Allá por 2013, miles de lectores compraron el libro ignorantes de la trampa que se había preparado. Todas las señales apuntaban en una misma dirección. El Babelia y otras publicaciones literarias y culturales lo recomendaban, las escasas emisiones de radio y televisión que hablan de libros se hacían eco, las librerías lo ponían en primera fila, Alfaguara lo consideraba su publicación extranjera de la temporada, en Francia le habían concedido premios serios (el premio Goncourt de jóvenes escritores y el premio de novela de la Academia francesa) y la portada del libro mostraba un cuadro de Hopper taaaan evocador… De poco sirvió que algunas publicaciones como el ABC advirtieran de la trampa, o que la blogosfera (en 2013 todavía existía la palabra blogosfera) avisara. La verdad sobre el caso Harry Quebert engañó a miles de lectores indefensos.
Millones de ejemplares vendidos en todo el mundo. Rumores acerca de una cifra exorbitante pagada por Penguin para hacerse con los derechos y distribuirla en el mercado sajón. Comparaciones con Nabokov y Roth. Todo esto hace que las expectativas suban muy alto. Sobra decir que tras subir tan alto, la caída duele.
Pero, ¿si todo esto pasó en 2013 por qué, entonces, escribir sobre este tema ahora?
Para no olvidar. Para prevenir.
Y ahora precaución, spoilers.

