jueves, febrero 05, 2009

Levantino

Discutía hace unos días con una buena amiga de mi compañera de piso sobre un tema que no por haberlo tratado ya veces deja de fomentar discusiones y malentendidos por todas partes. Mi posición respecto al tema en cuestión es conocida por todos vosotros, y por ello al escribir este texto lo único que haré será repetirme (una vez más), pero la idea lleva rondándome la cabeza casi una semana ya y necesito darle salida.

El único rasgo de la chica que pueda interesar para este relato es que es mallorquina de nacimiento, y a pesar de haber vivido algunos años fuera de la isla, en ella no han desaparecido las marcas de su tierra; recuerda con emoción sus años en la península pero pertenece a la isla.

Centrándome en el tema, decir que estábamos hablando (como no) de nacionalismo y más concretamente sobre el hecho de que su sistema educativo (el de Baleares) les enseña catalán, y para aprobarlo han de pasar un examen oral en el que no se les permite emplear su acento mallorquín, por considerarlo contrario a la norma, la catalana. Me mantuve callado (varias personas debatían) hasta que no pude reprimirme más y afirmé: "el único problema que tenéis es que los políticos utilizan vuestras identidades culturales en beneficio propio y en contra vuestra, llevándoos al extremo de considerar que vuestro acento es incorrecto." Ella por su parte ni me escuchó ni me quiso comprender, ya que protestó indignada alegando que nosotros (los españoles) siempre decimos lo mismo, y que por qué tenía que decir yo que tenían un problema por hablar catalán. Afortunadamente no sólo yo salí en mi defensa, sino que mi compañera de piso acudió en mi ayuda con prontitud: "¡¡¡no ha (he) dicho eso!!!", y por supuesto yo (como siempre) me calenté y me excedí al continuar: "Si no quieres escuchar no escuches, pero no pongas en mi boca lo que no he dicho. Si no quieres hablar del tema, pues sigue confundida como estás y todos contentos" acompañándome, como no, de gestos elocuentes de mis brazos.

Habría que añadir como explicación, que ambos habíamos bebido lo suficiente para que nuestro vocabulario y nuestros gestos no estuvieran limitados por nuestra cordura, y que probablemente (seguramente) las palabras aquí impresas no responden literalmente a lo dicho, si bien tampoco difieren en exceso. Obviando quién estaba más cerca de la verdad y que yo soy incapaz de debatir sin que la sangre me hierva, aquí quisiera limitarme a exponer la idea que latía en mi cabeza mientras mi boca tan solo fue capaz de atacar y herir sentimientos ajenos.

No pocas veces he dicho que me siento orgulloso de la diversidad cultural de España, y cómo distintas culturas han convivido durante siglos sin canibalizarse (que no sin mezclarse). Es más, no tengo ninguna duda de que ahí radica la mayor riqueza de España, uno de los estados de la unión europea (así, a bote pronto y sin pensar en el resto) que más lenguas oficiales tiene.

Tampoco me he quedado corto al repetir a quien me haya querido escuchar, que aborrezco profundamente el uso político que los partidos hacen de estos rasgos culturales, y principalmente del idioma y la bandera. Personalmente, pienso que para lo único que sirven las banderas es para que los niños aprendan los colores. Entiendo (entendemos) que TODOS los partidos políticos españoles han jugado con ellas, y con los idiomas, y con los himnos, y con los bailes, y con lo que sea para obtener unos votos que no han sabido ganar explicando políticas económicas y sociales que probablemente, no tienen. Por ahí iba mi cabeza cuando ya protestaban contra mis palabras.


En el caso del Levante español, resulta curioso que los idiomas de cada región se llamen como las mismas: catalán, valenciano y mallorquín. En este punto he de añadir que desconozco absolutamente las diferencias o similitudes entre las tres variantes. No sé si son tres idiomas distintos o tres hablas de un mismo idioma, y aunque sospecho que los tiros van por lo segundo, no necesito esta respuesta para continuar con mi discurso. ¿Cómo pueden decirle las autoridades educativas baleares a una persona que habla mallorquín de nacimiento, que su pronunciación no es la adecuada y es más, es incorrecta? ¿Acaso alguno de nosotros se imagina suspendiendo un examen de lengua castellana por abusar de la melodía que le imprime a las oraciones el habla asturiana? Recalco que no estamos hablando de laísmos, o de incorrectos usos de los tiempos verbales, o de acabar todas las frases con un "cagun mi mantu oh" a la mallorquina, sino simplemente de fonética. A este nivel, el castellano de un sevillano es tan válido como el de un chaval de la pola, y a la RAE me remito. Que la administración te diga que tu pronunciación (y hablamos no de la de una persona, sino de la de una comunidad) es incorrecta porque no se corresponde con la que se habla en otra región (mar de por medio) es un disparate total.

Así que aprovecho este texto para lanzar una sugerencia que bien vendría a los estamentos administrativos de las tres CCAA que comparten lengua en el levante español: cámbienle el nombre a su lengua. No pierdan el tiempo discutiendo sobre si el valenciano es igual al catalán, solo que con algunas variaciones; ni tampoco con el debate sobre las diferencias entre el mallorquín y el catalán del sur de Tarragona; separar idiomas que son compatibles, simplemente porque el nombre que se le da en cada región hace mención a la misma (lo que causa el desprecio de esa lengua en las regiones restantes) resulta infantil. Así pues, propongo borrar los términos Catalán, Mallorquín y Valenciano y adoptar uno nuevo, diferente y unificador: el Levantino.

¡Se acabarán los problemas! Ya no se quejarán los valencianos por hablar catalán, ni los alicantinos por hablar valenciano, ni los ibicencos por hablar mallorquín; el nombre del idioma (qué disparate) ya no será una barrera, y pasaría de marcar fronteras a unir a tres CCAA en una lengua común. Y así daríamos un paso más hacia la separación de la variedad cultural española y la política, que uno se va haciendo mayor y empieza a impacientarse por la nula evolución de la sociedad.

6 comentarios:

Álvaro dijo...

Ahhhhh lenguas, Pablo tu sabes como tentarme...
El problema en cuestión no es moco de pavo, y sirve tanto para catalán/valenciano/mallorquín (con éste segundo realmente hubo polémica, yo no sabía si en el caso del mallorquín había tantos problemas) como para castellano septentrional/meridional/españoles de latinoamérica y casi cualquier lengua del mundo, excepto quizás el esperanto.

En todos los casos la lengua oral precede a la escrita. En el caso de la España medieval, en algún momento todos los reínos/condados/cosas empezaron con latín vulgar como lengua oral y latín clásico como lengua "oficial", entendiendo como tal la de los escritos del gobierno, la cultura y la iglesia.
Con el tiempo el latín vulgar de cada zona mutó y mutó en bestias particulares. El latín clásico, con sus declinaciones y hostias en vinagre, seguía en los códices y leyes, aunque se empiezan a encontrar textos en romance (más o menos similares a los que tenemos hoy en día).
En algún momento se decide que el romance pase a ser el idioma oficial del reino, aunque los curas a menudo siguen a los suyo ;-). El problema, pues, es que los hablantes no siguen una norma culta para decidir qué hablan: ni en el caso del latín clásico, que les suena a chino y chino viejo, además; ni cuando se oficializa un romance, por la sencilla razón de que éste lleva ya unos cientos de años de existencia y evolución y puede haber divergido ya en las distintas regiones.

¿Qué se suele hacer en estos casos? Se establece una norma culta. En principio esta norma tiene el objetivo de que los textos escritos sean homogéneos, independientemente de los dialectos de la lengua que se hablen. Esto funciona muy bien cuando la mayoría de la población es analfabeta: cada uno habla lo que quiere y sólo la clase alta tiene acceso a dicha norma. El habla de esta clase suele verse "arrastrada" hacia la norma culta, lo que crea una distinción más entre la manera "buena" de hablar y la "aldeana". Pero no pasa nada, a fin de cuentas es sólo una diferencia más entre los malnutridos y los obesos, los zarrapastrosos y los bien vestidos, los perfumados y los de las uñas negras... acercarse a la norma escrita o al dialecto local es sólo una diferencia más.
Cuando la población se alfabetiza es cuando surge un problema. Hay una distancia grande entre la norma escrita y lo que habla uno. O sea, estamos esencialmente en el mismo problema de latín culto escrito/romance hablado. Con algunas diferencias, claro. En primer lugar, generalmente las diferencias son menores: los dialectos de determinado romance son más o menos inteligibles entre sí. En segundo lugar, el latín clásico como norma culta es, digamos, ajeno a los hablantes: no hablan algo más cercano a esa lengua los de Barcelona, Cádiz, Gijón o Valladolid, en ese sentido todos somos aldeanos. Con las normas del romance se suele escoger una variedad como base de la norma por razones extralingüísticas: número de hablantes, importancia política de una zona, procedencia de la corte, prestigio cultural de una manifestación artística propia de un lugar, antigüedad del dialecto... vamos, que no siempre se hace una norma de consenso. Ahí hay un problema novedoso: parece que los de una región pasan a hablar "bien" y las de alrededor pasan a hablar "mal", a pesar de que la situación de los hablantes es, en principio, la misma.

Con estas situaciones hay varias salidas, te comento hasta donde yo sé -y valoro- algunas distintas que se han dado en España.
-Con el castellano, el más extenso, prestigioso y variado, la norma se basa en el castellano septentrional desde pronto (la gramática de Nebrija es como de 1400 y muchos, la RAE creo que es de 1700 u 800), quitando algunos inventos más tardíos como el laísmo. Cada uno habla lo que habla, pero los hablantes generalmente se identifican el modelo escrito estándar, a veces muy distinto a su registro hablado. Es una situación curiosa pero que se mantiene en equilibrio.
-Con el vasco y el asturiano, la normalización es muy tardía (del siglo XX) y la lengua está muy fragmentada: quizás no más que el castellano, pero sí en un territorio mucho más reducido y una menor población. A esto se le suma una diglosia con el castellano, una fuerte inmigración no nativa, oposición ciudad/campo... En ambos casos se decide crear una norma culta basada en un dialecto. En el caso del asturiano, en el de la zona centro y de las cuencas del Nalón y el Caudal, por número de hablantes y -en menor medida- por tradición literaria. En el caso vasco creo que pesó algo más el segundo factor, aunque no me voy a mojar. Tampoco sé si ellos siguen la misma opción de la ALLA: aunque hay un estandar basado en el dialecto central, en la gramática y en el diccionario también se recogen las variaciones orientales y occidentales, para quien las quiera usar. En este caso es una cuestión de decidir cual usar: por ejemplo, un documento gubernamental o un manual debería de ir en el estándar, que se enseña como base en las escuelas; novela, poesía, escritos literarios pueden ir en el que le de la gana a uno, o una mezcla de los mismos; los ciudadanos se pueden comunicar con el estado en el asturiano que quieran; los programas de divulgación, los noticiarios, generalmente en estándar; algo así. Y lo ideal sería que además del estándar se expliquen las variaciones que hay, para que todos las puedan reconocer y para que los nativos de las mismas puedan decidir usarlas con corrección.
-En el caso catalán se mezclan las razones políticas peligrosamente.
Los lingüistas suelen hablar de varios dialectos que se dividen en dos bloques, occidental (Valencia y Lérida) y oriental (Cataluña costera y Baleares). La norma creo que está basada en el oriental. Los problemas son varios:
a)En Valencia, hay tradición de llamar a su idioma valenciano. Hay tradición literaria abundante, en algunos casos mayor que en el resto de territorios.
b)En Valencia, nuevamente, hay gobiernos no nacionalistas al contrario que en Cataluña. Hay tendencias nacionalistas catalanas de ideas "expansionistas", o que al menos pueden pasar como tales. El famoso rollo de los Países Catalanes, que para algunos es como hablar de la Francofonía o la Hispanidad, y para otros es un nuevo nacionalismo centralista, mismo perro y distinto collar. Con estos dos puntos tampoco es de extañar que surga una mayor tendencia a resaltar las características propias de la lengüa.
c)El caso más extremo de este caso, surge una tendencia que defiende que el valenciano no es un dialecto del catalán, sino una lengua derivada del antiguo mozárabe del reíno de Valencia. Esto, sin necesidad de ser lingüista, tiene tanto sentido como decir que el español de Andalucía no es español sino mozárabe moderno. Hay que tener mucha fe para pensar que dos idiomas evolucionan bajo reinos distintos durante 4 siglos para dar lugar a lenguas tan parecidas. La navaja de Ockam, el impacto de la expulsión de los moriscos en Valencia y el sentido común dicen que, al igual que pasó en el resto de la península, el valenciano llegó desde el norte y por tanto pertenece a la familia catalana.
d)En Baleares, hasta donde yo sé, puede pasar algo similar pero en principio no llegó la sangre al río. Quizás porque se parece más a la norma, porque recuerda a un catalán más arcaico o porque a estas alturas alle sprächen Deutsch schon.

En cualquier caso, tampoco parece que el caso del catalán, ligüísticamente, sea muy distinto a los anteriores, y desde luego parece que el problema es más de raíz política que otra cosa. Ahí te doy la razón.
¿Cómo debería de ser la solución? En mi opinión, y como ya he comentado, enseñar una norma común no implica negar o ignorar las variedades locales. De hecho es contraproducente, porque provoca reacciones adversas incluso al hecho de tener una norma común, y eso es algo muy útil. Desde luego, lo del examen oral es aberrante. La norma es fundamentalmente para escribir, y que recomiende una variedad como estándar no quiere decir que no recoja y respete el resto de variedades. En un examen escrito puede pedirse que se escriba en el estándar, pedirlo por principio para todo me parece excesivo, y imponerlo en el habla es confundir churras y merinas.

Por poner un ejemplo, en asturiano la norma dice que el equivalente de "les" es "-yos", que usa mi padre (de Noreña). No obstante, también recoge "-ys" como variedad occidental, y mi madre, que es de Grau, lo usa. Según la norma de la ALLA ambos son correctos a la hora de escribir mientras se respeten los registros y se haga un uso racional de los mismos, mucho más al hablar. Eso me parece bastante más útil.

srcocodrilo dijo...

Me parece que tú has escrito el post y yo el comentario, Álvaro.

¡Vuelve a tus posts semanales!

Morvader dijo...

Un post sobre la oficialidad de las lenguas, nacionalismos, exámenes, el Sr. Cocodrilo hasta el culo de pacharán increpando gratuitamente a una pobre muchacha y BJ no tiene nada que decir???.

Y Avalon, después de hacer una lectura concienzudamente aleatoria de tu comentario he llegado a la conclusión de que no me gusta nada tu pro-anti oficialidad.
¿Qué te ha llevado a esa neutralidad?.Tú antes molabas tío...

Álvaro dijo...

Lo jodido de el formato este tan estrecho, Moro, es que aunque intentes leerte un forro como mi comentario en diagonal, acabas leyendo una palabra de cada cinco. Excesivo a todas luces.

uosdwiS .r dewoH dijo...

"...impacientarse por la nula evolución de la sociedad..." Hay que empezar a asumir que no veremos ningún cambio para bien en mucho tiempo.

Está ya muy desarrollado el tema, pero de todos modos no está de más que suelte mi propaganda. Mi opinión sobre estos asunto parte del concepto de que el lenguaje es un sistema de comunicación ideado para entenderse. Me la suda si es bonito, feo, o si un manco al que su mujer le pedía cosas que no vienen al caso escribió en una u otra lengua o con una u otra mano. Mientras sea suficientemente sofisticado y complejo para utilizarlo con las necesidades actuales y aceptado por las partes que intervienen en la comunicación es suficiente.

Es más, si en dos generaciones el mundo entero habla en un sólo idioma, mejor. Dos porque una sería necesaria para traducir todo aquello de interés al idioma universal y engendrar y educar seres bilingües, y otra para abandonar la lengua nativa quedando sólo el idioma elegido, ya sea Esperanto, Klingon, Inglés, Chino, o Aranés.

A partir de ahí podeis derivar mi razonamiento a todos los campos de batalla del debate, incluído el político. Y por supueste, el acento, si no interfiere en el resultado de la comunicación nos lleva a una discusión estéril.

Cuánto mal ha hecho el Romanticismo a la humanidad!!!

Andre dijo...

Pablo,

Hablando de lenguas, ver cuándo posteas la recopilación de pifias en inglés, que todavía me acordé el otro día de alguna frase y me reía yo sola...