nos ofrece seis cuentos de Yasutaka Tsutsui (polifacético y prolífico escritor de ciencia ficción japo que ha probado también con el cine, el manga y demás artes, al parecer): El bonsái Dabadaba, Rumores sobre mí, El límite de la felicidad, El mundo se inclina, El último fumador y el que da nombre al libro. Son historias disfrazadas de ciencia ficción pero que trazan un relato crítico sobre nuestro tiempo. No se plantean respuestas, solamente se nos propone ver las cosas desde otro punto de vista.




En El bonsái Dabadaba nos encontramos con un arbolito que provoca sueños eróticos a aquellas personas que duermen junto a él, lo que obliga a elegir entre el sexo real o el soñado. Rumores sobre mí, de 1974, habla de la telerrealidad prácticamente antes de que existiera, y de cómo la media tiene el incontrolable poder de centrar la atención de la masa sobre cualquier evento o persona sin importar las consecuencias. El límite de la felicidad –probablemente el que más me ha gustado en fondo y sobretodo en forma- parodia de una forma un tanto sórdida los planes vacacionales de todos nosotros, ilustre clase media. El mundo se inclina, haciendo alarde de una desconcertante misoginia (imagino que hecho a propósito, pero ignoro los motivos), trata sobre la inoperancia de los gobiernos… o sobre el desgobierno de los gobiernos mejor dicho… o directamente sobre la ignorancia y necedad de la gente en general, no sé bien. En El último fumador es fácil averiguar el argumento, y aunque data de 2002 y por lo tanto no podemos decir que sea original en su concepto, no deja de resultar divertido y acertado recordando aquello de “Cuando los nazis vinieron a llevarse a los comunistas, guardé silencio, porque yo no era comunista…”. Y ya por último, queda el cuento más extenso, el que da nombre al libro. Este sí es un cuento de pura ciencia ficción, en el que los protagonistas humanos han dado a parar al planeta Nudalia, planeta en el que ¡vaya por dios!, todos los animales y plantas son obscenos. Planteando un equilibrio entre especies totalmente absurdo (todas son herbívoras y se dedican a copular unas con otras) sólo apto para guarrillos. Explorar ese país, como os podéis imaginar, no debe ser tarea fácil.

Terminado el libro, no sé si estos cuentos son muy pangeicos o no, la verdad. Cualquiera diría que son ni más ni menos que cuentos o fábulas, con moraleja o sin ella, que nos retratan y ridiculizan para hacernos reflexionar, o simplemente para entretenernos un buen rato. Bien hecho, Yasutaka, con eso basta.

Sexo: Bien, hombre, bien! Hasta los cocodrilos te pueden violar en el planeta Nudalia. Aunque por mucha ciencia ficción que haya, siempre acabamos prefiriendo a la vecina de en frente; que también cae, por cierto.
Naves espaciales: Estrictamente… no. Claro que una base humana en otro planeta, creo que vale también. 

2 comentarios:

Ricardo Olivares dijo...

Me llamo mucho la atención, los libros sobre "sexo" y/o referentes, siempre son considerados tabú

srcocodrilo dijo...

Hola Ricardo,

por eso nos gustan los libros que hablan abiertamente sobre sexo, porque en la oficina no se puede hablar del tema con los compañeros de trabajo.

Ojo, no confundir ni con porno (machista y fantástico) ni con novela erótica (fantástica e infantil).

Si aparte, hay naves espaciales, ya sabes que estás leyendo una obra maestra...