En un pequeño pueblo al norte de Louisiana, un grupo de sureños ven perturba
da la paz en su pequeño pueblo por la llegada de un vampiro, Bill Compton (vaya nombre para un vampiro, os diréis). Mientras, la American Vampire League prosigue su cruzada en favor de la integración de ésta "variante humana" luchando contra la discriminación (que ya está penada en algunos estados, como el mismo Louisiana). El asunto merece más explicación, de acuerdo: el descubrimiento en Japón de una sangre sintética (llamada, claro está, Trueblood) que se comienza a vender en los bares cual Voll-Damm en la xarana, hace que los vampiros ya no tengan la necesidad de cazar humanos para alimentarse y puedan "salir del ataud".Los personajes: Bill Compton, el vampiro guaperas que lucha contra sus instintos salvajes; Sookie Stackhouse, una camarera telépata destinada a vivir más aventuras que las que le reservaba un pueblo sureño de mala muerte; su hermano Jason, un atractivo jovenzuelo al que le encanta el sexo, las drogas y por supuesto combinar ambas cosas; Tara Thornton, la amiga negra de Sookie que tiene que lidiar con su madre alcohólica, además de con ser negra y de clase social baja en un sitio en el para muchos la Confederación debió ganar la guerra de Secesión; Sam Merlotte, el dueño del bar en el que trabaja Sookie, que parece un tipo normal (pero no lo es); y por establecer una línea entre personajes principales y secundarios terminaría con Lafayette Reynolds, un cocinero negro y homosexual (toma ya) con una personalidad (y supongo que algunas otras cosas) arrolladora.
Con estos ingredientes Alan Ball ha cocinado una serie en la que se trata el racismo, la discriminación, la integración, el miedo a lo desconocido, la hipocresía, en resumen, una visión de la sociedad americana en el Deep South digna de ver. Y sí, todo eso condimentado con vampiros, poderes sobrenaturales e historias de trágicas muertes y vidas truncadas. Aunque mucha gente se queja de que la serie es "morbosa y vulgar" en comparación con los libros (y no les falta razón pero eso es un punto a favor y no en contra en este caso), sin haber leído éstos ni tener intención de hacerlo me da la sensación de que los lectores esperaban una especie de Crepúsculo. Pero basta con ver la canción de presentación (Bad Things, de Jace Everett) para desechar por completo esa idea.
Reclamo para los más frikis: Sookie Stackhouse es Anna Paquin, la mi

smísima pícara.Por cierto, gracias por los últimos post musicales, me han servido para actualizar el repertorio. De momento me estoy centrando en los productos nacionales, por hacer caso al ministro Sebastián. Eso sí, mi valoración es mucho más simple que las vuestras: el disco del Sr. Chinarro me encanta, el de Raemon me gusta, el de vetusta morla tengo ganas de oirlo y el resto bueno ya os imaginais lo que me parecen. Por aportar algo en este sentido os diré que podéis probar con Marco Fernández, bastante movidito y más de mi estilo (aunque no sé si del vuestro).
Ale, a cuidarse.



























